El tiempo dentro del departamento transcurrió con una tranquilidad hermosa. Entre las bromas de Jungkook por la pijama de pollito, las risas de Jimin y las charlas sin prisa sobre sus gustos musicales, la mañana se fue volando en un abrir y cerrar de ojos. Cuando la aguja del reloj marcó pasada la una de la tarde, el estómago del menor soltó un leve crujido que hizo sonreír al pelinegro.
—Creo que alguien ya tiene hambre —bromeó Jungkook, poniéndose de pie—. Vamos a arreglarnos, pequeño. Quiero llevarte a almorzar a un lugar bonito.
Jimin no protestó. Se cambió de ropa emocionado mientras Jungkook usaba un traje casual impecable que resaltaba su elegancia natural. Tomaron la motocicleta y recorrieron las concurridas calles de la ciudad hasta detenerse en uno de los distritos más exclusivos de Seúl. El destino era un restaurante de lujo ubicado en la parte alta de un edificio con enormes ventanales que ofrecían una vista preciosa de la ciudad.
El ambiente del lugar era sumamente acogedor: luces cálidas, mesas vestidas con manteles blancos impecables y una suave melodía de piano sonando de fondo. Un mesero los guio hacia una mesa reservada cerca del ventanal.
Jimin observaba todo a su alrededor con los ojos brillantes. Hacía mucho tiempo que no salía a un lugar así sin sentir la mirada helada y juzgadora de sus padres sobre sus hombros. Con Jungkook a su lado, todo se sentía distinto, libre y ligero.
Pidieron sus platillos y, mientras esperaban que sirvieran la comida, la conversación fluyó de la manera más dulce. Jungkook no dejaba de admirar los gestos del menor, disfrutando de cómo las mejillas de Jimin se abultaban cuando sonreía.
De pronto, el ambiente en la mesa se volvió un poco más íntimo. Jungkook extendió su mano por encima del mantel blanco y buscó la mano de Jimin, acariciando el dorso de sus dedos con delicadeza. El peli-rosa detuvo su charla y lo miró fijamente, sintiendo cómo el corazón le daba un vuelco.
—Jimin... he estado pensando mucho en todo lo que conversamos esta mañana mientras estábamos en la cama —comenzó a decir el mayor, bajando la voz a un tono suave y profundo—. Y quiero hacer las cosas bien contigo. Quiero pedirte permiso formalmente para poder cortejarte. Quiero llevarte a citas bonitas, conocer más de tu mundo, cuidarte y, justo como dijiste tú, ir construyendo el camino para convertirnos en pareja en el futuro. ¿Me dejarías intentarlo?
Jimin sintió que el aliento se le escapaba del pecho. Las palabras de Jungkook eran tan sinceras y respetuosas que una calidez enorme le inundó el alma. Sin pensarlo dos veces y movido por una emoción pura, el peli-rosa se incorporó un poco sobre la mesa, sujetó suavemente el rostro del pelinegro con ambas manos y unió sus labios con los de Jungkook en un beso profundo, tierno y lleno de amor.
Fue un beso lento, cargado de todas las cosas que no habían podido decirse en el consultorio.
A su alrededor, la reacción de la gente no se hizo esperar. En algunas mesas cercanas, un par de parejas jóvenes sonrieron enternecidas y soltaron un pequeño aplauso espontáneo ante el lindo momento que acababan de presenciar. Sin embargo, no todos reaccionaron igual. Algunas personas mayores en mesas contiguas los miraron con el ceño fruncido y comenzaron a murmurar entre ellos con desagrado, pues en Corea del Sur este tipo de afecto público entre dos hombres sigue siendo un tema sumamente tabú para la sociedad tradicional.
Pero a ellos dos no les importó en absoluto.
Al separarse del beso, Jimin mantenía las mejillas sonrojadas y una sonrisa boba en los labios. Pero justo cuando Jungkook iba a acariciarle la mejilla, una voz masculina, llena de una mezcla de shock y sorpresa, resonó a un par de metros de su mesa.
—¿Jimin? ¿En serio eres tú? ¿Qué haces aquí?
El peli-rosa se congeló en su sitio. Conocía esa voz perfectamente. Levantó la vista de golpe y sus ojos se abrieron como platos. Parado frente a su mesa, vistiendo un abrigo elegante y con la boca ligeramente abierta por la impresión, estaba Park Seokjin, su hermano mayor. Y a su lado, sujetándolo del brazo con la misma expresión de asombro, se encontraba su esposo, Kim Namjoon.
—¿J-Jin hyung?... —alcanzó a articular Jimin poniéndose de pie de inmediato, sintiendo que la voz se le atrapaba en la garganta—. ¿Qué haces en Seúl? ¡Se suponía que estabas viviendo en Tokio con Namjoon hyung!
Por su parte, Jungkook frunció el ceño extrañado ante los nombres y miró al hombre alto que acompañaba a Seokjin. Su rostro cambió de la confusión a la absoluta sorpresa en un segundo.
—¿Namjoon hyung? —exclamó Jungkook totalmente descolocado, mirando a su primo mayor—. ¿Tú qué haces aquí? Un momento... ¿tu esposo es el hermano mayor de mi Jimin?
—¿"Tu Jimin"? ¿Cómo que "tu Jimin"? —interrumpió Seokjin, cruzándose de brazos y mirando a su hermano menor y luego al psicólogo con los ojos bien abiertos—. ¡Exijo que alguien me explique qué está pasando aquí! ¿Y de dónde conoces tú al primo de Namjoon?
El cruce de miradas en la mesa se convirtió en un caos completo. Ninguno de los cuatro podía salir del asombro ante semejante e increíble coincidencia que los acababa de reunir en medio de ese restaurante.
Nota de autora: ¡EL MUNDO ES UN PAÑUELO TOTAL! 😱🔥 AAAAAAH, ¡no puedo con esta coincidencia!