Amor Vidente

1

Keren:

Levanto la cabeza hacia el balcón con la esperanza de que Darío no se encuentre ahí, si ve que me siento un segundo, se enfadará; pero lo necesito, necesito quitarme los malditos tacones que están matándome. Llevo toda la noche trabajando sin parar, creo que merezco un descanso. Por fortuna, el balcón está vacío, quizá ya está en su oficina contando sus ganancias de la noche. Me dirijo discreta hacia el baño, donde nadie me molestará.

Una agradable sensación recorre mis piernas cuando el primer tacón cae. Suspiro de alivio y luego masajeo mis pies.

Sé que la vida que llevo no es la mejor. Cuando me ven, muchos me llaman mujer perdida, otros me llaman zorra o prostituta, pero la mayoría prefiere decirme dama de compañía, tal vez sienten que así me ofenden menos. Honestamente, no me interesa lo que piensen, me gano bien la vida; y por lo menos no estoy robando como hacen otros. Tan solo desearía que los turnos no fueran tan largos.

— ¿Keren?—La voz de mi amiga Talita suena dentro del baño— ¿Estás aquí?

—Aquí estoy Talita—respondo con cansancio— ¿Qué necesitas?

—Amiga, Darío te busca. Acaba de entrar un nuevo cliente, quiere que lo atiendas.

“Dios ¿es enserio?” pienso, esto tal vez retrase mi salida. Tomo mis tacones en las manos y salgo del baño.

— ¿Por qué debo atenderlo yo?—pregunto molesta—Casi es mi hora de salida.

—Lo se Keren, pero Darío dice que este es un cliente nuevo, y quiere mostrarle lo mejor para que regrese más adelante.

— ¿Así que yo soy de lo mejor?—pregunto con sarcasmo. Talita solo se encoge de hombros—Bien, iré, pero no prometo nada.

—Keren espera—dice y me toma de un brazo—, retoca un poco tu maquillaje, está terrible y ponte los tacones. Por lo que vi, este cliente es de los difíciles.

— ¿A qué te refieres?

—Ya lo verás cuando salgas.

Sigo el consejo de mi amiga, y retoco un poco mi maquillaje, ella tiene razón, está terrible. Cuando salgo minutos después, todo está vacío, excepto por un joven sentado en la barra. Está de espaldas a mí, pero aun así puedo percibir que es atractivo. Tiene hombros anchos, cabello corto y además es alto, quiero decir, muy alto. Lleva una chaqueta de piel negra y unos vaqueros desgastados que le vienen muy bien. Me acerco hacia él con la sonrisa más provocadora que puedo fabricar.

—Hola guapo—saludo mientras rozo su espalda con mis dedos. Aunque él ni se inmuta—. Nunca te había visto por aquí.

Cuando me siento a su lado, el joven levanta la vista de la barra y me mira con aburrimiento, ahora veo a lo que Talita se refería.

— ¿Cómo te llamas?—pregunto para no dejar morir la conversación.

A pesar de mi pronunciado escote, sus ojos se mantienen fijos en los míos, me doy cuenta que detrás de sus gafas, hay unos increíbles ojos azul eléctrico.

—Ezequiel—responde casi a la fuerza.

—Bueno, Ezequiel, dime ¿por qué eres tan callado?

Él se ríe cuando pregunto eso, quise darle una bofetada por cretino, pero Darío me observaba desde el balcón.

— ¿Qué es tan divertido?—le pregunto poniendo mi mano en su pierna, una táctica que nunca me ha fallado, pero él la aparta de inmediato.

—Ustedes las prostitutas son todas iguales—dice con arrogancia.

Me parece que alguien más se está dando cuenta de las dificultades que este cliente representa para mí. Poco a poco escucho como la música comienza a subir de nivel y eso me da una idea.

—Tal vez no—comento—, ven a bailar conmigo, te mostraré algunos pasos.

De nuevo, cuando intento tomar su mano para sacarlo a bailar, él la retira y la esconde en la bolsa de su chaqueta.

— ¿Por qué no mejor te vas por ahí a saquear el armario de tu hija?—dice fastidiado.

Ese comentario es el colmo para mí, ya no me interesa que Darío esté cerca y me levanto furiosa.

—Escucha cretino infeliz, si tanto te molestan las prostitutas ¿Por qué no regresas al monasterio de dónde saliste?

Él ni siquiera se molesta en mirarme, tan sólo toma su ridículo vaso con agua y le da un sorbo. En segundos aparece Talita a mi lado.




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