PRÓLOGO
Nada empezó mal. Eso es lo más peligroso. Los primeros días fueron simples: atracción, entusiasmo, cercanía. En ese clima, todo parecía natural. Cada gesto reforzaba la idea de que estaban construyendo algo real. Con el tiempo llegó la confianza. Y con ella, el permiso. Ella empezó a proponer. No de golpe. No con violencia. De forma gradual, casi delicada. Él accedía porque quería estar ahí, porque sentía que decir que no podía romper algo que recién estaba naciendo. Mientras él se enamoraba, ella asumía un rol. Mientras él se entregaba, ella tomaba control. Sin darse cuenta, la relación encontró su forma: una voz que guía y otra que obedece. Él aceptó todo, no porque lo eligiera, sino porque permanecer se volvió más importante que cuestionarEste texto no habla de prácticas ni de actos. Habla de una transformación silenciosa. Del momento en que amar deja de ser un encuentro… y pasa a ser una rendición.