Amor sin diagnóstico

21

Al salir del consultorio, la atmósfera cambió por completo: ya no eran “psicólogo” y “paciente” dentro de cuatro paredes, sino dos personas listas para compartir el fin de semana juntos.

Caminaron tomados de la mano hacia la cochera del edificio. Hacía unas semanas, el pelinegro se había comprado una motocicleta de último modelo, la cual utilizaba para movilizarse.

Apenas llegaron hacia donde estaba estacionado el vehículo, Jungkook se colocó el casco y se sentó sobre el acolchado asiento de la moto mientras le hacía señas a Jimin para que también se subiera. El menor, que lo observaba atentamente, no pudo evitar morderse el labio inferior ante el natural encanto y la belleza del mayor.

Jungkook vestía una playera blanca que marcaba lo suficiente sus músculos bien trabajados y dejaba al descubierto su tatuado brazo derecho, una camisa de manga corta desabotonada del mismo color, unos jeans anchos de color negro y unas botas con plataforma de un tono más oscuro que el pantalón. Era un look estratégicamente armado para provocar ese tipo de reacción en el más pequeño.

—¿Qué pasa, pequeño?... ¿Acaso te gusta lo que ves? —preguntó Jungkook con una sonrisa burlona.

Esa voz sumamente magnética pareció hacerlo reaccionar, porque en el instante en que terminó la pregunta, las mejillas de Jimin se tiñeron de un rosa vivo. Desvió la mirada al suelo y formó un puchero en sus labios al haber sido atrapado mirando de más. Se veía tan adorable con las mejillas sonrojadas y la mirada nerviosa que hizo que el pelinegro se derritiera de ternura por dentro.

Con timidez, el peli-rosa se acercó y subió con lentitud a la motocicleta. Abrazó la cintura de Jungkook con sus manos temblorosas y apoyó su cabeza sobre la firme espalda del contrario; el corazón del menor latía a mil por segundo. La velocidad acelerada de los latidos de Jimin hizo que el corazón de Jungkook también se desbocara. El doctor sintió sus propias mejillas arder y por un momento se cuestionó lo rápido que Jimin causaba esa clase de efecto en él. Era inusual que el pelinegro se sintiera así de nervioso por la simple cercanía de alguien.

Soltando un suave suspiro, encendió el motor y emprendieron camino hacia el centro de la ciudad, dejando atrás el edificio médico y dando inicio oficial a su aventura.

—¿De qué sabor quieres tu helado, pequeño? —preguntó Jungkook al llegar a su primera parada: una acogedora heladería cerca del centro.

—Chocolate y pistacho, por favor —respondió Jimin con los ojos brillándole de ilusión mientras observaba el mostrador de sabores.

Jungkook pidió los conos para ambos y, mientras caminaban disfrutando de sus helados, se adentraron en un concurrido centro comercial. Entre risas y miradas cómplices, entraron a una tienda de ropa para el hogar. Fue allí donde Jimin se detuvo frente a un perchero y dejó escapar un jadeo de emoción.

—¡Jungkook, mira esto! —exclamó señalando dos conjuntos mullidos—. ¡Tienes que comprarlas!

Eran dos pijamas enteras de peluche diseñadas para parejas: una de un tierno pollito amarillo para Jimin y otra de un conejito suave para Jungkook.

—¿De verdad quieres que me ponga una pijama de conejito? —se burló el pelinegro, alzando una ceja con diversión.

—¡Te vas a ver adorable! Además, combina perfecto con nosotros —insistió Jimin haciendo un puchero irresistible—. Por favor...

—Está bien, tú ganas —cedió Jungkook riendo, completamente incapaz de negarle nada a esa carita.

Tras pagar las pijamas y pasar por un supermercado para comprar palomitas, golosinas y bebidas para su noche de películas, volvieron a la motocicleta y se dirigieron al edificio residencial de Jungkook.

Al cruzar la puerta del departamento, Jimin se quedó congelado en el recibidor, fascinado. El lugar era amplio, moderno y decorado con tonos cálidos, pero lo que más llamó su atención fue la enorme estantería llena de discos de vinilo, instrumentos musicales y un par de bocetos enmarcados. Era un espacio repleto de alma y personalidad; la verdadera esencia de Jungkook que nadie más conocía.

—Bienvenido a mi casa, Jimin —dijo Jungkook, dejando las bolsas sobre la barra de la cocina y quitándose las botas—. Siéntete cómodo.

—Es hermoso, Jungkook... —susurró el peli-rosa caminando despacio por la estancia y rozando con curiosidad la portada de un vinilo—. Se siente tan... tú. Mucho más real que la elegancia fría del consultorio.

Jungkook sonrió con calidez desde la cocina, observando a Jimin adueñarse de su espacio personal.

—Este es el único lugar donde puedo ser yo mismo sin máscaras —confesó el pelinegro mirándolo a los ojos—. Y ahora que estás aquí, se siente completo.

Nota de autora: ¡ME VOY A DESMAYAR DE TANTA TERNURA! 😭💔 AAAAAAH, pasamos del Jungkook súper sexi en la motocicleta al momento más tierno del mundo comprando las pijamas de pollito y conejito. 🐥🐰✨

Ver a Jimin conociendo el departamento y el espacio más íntimo de Jungkook me llena el corazón de emoción... ¡Oficialmente arranca la noche de películas y la pijamada a solas! 👀🔥

¿Se pondrán las pijamas de parejita para ver las películas? ¡Déjenme sus teorías y comentarios abajo!

📌 ¡No olviden seguir mi perfil de autora para no perderse el Capítulo 22 y dejar su estrellita/corazoncito si les gustó! ¡Los amo muchíiisimo! ✨🖤



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En el texto hay: bts, jikook, chico x chico

Editado: 24.08.2026

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