—¿Él…? ¿Él dijo eso?
—Sí. Le preocupas.
Me quedé muda. No sabía si alegrarme o temerlo.
Una tarde, el profesor nos asignó un proyecto en parejas. El azar, o lo que fuera, me juntó con Damien.
Pasamos horas en la biblioteca. Casi no hablábamos. Yo fingía concentrarme en las lecturas mientras sentía el roce leve de su respiración cerca.
En un momento, él se inclinó sobre mis notas.
—Tu letra es muy distinta a la del cuaderno azul —dijo.
—¿Qué sabes de mi cuaderno? —pregunté, sorprendida.
Sonrió apenas.
—Nada, solo lo vi una vez. Tienes cuidado con lo que escribes. A veces, las palabras se quedan contigo más de lo que imaginas.
Sus ojos se cruzaron con los míos, y por un instante creí que algo se abría entre nosotros, un hilo invisible, tenso, inevitable.
Pero enseguida Amelia llegó a buscarnos. Él se levantó, y el hilo se rompió.
Esa noche, la tormenta fue más fuerte que nunca.
Las ventanas temblaban.
Y entre los truenos, escuché un golpeteo leve: alguien llamaba a mi puerta.
Cuando la abrí, no había nadie. Solo el aire frío entrando. En el suelo, una hoja de mi cuaderno.
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amor nocorrespodido, no digas promesas que no podras cumplir, un hombre enamorado
Editado: 17.01.2026