Amor sin diagnóstico

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Al llegar a casa, los padres de Jimin intentaron acorralarlo en la sala para sacarle información sobre lo que había sucedido en la sesión. El peli-rosa simplemente los ignoró, caminó directo a su dormitorio, cerró la puerta con seguro y, dejándose caer sobre la suave cama, pensó en lo intensa que había sido la tarde.

Aún tembloroso, se tocaba los labios con nerviosismo al recordar lo bien que se sintió el beso junto a Jungkook, el increíble sabor de su boca y, sobre todo, la forma en que su cuerpo había reaccionado instintivamente al sentir la entrepierna del pelinegro sobre la suya. Era algo tan nuevo, confuso y a la vez excitante. Ese beso era sin duda el mejor que había recibido en toda su vida, porque nacía de una atracción real y ansiosa.

Sintiendo el calor subir por sus mejillas, intentó calmar sus pensamientos explorando sus redes sociales. Hace unos meses se había creado una cuenta de Instagram en secreto, solo para mirar cómo el mundo vivía una vida normal, una realidad fuera de su alcance que parecía un sueño imposible. De pronto, Jimin mordió su labio cuando la plataforma le mostró una sugerencia para seguir a cierto psicólogo de cabellera oscura.

@Jeon-Jungkook_01 🐰

Las fotos que compartía eran junto a sus colegas de la clínica, sus mascotas, sus entrenamientos de boxeo y algunas de él solo. Una en particular le robó el aliento: Jungkook sin camisa, con los músculos bien definidos, tatuajes cubriéndole el brazo derecho, el tentador piercing en el labio y unos cuantos más en las orejas y la ceja. Ese atractivo lo volvía completamente loco, pero no era solo lo físico lo que le atraía, sino la paz y el refugio que encontraba cada vez que estaba a su lado.

Sus dedos se deslizaron por la pantalla y, por un descuido, tocó el maldito corazón en la imagen. Aunque se apresuró a quitarlo de inmediato, el pánico lo invadió al saber que a Jungkook le llegaría la notificación y sabría que lo estaba acosando.

Negándose a caer en la angustia, decidió marcar el número de su hermano mayor, Park Seokjin. Hacía meses que no hablaban. Jin se había ido de casa años atrás tras desafiar a sus padres para seguir sus sueños; había sido mucho más valiente que el propio Jimin.

—Oh, Jimin-ah. Qué sorpresa que me llames —dijo Jin al contestar—. Mi pequeño hermanito, ¿cómo va todo por allá?

—De lo peor, Jinnie. Han sido días muy intensos.

—¿Te hicieron algo mamá y papá?

—Y-Yo les confesé que… soy gay —se le quebró la voz al peli-rosa—. Es como cuando les dije que quería ser bailarín; solo recibí su desprecio.

—Me hubiese gustado estar ahí para callarles la boca a esos idiotas —suspiró Jin con frustración—. Te está pasando lo mismo que a mí.

—¿A qué te refieres?

—Yo también soy gay, Jimin. Yo también tuve un sueño que ellos despreciaron.

—Oh, Jinnie… no lo sabía —murmuró sorprendido.

—Fue una de las razones principales por las que me fui. Ahí no era querido ni valorado, a excepción de ti.

Jimin observó la ventana mientras luchaba por calmar sus propias emociones.

—Y cuando te fuiste… ¿encontraste la felicidad que buscabas?

La respiración de Jin se volvió temblorosa al recordar el pasado.

—Al principio fue muy difícil. Estaba solo y sin dinero. Hasta que un día me topé con un hombre llamado Kim Namjoon. Él me dio refugio y empleo en su empresa.

—¿En serio?

—Cuando ahorré con mis primeros sueldos, ingresé al Instituto de Gastronomía. Mi pasión por la cocina fue más fuerte que todo. Y el día de mi graduación, Namjoon me propuso matrimonio. ¿Puedes creerlo?

—Vaya… no me lo esperaba.

—Yo le dije que estaba loco, pero me dijo que no le importaba nada con tal de estar conmigo. Yo lo amaba… lo amo con todo mi ser. Nos casamos y hace unos meses nos mudamos a Tokio para formar nuestra propia familia.

—Así que ya no estás en Corea… ¿Por qué no me lo dijiste antes?

—No me llamas muy seguido y… no tuve la valentía de buscarte. Me sentía un idiota por no haberte llevado conmigo y dejarte en ese infierno.

—No te sientas culpable, Jin. Más bien, necesito tu ayuda. Ya no sé qué hacer.

—Mamá y papá te llevaron con un psicólogo para “curarte”, ¿verdad?

—¿Cómo lo sabes si no te he dicho nada?

—Intentaron hacer lo mismo conmigo, Jimin.

—Solo que… mi supuesta cura se convirtió en mi mayor tentación —admitió el peli-rosa en un susurro—. Es tan guapo y me siento tan seguro con él.

—Vaya, ya conseguiste novio —rio Jin—. Espero que te cuide mucho.

—¡No es mi novio! Solo dije que es muy guapo.

—Solo procura que sea alguien que te valore de verdad.

—Jinnie…

—Debo colgar, Jimin. Recuerda: la felicidad ya está en tu vida, solo tienes que animarte a encontrarla.

La llamada terminó. Haber hablado con Jin lo llenó de una esperanza renovada. Tal vez algún día él también lograría ser libre.



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En el texto hay: bts, jikook, chico x chico

Editado: 05.08.2026

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