Al abrir la puerta del consultorio con emoción, el menor se frenó en seco al darse cuenta de que Jungkook no estaba solo. El pelinegro aún se encontraba atendiendo a la paciente de la cita anterior; una chica sumamente hermosa. Jimin observó en silencio desde el umbral cómo el mayor se despedía de ella con un trato cariñoso y cercano, como si se conocieran desde hacía ya mucho tiempo.
Una vez que la chica salió y la puerta se cerró, el aire en la habitación se volvió tenso y pesado. La atmósfera se llenó de celos por parte del peli-rosa. Jungkook notó de inmediato la inusual mirada fría y seria de Jimin, así como su postura rígida, lo que le sacó una sonrisa casi imperceptible.
—Pequeño, ¿estás celoso? —preguntó Jungkook con tono divertido.
Ciego por los celos y abrumado por la intensidad de la escena que había presenciado, el peli-rosa intentó darse la vuelta para irse de inmediato del consultorio. Estaba a punto de cruzar el umbral, pero el pelinegro reaccionó a tiempo y lo detuvo sujetándolo bruscamente del brazo.
—¿Por qué te sientes así? —le cuestionó Jungkook mirándolo fijamente a los ojos—. Si al final no somos nada como para que reacciones de esa manera.
Esas palabras parecieron tocar una fibra extremadamente sensible en Jimin, provocando que intentara escapar otra vez con más fuerza. Sin embargo, antes de que lograra zafarse de su agarre, Jungkook lo atrajo con firmeza hacia su cuerpo y lo envolvió en un abrazo protector para evitar que huyera.
—Te hice una pregunta, respóndeme —murmuró cerca de su oído.
El peli-rosa se quedó completamente congelado, incapaz de responder. En ese instante, mientras buscaba a dónde mirar, la vista del menor recayó sobre el escritorio del psicólogo. Encima del mueble descansaba una hoja de papel: un dibujo hecho a mano y sombreado con lápiz. En él aparecía Jimin sonriendo, retratado con un nivel de detalle hermoso que resaltaba la forma tan única en que sus ojos se curvaban en dos finas medias lunas al reír.
Ver ese pequeño gesto hizo que algo en el pecho del peli-rosa estallara de pura alegría e ilusión; un sentimiento cálido y bello que, hasta ahora, solo Jungkook había sido capaz de brindarle.
—Está muy bonito ese dibujo... —susurró Jimin con voz quebrada, sintiendo cómo un par de lágrimas rodaban por sus mejillas—. Gracias por tomarte el tiempo de hacerlo.
Tomó el dibujo entre sus manos con delicadeza y lo atrajo hacia su pecho, abrazándolo con profunda emotividad.
Jungkook limpió con suavidad las lágrimas en las mejillas de Jimin utilizando sus pulgares. Para disipar cualquier duda o inseguridad, lo atrajo aún más hacia sí y lo besó con ternura, recordándole con la calidez de sus labios aquel beso que se habían dado en la sesión anterior y dejándole claro que eso era la prueba de que el peli-rosa era muchísimo más importante para él que cualquier otra persona.
…
Ya más tranquilo, el pelinegro lo invitó a tomar asiento en la esquina del consultorio, donde estaban la alfombra y los cojines que a Jimin tanto le gustaban.
—Sabes, mis padres me dejaron ir solo esta vez —comentó el menor, rompiendo el silencio mientras se acomodaba.
—¿En serio? —preguntó Jungkook mirándolo con atención.
—Creen que estoy mejorando y cooperando en las sesiones —soltó Jimin con una sonrisa amarga—. Son unos idiotas al pensar que yo intentaría cambiar. Es como aquella vez que pensaron que yo estudiaría medicina solo porque no me permitieron cumplir mi sueño.
—¿A qué te refieres? Creo que eso no me lo has contado.
—Bueno... —suspire profundamente—. Hace unos años le dije a mis padres sobre mi sueño de convertirme en un bailarín profesional. Obviamente rechazaron la idea porque querían que ingresara a la facultad de medicina, pero cometieron un grave error al pensar que estudiaría esa carrera solo porque no me permitieron estudiar lo otro.
Jungkook lo tomó con gentileza de la mano, brindándole consuelo en silencio.
—Ellos rechazaron mi pasión y aplastaron mis ilusiones —continuó Jimin, dejando escapar un sollozo libremente—. No quisieron verme feliz y destrozaron mi más grande sueño. Solo les importaba guardar las apariencias y no tener un hijo que bailara y se dedicara a perder el tiempo en esa estupidez.
Al escucharlo, el pelinegro sintió un chispazo de enojo e indignación hacia los padres de Jimin. Aunque por un segundo le costó mantener la compostura profesional ante semejante injusticia, contuvo la molestia y se enfocó por completo en validar los sentimientos del menor.
Atrajo al peli-rosa con cuidado hasta acunarlo en su regazo y comenzó a susurrarle palabras cariñosas al oído mientras acariciaba su cabello, demostrándole que él sí creía en su talento, en su valor y en cada uno de sus sueños.
Nota de autora: ¡MI CORAZÓN NO PUEDE CON TANTO! 💔😭 AAAAAH, pasamos del ataque de celos de Jimin y el regalo del dibujo a un momento súper íntimo y sanador. 🎨 los celos de Jimin son lo más tierno del mundo, pero ver a Jungkook abrazándolo en su regazo después de escuchar lo de la danza me destruyó. 🥺🐰✨
¿Qué opinan de esta faceta tan protectora del doctor Jeon? ¡Déjenme sus teorías y comentarios abajo, los leo a todos con mucho amor!