Amor sin edad

CAPÍTULO 3

Estos últimos días no había podido pegar ojo en las noches y mucho menos tener mi mente clara durante el día y la culpa la tenía una sola persona: Deivyd. Sabía que él sentía algo por mi, varias veces lo sorprendí que me veía, pensé que eran ideas mía, pero no y solo lo sabía por el beso que me había correspondido sin problema. 

Desde aquel beso en su auto no había podido borrar ese momento. Lo besé, porque fui yo quien tuvo la iniciativa y lo mejor de todo fue que él me siguió; fue algo arriesgado pero al final había ganado, porque para mi fue obtener el premio mayor. 

Sus labios tienen un sabor exquisito, estaba segura que antes él había tomado algún trago de vodka y eso convirtió ese beso en placentero. 

Lo único malo, es que desde ese momento ya no lo había visto por la casa, ni siquiera con mi hermano, pero no me importaba, lo volvería hacer una y otra vez. 

Miré la pulsera que me regaló, esa pequeña joya era tan valiosa para mi, cada noche ponía mi mano en mi corazón, para no olvidarlo. 

—Ash, ya es hora de ir al salón de belleza —gritó mi madre al otro lado de la puerta. 

—Bajo en cinco minutos mamá —respondí. —Me puse mis vans y bajé a la primera planta, allí me esperaba Génesis, la novia de mi hermano, hoy sería la fiesta de mis dieciocho años. Ella me ayudó con los preparativos  y ahora íbamos a ir a un salón para que nos pusieran bellas. 

La verdad que ya no estaba muy emocionada con la fiesta, pero el hecho de saber que Daivy estaría ahí me motivaba a verme como la mujer más bella del lugar, así que iba a esforzarme. 

Algo dentro de mi, me decía que Deivyd sentía algo por mi solo era cuestión de darle un empujón. 

Escogí un vestido azul, el más hermoso que encontré y sobre todo el más sexi. Quería impresionar al mejor amigo de mi hermano, estaba jugando con fuego, lo sabía muy bien, ya que Ethan nunca iba a permitir que estuviera con su amigo, además de la diferencia de edad, mi hermano era muy celoso. 

Pero bien dice el dicho, para el verdadero amor no existe edad. 

—Te ves hermosa hija y no lo digo solo porque sea tu madre. —aduló mi madre. 

—Gracias mamá, es lo quiero, verme muy bella. —me miré en el espejo y en efecto era otra Ashley, me miraba más como una mujer que como una niña. Resaltaba mis atributos. Ethan fue por las tres: Mi madre, Génesis y yo para llevarnos al hotel, mi hermano se veía guapísimo con su traje de etiqueta. 

—Tendré que ponerle una cadena a mi hermanita para que nadie se la robe esta noche. 

—No seas exagerado, nadie va intentar llevarme —Aunque el único que quería que me secuestrara era Deivyd. 

Llegamos al hotel y subimos al enorme salón. Ya había uno que otro invitado, corrí a saludar a mis amigos Jimena y Dan. 

—¡Felicidades amiga!, otra vez —Jimena me abrazó al igual que Dan. 

—Me alegra tenerlos aquí. 

—Nunca nos perderíamos una fiesta tuya —exclamó Dan, quien me tomó de la mano y me hizo girar. —Estás hermosa, como siempre. —Besó mis dos mejillas y volvió a abrazarme. —¿Cuándo me dejaras darte un beso? —susurró en mi oído. Dan siempre insistía con lo mismo, pero nunca había aceptado recibir un beso de parte suya ya que solo lo consideraba como mi amigo  y no quería que eso cambiara entre nosotros. 

—Nunca —musité. Me solté de su abrazo y miré hacia el frente, allí estaba Deivyd. Venía acompañado por la amiga de Génesis; Leyla, creo que así se llamaba. Algo dentro de mí se encendió de inmediato, así es; tenía celos. Deivyd no podía hacerme esto, besarme de manera apasionada en su auto y ahora aparecía con ella.

 —¿Todo está bien? —preguntó Dan. 

—¡Perfecto! ¡Vamos a disfrutar de esta fiesta! —Tomé a Dan y Jimena de la mano y los llevé al centro de la pista, para empezar a bailar. Otros invitados y compañeros de la escuela nos siguieron. 

Busqué a Deivyd con la mirada, estaba sentado en una de las mesas junto a Ethan, Génesis y Leyla. Pero su mirada estaba puesta en mí, así que le dí un espectáculo, mientras movía mi cuerpo de manera sensual. 

Era una provocación directa, ya que mientras lo hacía mi mirada estaba fija en la suya y él no dejaba de observarme. A pesar de la distancia, podía notar un brillo en sus ojos y que estaba disfrutando de lo hacía. Me detuve ya que era el momento de dar unas palabras, así que subí al escenario. 

—¡Buenas noches a todos! Es para mi que me acompañen en esta celebración, me siento orgullosa de mi madre y mi hermano que han estado conmigo todos estos años, así que si usted tiene una copa en la mano, levántese y haga este brindis conmigo en honor a ellos.

Todos los invitados me siguieron e hicimos un brindis. Cada palabra salía de mi corazón, ellos habían estado conmigo en todo momento y esta fiesta era gracias a ellos. 

Mi hermano, mi madre y algunos de mis amigos también pasaron al frente y declararon palabras, exaltando mi personalidad y algún que otro de mis aspectos negativos. Después de los discursos, iniciamos con el baile otra vez, lo hice con mi hermano, mi amigo Dan y hasta con mi madre. 

—Ahora es mi turno —Deivyd apareció de pronto, mientras bailaba con mi madre. Ella se hizo a un lado y él tomó mi mano. 

Sentí un hormigueo por todo mi cuerpo, no podía creer que tendría un baile con mi amor platónico, aunque en estos momentos ya no era tan platónico. Puso su otra mano en mi cintura y era mi fin, mis piernas se volvieron gelatina, tal vez parecía una niña, pero tienen que comprenderme, esto era un sueño para mi, ya había probado sus labios y quería hacerlo otra vez. 

—Deja los juego Ash —habló, mientras bailábamos. 

—¿De qué juegos estás hablando? 

—El beso, tus bailes sensuales, tus miradas provocadoras. 

—Nada de eso es un juego, son de manera intencional. 

—Dejá de hacerlo, no está bien. 

—Por favor Deivyd, deja a un lado las moralidades, sé que te gusto y disfrutas de todo esto, hasta creo que sentiste celos de Dan, cuando me viste con él.  




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