Amor sin diagnóstico

28

Las horas transcurrieron entre risas compartidas, anécdotas del viaje a Tokio y conversaciones sobre el futuro que hicieron que el tiempo se desvaneciera sin que se dieran cuenta. Cuando Jimin desvió la mirada hacia los grandes ventanales del restaurante, notó cómo la luz del sol comenzaba a teñirse de un tono dorado y anaranjado sobre los edificios de Seúl. Ya eran casi las seis de la tarde.

—Creo que es momento de ir juntando nuestras cosas —dijo Namjoon, ajustándose el pulso de la chaqueta mientras revisaba la hora en su reloj—. Mañana sale nuestro vuelo de regreso a Japón muy temprano y todavía nos queda terminar de acomodar las maletas en el hotel.

El corazón de Jimin dio un pequeño vuelco. La cálida burbuja de protección en la que se había sentido durante todo el almuerzo comenzó a desinflarse lentamente. Se puso de pie al lado de Jungkook, sintiendo la cercanía reconfortante del pelinegro mientras acompañaban a su hermano y a Namjoon hacia la salida del local.

Al cruzar la puerta de cristal, el viento fresco de la tarde les rozó el rostro. Jin se detuvo en medio de la acera y se giró hacia su hermano menor. Sin decir una sola palabra, lo envolvió en un abrazo apretado, protector y lleno de cariño. Jimin escondió el rostro en el hombro de Seokjin, aspirando ese aroma familiar que siempre le daba seguridad, mientras un nudo amargo y caliente se le formaba en la garganta.

—Prométeme que te vas a cuidar mucho, Jimin —susurró Jin muy cerca de su oído, acariciándole la espalda con una lentitud tierna—. Llama todos los días si quieres. Sabes que, aunque esté del otro lado del mar en Tokio, siempre voy a estar para ti a una llamada de distancia.

—Lo prometo, Jin... —respondió el peli-rosa con la voz quebrada.

Un par de lágrimas silenciosas se le escaparon por las mejillas al separarse del abrazo. Sabía muy bien que pasaría mucho tiempo antes de volver a sentir esa calidez en persona, y el peso de la despedida le oprimía el pecho con fuerza.

Namjoon se acercó también para darle un abrazo apretado a su cuñado y luego se giró hacia Jungkook, estrechándole la mano con firmeza y una sonrisa sincera.

—Cuídalo mucho, Kook. Confiamos en ti —le dijo el mayor.

—Con la vida, Namjoon—aseguró Jungkook, haciendo una inclinación respetuosa sin soltar una postura seria y comprometida, a pesar de ser primos.

Tras ver cómo el auto de Jin y Namjoon se incorporaba al tráfico y se alejaba por la gran avenida hasta perderse de vista, Jungkook notó el leve temblor en los hombros de Jimin. Con mucha delicadeza, pasó un brazo sobre sus hombros para apegarlo a su costado, sintiendo cómo el peli-rosa se apoyaba en él en busca de refugio. Con la yema del pulgar, Jungkook le limpió con suavidad la ráfaga de lágrimas que aún rodaba por sus mejillas.

—Tranquilo.. Todo va a estar bien —le dijo Jungkook con esa voz dulce y baja que siempre lograba calmarlo—. Ellos van a estar bien y tú también. Vamos a casa a descansar, ¿sí?

Jimin asintió despacio, dejándose guiar. En todo el camino de regreso en el auto, Jungkook sostuvo la mano de Jimin sobre la consola central, acariciando el dorso de sus dedos con toques constantes que le devolvían la paz poco a poco.

Al llegar al departamento de Jungkook, el ambiente se sentía tranquilo, sereno y en calma. La luz del atardecer terminó de ocultarse por completo, dejando la sala sumida en una penumbra acogedora iluminada únicamente por las luces de la ciudad que entraban por el balcón.

Jimin se quitó el abrigo con lentitud, dejándolo sobre la entrada, y caminó despacio hasta dejarse caer en el sofá. Sentía el cuerpo cansado por las emociones del día, pero su mente aún guardaba la bonita sensación de haber visto a su hermano. Mientras tanto, Jungkook caminó hacia la cocina para servirse a ambos un vaso con agua fresca.

Todo parecía estar en perfecta armonía, hasta que el teléfono móvil de Jimin, que descansaba sobre la mesa de centro, vibró con un sonido seco y prolongado.

Al principio, el peli-rosa no le prestó demasiada atención, pensando que tal vez era un mensaje de texto de Jin avisando que ya habían llegado al hotel para empacar. Sin embargo, al extender la mano y encender la pantalla, el nombre que aparecía en la notificación hizo que la sangre se le helara en las venas y la respiración se le detuviera de golpe.

Era un mensaje de su madre.

Con las manos comenzando a temblarle de forma incontrolable y una opresión helada recorriéndole el estómago, Jimin desbloqueó el teléfono y abrió la aplicación de mensajería.

Madre: Acabas de cometer un grave error, Park Jimin. Tu padre está muy furioso.

El corazón de Jimin comenzó a martillear con una fuerza aterradora contra sus costillas. Apenas tuvo un par de segundos para intentar asimilar esas frías palabras cuando la pantalla volvió a encenderse con un segundo mensaje, acompañado de un archivo de imagen que terminó de cargarse.

Madre: Tu tía fue a cenar exactamente al mismo restaurante donde estabas. Nos mandó esto.

Con la vista nublada por el pánico, Jimin pulsó la foto para ampliarla. La pantalla mostró una fotografía tomada a la distancia, desde un ángulo discreto entre las plantas decorativas del restaurante de lujo. En la imagen se veía con absoluta claridad a Jimin sonriendo, iluminado por la felicidad, con el rostro relajado como nunca antes y con su mano firmemente entrelazada con la de Jungkook al otro lado de la mesa.



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En el texto hay: bts, jikook, chico x chico

Editado: 10.09.2026

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