Amor sin diagnóstico

31

El sol del domingo comenzó a colarse por los bordes de la cortina, pero la luz de la mañana no trajo alivio. Jimin se despertó lentamente en la cama de Jungkook con los párpados pesados, la garganta ardiendo y la mente completamente agotada. El impacto del trauma que había revivido la noche anterior, sumado al pánico aplastante por el castigo que sus padres le tenían preparado, lo tenía destruido por completo. Apenas podía sostener la mirada y sus manos no dejaban de temblar.

A Jungkook se le rompía el alma en mil pedazos al verlo en ese estado. Ver a la persona que amaba tan vulnerable, tan rota psicológicamente por culpa del miedo a su propia familia, le provocaba un dolor e impotencia intolerables.

Jimin se puso de pie con torpeza y comenzó a guardar sus pertenencias en la mochila con movimientos torpes.

—J-Jungkook... ya es hora de que me vaya a casa —dijo Jimin con la voz apagada, sin atreverse a mirarlo a los ojos—. Es mejor que vaya solo... Por favor, no me acompañes.

El terror en la mirada de Jimin era evidente. No quería que su padre viera a Jungkook cerca de la casa; temía que la furia de su familia terminara destruyendo al pelinegro.

—De ninguna manera te voy a dejar ir solo, Jimin —respondió Jungkook con tono firme y decidido—. Sé de lo que es capaz tu padre cuando se altera. No voy a permitir que te ponga un solo dedo encima. Te voy a llevar y me voy a quedar cerca para cuidar tu seguridad.

Sabiendo que no ganaría esa discusión y necesitando desesperadamente el refugio que Jungkook le brindaba, Jimin terminó asintiendo en silencio.

Se subieron a la motocicleta de Jungkook y recorrieron la carretera en silencio. El trayecto hacia la casa de los padres de Jimin, ubicada en una zona bastante alejada del centro de la ciudad, se sintió eterno. Cada kilómetro que avanzaban aumentaba la tensión en el pecho de ambos.

Al llegar, Jungkook detuvo la motocicleta a un par de cuadras de la gran casa. Le acomodó la chaqueta a Jimin y lo miró a los ojos con absoluta devoción.

—Cualquier cosa que pase, llámame o sal corriendo. Voy a estar aquí mismo esperándote, ¿de acuerdo? —le prometió Jungkook, dándole un apretón suave en la mano.

Jimin caminó hacia la entrada con las piernas pesadas. En cuanto cruzó la puerta principal, el ambiente helado y tenso de la residencia lo envolvió. Su padre lo estaba esperando en medio de la sala, con el rostro desencajado por la rabia, mientras su madre permanecía a un lado con la mirada baja y llena de nerviosismo.

—¡Hasta que te dignas a aparecer! —gritó el padre de Jimin nada más verlo entrar—. ¡Pensé que te habías curado de esas porquerías! ¡Te pagué un tratamiento para que te arreglaran la cabeza y terminas acostándote con tu propio psicólogo! ¡Es una vergüenza! ¡Voy a denunciar a ese tipo hoy mismo y me voy a asegurar de que le quiten la licencia!

—¡Él no me hizo nada! —intervino Jimin, reuniendo las pocas fuerzas que le quedaban para defender a Jungkook—. ¡Jungkook solo me ha ayudado a sanar todo el daño que ustedes me hicieron! ¡Él me respeta y me quiere de verdad!

Esa respuesta fue la gota que derramó el vaso. Ciego por la furia e impulsado por un descontrol absoluto, el hombre caminó a zancadas hacia la cocina. Reapareció un segundo después sosteniendo un cuchillo de cocina en la mano, con la mirada completamente fuera de sí.

—¡A mí no me vas a faltar al respeto en mi propia casa! —bramó abalanzándose sobre él.

Jimin dejó escapar un grito de terror al ver el metal brillar. Intentó retroceder, pero tropezó con sus propios pies. Su padre lanzó un corte a ciegas con el cuchillo; la hoja rozó con fuerza el lateral del abdomen de Jimin, rasgándole la ropa y la piel.

—¡No! ¡Déjalo! ¡Está loco! —gritó la madre de Jimin, reaccionando por puro instinto maternal al ver a su esposo fuera de control.

Aprovechando que la mujer se interpuso en el camino del padre para sujetarle el brazo y frenarlo, Jimin presionó su mano contra la herida y corrió hacia la salida con el corazón en la garganta. Abrió la puerta principal a toda prisa y salió a la calle sin mirar atrás, con las lágrimas nublándole la vista y el dolor punzante en el vientre.

Jungkook, que vigilaba desde la esquina sobre la motocicleta, vio a Jimin salir corriendo desesperado de la propiedad. En cuanto notó que el peli-rosa llevaba la mano manchada de rojo sobre el abdomen y la camiseta rota, la sangre se le congeló en las venas.

Aceleró la moto a toda velocidad y frenó junto a él en seco.

—¡Jimin! ¡Súbete, rápido! —gritó Jungkook aterrado, ayudándolo a montar en el asiento trasero.

—¡Jungkook... me... me cortó! —sollozó Jimin cayendo sobre la espalda del pelinegro, sujetándose con las fuerzas que le quedaban.

Al sentir la humedad de la sangre atravesar la tela de su ropa, Jungkook no lo pensó dos veces. Aceleró a fondo esquivando autos por la avenida, dirigiéndose de inmediato al hospital más cercano. La herida requería atención médica urgente antes de que pudiera infectarse o complicarse.

Al llegar a emergencias, Jungkook bajó a Jimin en brazos y entró corriendo por la puerta de urgencias, gritando por ayuda.

—¡Necesito un médico! ¡Por favor, ayudanlo! —suplicó Jungkook con la voz quebrada mientras los enfermeros acercaban rápidamente una camilla.



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En el texto hay: bts, jikook, chico x chico

Editado: 10.09.2026

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