En la habitación de Riku, el aire estaba cargado de olor a alcohol medicinal y lamentos.
—¡Ai, ai, ai! ¡Mierda, eso arde! ¡Agh, Haruna, ten piedad! —se quejó Riku, retorciéndose como un pez fuera del agua.
—Deja de lloriquear, nenita. Solo es un poco de alcohol —respondió Haruna con una sonrisa maliciosa mientras presionaba un algodón empapado contra una de sus heridas.
Kaori, con el ceño fruncido y una mirada llena de compasión, tomó una de las manos de Riku con dramatismo.
—Pobre esposo… está muy lastimado…
—Bueno, seguro se anima si le damos un masaje con final feliz —soltó Chloe con una sonrisa traviesa.
Silencio.
Mi cerebro se congeló.
Kaori ladeó la cabeza con inocencia.
—¿Qué ser eso?
Haruna casi se atragantó con su propia saliva.
—¡MALDICIÓN, CHLOE, NO DIGAS COSAS TAN SUCIAS!
Yo, en cambio, sentí como si la temperatura de mi cuerpo subiera unos veinte grados de golpe. ¿¡De qué demonios está hablando esta mujer!?
—¿Eh? ¿Qué tiene de sucio? Solo digo que podríamos consentirlo un poco… —respondió Chloe con fingida inocencia, mientras jugaba con un mechón de su cabello.
Yo abrí la boca para decir algo, pero solo conseguí soltar un balbuceo que no entendí ni yo mismo. Mi cara ardía. Mi alma quería abandonar mi cuerpo.
—¡Chloe, cállate! —gritó Haruna, roja como un tomate, antes de volver a mirarme con una mirada afilada—. Y tú, no te vas a mover de esta cama, necesitas descansar.
—Estoy bien… —suspiré, tratando de concentrarme en otra cosa que no fuera la maldita imagen mental que me había metido Chloe en la cabeza—. Solo quiero darme una ducha y dormir.
Haruna entrecerró los ojos.
—No estás en condiciones de bañarte solo, alguien te debe ayudar.
Silencio otra vez.
Las palabras de Haruna flotaron en el aire como una bomba a punto de explotar.
Kaori y Chloe parpadearon al mismo tiempo.
Las dos se miraron.
Las dos entendieron.
Las dos se pusieron rojas.
Yo también. ¡¿Por qué demonios se están sonrojando?! ¡No piensen en cosas raras!
—Ejem… bueno, si no hay opción, supongo que yo me encargaré de restregarlo hasta que quede bien limpio —dijo Chloe, con una sonrisa pícara mientras se inclinaba un poco hacia mí.
Mi cara pasó de rojo a escarlata nuclear.
—¡¡CÁLLATE, MUJER ROSA!! —gritó Kaori, completamente roja—. ¡Si alguien bañar a esposo, ser esposa! ¡Yo lavar a esposo con amor y dedicación!
Yo me cubrí la cara con las manos. Maldición, hagan que esto termine.
—¡Ja! ¡No tienes ni idea de cómo lavar a un hombre adecuadamente! Yo tengo más experiencia.
—¿EXPERIENCIA EN QUÉEEE?
Kaori se puso en posición de pelea, Chloe hizo lo mismo, y las dos empezaron a empujarse con la frente, chispas imaginarias saliendo de sus ojos.
Haruna las miraba como si estuviera viendo dos mapaches peleando por un pedazo de pan.
Yo ya no sabía si reír, llorar o tirarme por la ventana.
—¡¡CÁLLENSE, PAR DE PERVERTIDAS!! —explotó Haruna, separándolas con un fuerte tirón de orejas—. ¡NUNCA DIJE QUE USTEDES LO HARÍAN! ¡Yo ayudaré a mi hermano a bañarse, fin de la discusión!
Silencio.
Mis ojos se abrieron de par en par.
Kaori y Chloe también.
—¿¡QUÉEEEEEEEEEEEEEEE!? —gritamos los tres al mismo tiempo.
Kaori y Chloe la miraron con cara de horror.
—…Eso sonó más raro de lo que querías, ¿cierto? —dijo Chloe con una expresión de incredulidad.
—CÁLLATE, CHLOE.
Kaori cruzó los brazos y frunció el ceño.
—Yo no permitir eso…
Haruna se llevó una mano a la cara y suspiró.
—¡¿Saben qué?! ¡Váyanse a ver si la gallina ya puso!
Kaori y Chloe intercambiaron miradas.
—…¿Qué gallina? —preguntó Chloe, confundida.
—¡NO ME IMPORTA, SOLO LÁRGUENSE!
Sin más opción, Chloe y Kaori se fueron murmurando por lo bajo, mientras Haruna se quedaba con Riku, quien solo podía suspirar con resignación.
—…¿Y si mejor me baño solo?
—¡NI LO SUEÑES!
Un rato después…
En la cocina, el caos estaba en su máximo esplendor.
—Oye, Kaori, mira lo que hago con el cuchillo —dijo Chloe con una sonrisa traviesa mientras equilibraba la hoja en la punta de su nariz, tambaleándose ligeramente de lado a lado.
Kaori parpadeó varias veces antes de poner cara de terror.
—¡¡NO SER TONTA, CHLOE!! ¡PODER PERDER OJO!
Con un rápido movimiento, Kaori le arrebató el cuchillo de la cara, como si le estuviera quitando un juguete peligroso a un niño pequeño.
—Ohhh, vamos, no seas tan aguafiestas, tenía todo bajo control —respondió Chloe, inflando las mejillas como una niña regañada.
—¡CALLA, CHLOE! ¡AYUDA PELANDO PAPAS!
Chloe hizo un exagerado saludo militar.
—¡Como ordene, mi capitana Kaori!
Acto seguido, tomó un puñado de papas, un pelador y empezó su labor… de la peor manera posible.
—¡LISTA PARA LA ACCIÓN! ¡Cuchillo giratorio, activado! —gritó con entusiasmo mientras comenzaba a hacer malabares con las papas y el pelador, fallando miserablemente en cada intento.
Las papas volaban por toda la cocina, rebotaban en el suelo, el pelador casi sale disparado y Kaori estaba en estado de crisis.
—¡¡NO, NO, NO, DETENTE, MUJER ROSA!! ¡¡VAS A MATARNOS A TODOS!!
El desastre era monumental. Harina en el aire, papas rodando por el suelo, y Chloe con una expresión orgullosa de su “gran desempeño culinario”, mientras Kaori se agarraba la cabeza con desesperación.
Mientras tanto, en la ducha…
El vapor llenaba el baño mientras Riku, con solo una toalla atada a la cintura, se mantenía sentado en un pequeño banco de madera. Haruna, de pie detrás de él, mojaba una toalla en un balde de agua tibia y se la pasaba con firmeza por la espalda, restregando con cuidado cada rincón maltratado por la pelea.
—Esto es lo que más odio de tu estúpida pasión por las artes marciales —dijo Haruna con el ceño fruncido, su voz cargada de preocupación—. ¡Siempre terminas lastimado, HERMANO TONTO!
Editado: 25.03.2025