"Siempre creí que el amor era solo un sueño que al despertar se esfumaba con el viento, pero él me enseñó que eso no es solo un cuento; que a pesar de tanto sufrimiento, si se ama, se acepta todo el dolor, porque una rosa, se ama incluyendo sus espinas."
Capítulo 2
Karina Smith.
Era cerca de medianoche. La luz tenue del salón reflejaba en las copas vacías, estaba siendo testigo de risas y conversaciones sin fin. Beckett con su energía inagotable, gesticulaba animadamente sobre un tema que se perdía en cuestión de minutos. A su lado mi prima Kira escuchaba con esa paciencia que solo reservaba para quienes le resultaban útiles o entretenidos. Yo, en cambio sentía que el tiempo se estiraba hasta romperse.
Me pregunté, con un suspiro apenas audible si acaso a ellos no se les agotaba el tema o simplemente no conocían el concepto de cansancio. Mientras esperaba a Kira, que se había enfrascado en ese ritual de charla nocturna, me sumergí en el brillo azulado de mi teléfono. Intentaba prestar toda mi atención a los videos; era una barrera auto impuesta una forma de no convertirme en el tercer elemento incómodo, el mal tercio que estropea la química ajena.
Después de lo que parecía una eternidad, Beckett se despidió con una promesa vaga de versen pronto, se inclinó a kira y fue en ese instante cuando lo vi: un brillo inexplicable, casi febril, en sus ojos color café. Era una mirada de devoción absoluta, la de alguien que ha encontrado un tesoro que teme perder. Pero Kira...Kira era una estatua perfectamente tallada, su rostro permanecía sereno, su mirada era la de siempre: neutra, evaluadora, sin el fuego que tenía cuando miraba a Aksel.
Kira rompió el momento con una neutralidad escalofriante.
– me trajo chocolate– dijo, señalando una bolsa que Beckett había dejado sobre la mesa. Luego se dirigió a mí con una sonrisa leve –toma algunos, si quieres.
Me colocó algunas cajas de chocolate en la mano –es lo único bueno que hace– lo dijo solo para que yo la escuchara. Fruncí el ceño, sintiendo el primer pinchazo de mi intuición traicionera.
«¿solo lo está usando?»
–Bueno, nos vemos mañana o no sé cuándo– dice sonriéndole a Beckett y recogiendo sus cosas.
Se fue dejándonos a ambos en un silencio que parecía más pesado que el ruido anterior.
«No la volvere a esperar nunca más»
Tomé mi bolso para salir también, le agradecí por las golosinas que me había dado.
– No sabía qué le gustaba el rock clásico.– volteé a verlo algo extrañada.
–No sé su tipo de música preferido– mentí, sabiendo que Kira escuchaba pop despechado.
« tal vez ya cambió de género, ahora escucha... rock»
El resto de la noche fue un ejercicio de paciencia. Me acosté a mensajear con ellos por separado. Kira me enviaba mensajes llenos de risas, detallando superficialmente la conversación y asegurando que Beckett era "adorablemente intenso". Beckett en cambio, estaba como idiotizado preguntándome por Kira.
«¿le gustó el chocolate?, ¿crees que le caigo bien?, ¿qué le gusta hacer los fines de semana?»
yo respondía las que podía, realmente no sabías ni tampoco la conocía bien y eso qué era mi prima.
Lo primero que hice al amanecer fue revisar el móvil. Me había quedado dormida con el teléfono en la mano, atrapada entre el torrente de mensajes de kira y las preguntas ansiosas de Beckett. Al acordarme de ellos, una risa silenciosa y amargas escapó de mis labios.
«Así se mira un enamorado esa cara...mejor no opino. ojalá me libre de eso»
Es una bendición no sentir ese sentimiento. El amor en mi opinión, era una debilidad, una puerta abierta para que otros te hicieran daño o peor aún para que te usaran. Y Beckett estaba siendo una presa perfecta, mi presentimiento o intuición me decían que estaban utilizándolo tal vez mi pensamiento me engañaba.
Tomé mi desayuno lo más rápido. El ritual de la mañana siempre implicaba esperar a kira. Ella siempre tardaba arreglándose, no sé por qué lo hacía tanto; solo íbamos a la universidad.
En el camino a la universidad, Kira estaba en su elemento: la caza. se pasó hablando de Aksel, de jules y, de otros tipos que, según ella sería muy buenos benefactores.
–¿ A cuál me cuadro primero? ¿a Aksel, Jules, Alfred, Derek, Lars o Bastian?– preguntó con un tono de suficiencia que me sacó de mis pensamientos.
La miré, mientras mi mente procesaba todo lo dicho hace un momento, intentaba contar todo los que nombró, en ese instante mi mente hizo un clic.
–¿O Beckett? ese te faltó en tu lista de opciones.
Kira se detuvo en seco, cruzando los brazos con una firmeza ensayada.
–¡Jamás lo hará!–declaró.
–¿que, no entra en tu lista de conquistas?
–Jamás lo hará–repitió firme.
La miré sin creerle del todo. Llevaban hablando más de un mes por mensaje y, cada vez qué la visitaba, aparecía con un detalle, algún dulce, alguna atención que rayaba en la adulación. Era una mujer difícil de conquistar pero solo con Beckett. Con los demás era todo lo contrario. Su rechazo era una táctica; su "jamás" era una invitación a que él se esforzara más, o eso era lo que yo creía.
No le prestaba mucha atención, mientras que Kira hablaba de sus pretendientes yo invertía ese tiempo en mi agenda, siempre tenía algo importante que hacer.
No busco encajar en este inútil mundo como todos quieren hacerlo. Busco ser una pieza única, una pieza admirable, una pieza que en ningún rompecabezas encajará y eso los enloquece.
Kira Evans
Desde lo lejos vi a mi prima Karina, me acerque para irnos juntas como siempre lo hacíamos. No sabía si decirle que su primo me gustaba, así que decidí esperar. Era mejor mantener mis cartas cerca del pecho.
Su primo era realmente guapo, de eso no había duda. Pestañas largas que resaltaban el café intenso de sus ojos, alto, robusto y por cierto tenía dinero, mucho dinero. Era todo lo que yo buscaba en un hombre, si decidiera invertir tiempo real en alguno.