CAP 6
RUINAS
No quiero ver. Es difícil aceptar que, aunque estemos juntos, ya no estás.
Hay momentos en los que todavía estamos piel a piel, sintiéndote y haciéndote sentir
mi ser, pero el eco es distinto. Todo se ha vuelto un placer sin alma; una acción física,
una inercia de los cuerpos sin la esencia de aquel amor que antes nos permitía
dormir en paz.
Es evidente: algo se diluyó en el tiempo. Se siente, se transmite. Esa incertidumbre
que antes no existía ahora lo oscurece todo. El fuego se debilita, la pasión se extingue
y, en el espacio que deja el amor, se posiciona la resignación. Resignarme a que el
sentimiento se agota, a que ya nada es lo mismo. Cuesta aceptarlo, pero el final no
pide permiso.
Todo concluye. Nada puede escapar cuando la fuente se seca. Por más que lo
forcemos, por más que intentemos existir en el recuerdo de lo que fuimos, la
sentencia ya está dictada. Asumirlo es el único punto de partida.
Es duro aceptar que el amor nos fue arrebatado. Lo que una vez creí eterno hoy
finaliza, dejando solo heridas y un dolor que se vuelve casa. Es difícil comprender que
el amor que era mío, que era nuestro, ya no lo es y nunca volverá a serlo.
Fue amor, sí, lo fue. Pero dejó ruinas y demasiado por resolver en el alma.
Y entonces aparece la duda: ¿Fue amor? ¿Fue obsesión? ¿Qué fue realmente lo que
nos consumió?
Ya no hay nada después de ti. Solo el olvido, solo la nada. Se fue el amor y me invadió
este frío. No encuentro el rumbo ni el sentido en este dolor; este dolor persistente
que, antes de ser herida, fue amor.