Amor y Gloria

Capitulo 4: Feliz Cumpleaños

—¿Gloria no me hacés el favor de traerme un cafecito? Estoy muerto de sueño.

Sonrió ante la expresión casi aniñada de Pablo Almaraz, asomándose debajo de una enorme bufanda roja que lo envolvía. Sentado en el banco de suplentes, tomaba nota de todo lo que decía Escalante. Este caminaba para todos lados, dando órdenes a sus jugadores en la práctica y cada tanto se giraba para hablarle a Almaraz y darle más órdenes a él.

El pobre hombre anotaba lo que podía entender del sinfín de palabras que su compañero le arrojaba a la cara. A esa hora de la mañana y con ese frío, apenas si podía escribir con los guantes puestos, sólo para que después el mismo Escalante le pidiera que borrara todo.

—Ya mismo se lo traigo —respondió Gloria, y Pablo sonrió con alivio.

Al contrario de su compañero y de los propios jugadores, el DT no parecía sentir frío. Movido por el calor de sus palabras nerviosas, apenas llevaba la campera reglamentaria del club, y una bermuda azul. Incluso en medio de un par de indicaciones, se quitó la campera y la arrojó al césped helado, quedando sólo con la camiseta celeste de APA.

Gloria tembló sólo de verlo con los brazos y las piernas fuertes a la intemperie.

—Che boludo, te vas a enfermar —Pablo habló apenas en voz alta, Escalante ni lo miró.

—¿El jefe también querrá? —Gloria señaló con la cabeza al técnico, guiñándole un ojo a Pablo. El hombre soltó una risita, mirando a su compañero.

—Naa qué va a querer ese loco, está meta agua y agua nada más. ¡Parece que estuviera de ayuno, como un monje! Encima duerme dos horas y ya está enchufado como lo ves, yo apenas dormí seis y me caigo del sueño y del embole que tengo.

Según lo que Gloria sabía por los murmullos en los pasillos, dejarían al mismo cuerpo técnico por dos partidos más. A la vista estaba que Escalante buscaba sacar el máximo provecho de su plantel, no sólo para ganar sino para quedarse. Así que se deshacía en indicaciones, que los jugadores acataban al pie de la letra. El clima era tenso, pero a la vez plagado de entusiasmo. Aunque Almaraz no paraba de bostezar, contagiando a Gloria en el proceso.

Escalante los vio y arrojó una segunda botella de agua al suelo. Se acercó a paso ágil, sin dejar de mirar cada tanto a sus jugadores, que practicaban una tanda de penales.

—Che, ¿qué pasa acá? ¿Estás anotando algo o no? —Escalante miró a Pablo, señaló su cuaderno de manera brusca. Después asintió hacia Gloria pero sin dejar su expresión enojada—. Hola Gloria, ¿pasó algo? ¿Por qué estás acá?

—No, no pasó nada —mintió para no incriminarlo a Almaraz—. Ya me voy.

El DT dejó de mirarla, parecía molesto con todo el mundo, y ella corrió hacia la cocina para hacerle el café al pobre Almaraz. Cuando regresó, Escalante estaba sentado al lado de Pablo, quien no paraba de bostezar. Gloria no sabía si acercarse o no, hasta que el técnico la vio.

No supo qué hacer, intentó una sonrisa mientras sentía que la taza de café le quemaba los dedos. Escalante se puso de pie y se acercó a ella. Seguía con el ceño fruncido, evidentemente algo no cuadraba en ese entrenamiento y no sabía cómo resolverlo.

—Qué bien, este se está durmiendo —señaló a Pablo—. Así que le viene bien ese café.

Le sacó la taza de la mano pero a medio camino se detuvo.

—¿O es para otra persona?

—No, no, es para…para el señor Almaraz —tartamudeó Gloria. Vio que Pablo levantaba un dedo pulgar, en señal de agradecimiento antes de tomar la taza que el DT le entregó.

Comenzó a retirarse pero Escalante la llamó otra vez, con un grito que le dio escalofríos.

—¡Gloria! ¡Vení!

Se acercó con miedo. Nunca lo había visto tan sacado. La taza se había volcado y el café estaba por todos lados, incluso manchando el cuaderno donde Escalante tenía mil garabatos anotados.

—¡¿Es necesario que tomes café mientras estamos trabajando, carajo?! —lo reprendía a Almaraz—. No estás en una oficina rascándote las bolas, estamos muy complicados, ¡no puede ser que tengas sueño!

Gloria agarró un trapo húmedo del carro lleno de cosas de limpieza que empujaba por todo el predio del club, y se acercó a secar el desastre. No había tanto café, no era para hacer semejante escándalo, y además cualquiera podía cometer un error.

Escalante estaba ahora en el medio del campo de juego, las puteadas se podían oír desde todos lados. No le gustaba el arquero, no le gustaba que se quejaran, no le gustaba cómo habían pateado todos los penales.

—Perdón Gloria, hice quilombo acá —Almaraz se puso de pie, tratando de ayudarla agarró ropa y los papeles que estaban sobre los asientos.

—No se haga problema señor, estoy para eso —se inclinó para secar, luego agarró otro trapo seco para quitar la humedad restante. Mientras lo hacía, no podía evitar oír el sinfín de indicaciones de Lionel a su equipo—. Hoy el horno no está para bollos, ¿no?

Almaraz se echó a reír, negó con la cabeza.

—El don se levantó con el pie cruzado hoy. Él dice que con dos horas está, pero ya viste lo mal que hace no dormir. Igual, con los quilombos que tiene en la casa, no es para menos…




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