Amor y Magia Negra

Capítulo uno: La Calle Hilandera

La calle Hilandera, uno de los lugares donde magos y muggles compartían un mismo ambiente sin que los segundos se inmutasen.
Las nubes se alzaban sobre un jardín con apariencia viva y brillosa. Un árbol de tronco ancho se alzaba justamente en el centro de éste con majestuosidad, como si todo aquel terreno le perteneciese. Alrededor de éste se podían encontrar un grupo de arbustos florales de distintos colores que adornaban el tronco brindándole más colores, al estar comenzando la primavera era de esperarse que estos estuvieran ligeramente tristes, evitando descolorarse.

Un poco más al extremo de aquel jardín se podían localizar un grupo de tres niñas pequeñas de no más de seis años que cruzaban el patio a gran velocidad, al parecer disfrutaban de un juego en la naturaleza, antes de que cayera la noche.

—¡No me atraparás! —mencionó una niña de pelo negro que corría alrededor del gran árbol a una niña que venía pisándole los talones, intentando alcanzarla mientras el viento movía su cabellera rojiza, tenía unos ojos verdes y una expresión de diversión impresa en el rostro.

Una niña ligeramente menos alta que sus compañeras se acercó a la pelirroja mientras le daba un gran susto al escuchar sus pasos.

—¡Thana ha vuelto! —exclamó la niña de ojos verdes mientras incrementaba su velocidad.

—¡Te atraparé Lily! —exclamó la niña que iba detrás de la pelirroja antes de emitir una risa estruendosa.

—No lo harás si yo atrapo a Calynn primero —mencionó la pelirroja para después intentar abalanzarse hacia la pequeña de pelo negro mientras se tropezaba con una de las ramas más anchas del árbol y las tres niñas caían a la vez y sus risas inundaban el lugar, llenas de alegría.

—¡Eso ha sido fantástico! —gritó Calynn con las pupilas azules brillando entre la penumbra, las estrellas comenzaban a reemplazar a las nubes y el sol le abría paso a la luna que lograba que el gran árbol se inclinara a causa de su majestuosidad.

El grupo de las pequeñas se limitó a reír mientras recordaban el juego de hace solo unos momentos y mientras tanto se decidieron en recostarse en la fresca hierba para observar el cielo oscuro que sólo podía brindarles el anochecer.

—¿Se pueden imaginar la cantidad de estrellas que existen allá arriba? —curioseó Lily mientras señalaba aquella bóveda comúnmente celeste que ahora les brindaba una oscuridad necesaria para apreciar la belleza de las estrellas.

—¡Deben existir cientos, miles! —exclamó Calynn con una sonrisa en el rostro y el brillo de sus ojos aún presente mientras recorría con estos el cielo completo deleitándose de su belleza como si fuera la primera vez.

—¡Miren, en aquel extremo! —voceó Thana mientras señalaba una parte alta al lado del astro lunar donde se veía un gran grupo de estrellas—. Si se unen tienen el aspecto de una zanahoria —terminó dibujando una figura invisible en el aire.

—También puede ser un cohete que va en dirección a la luna —comentó esta vez Calynn mientras indicaba aquel mismo lugar, dibujando una forma ligeramente diferente a la de Thana,

—¡Entonces es un cohete en forma de zanahoria! —dedujo esta vez la pelirroja provocando las risas estruendosas del grupo de amigas.

—¿Habrá adentro una enorme tripulación de astronautas conejo? —cuestionó Thana mientras se sentaba dejando ver el brillo de su cabello dorado a la vez que las risas de sus compañeras la acompañaban mientras comenzaba a levantarse de la hierba.

—¿A dónde vas? —pregunto Lily cuando logró dejar de reír.

—¡Ahora soy un conejo astronauta! —exclamó Thana mientras corría hacia un extremo del jardín, provocando que Lily y Calynn se incorporaran para observar mejor el objetivo de su amiga. Thana llegó a la esquina del patio hasta que casi se estrella con uno de los muros de la casa más próxima y recogió del suelo una caja aparentemente perteneciente de la basura de aquel vecino.

Se colocó aquella bujeta sobre la cabeza y, como si vistiera un traje bastante pesado comenzó a saltar lentamente como un conejo, inspeccionando el pasto en busca de alguna zanahoria. Las risas inundaron de nuevo el lugar antes de que Thana perdiera el equilibrio y cayera al suelo dejando rodar la caja casi hasta el lugar donde la había conseguido.

—Thana, si el hombre no ha llegado a la luna, supongo que los conejos no podrán hacerlo por sí solos —explicó Lily después de reír un largo rato.

—Nunca subestimes lo que un roedor puede llegar a hacer —le respondió Thana con bastante seriedad 

Después de varios minutos de diversión con el mismo tema decidieron que era hora de volver a casa, pues la luna ya se alzaba sobre de ellas y los grillos emitían varios sonidos creando un concierto nocturno.

Se disponían a salir del lugar cuando el sacudir de un par de arbustos cercanos al tronco del árbol sisearon atrayendo la atención de las tres niñas mientras se volvían con un gesto de confusión. Después de unos segundos un niño igualmente pequeño como ellas salió de entre los arbustos más sonrojado que un tomate.



Sabrina C.

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En el texto hay: magia, jkrowling

Editado: 18.01.2019

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