La levanté con las manos temblando.
Tenía una frase escrita con mi propia letra:
> “El principio y el fin siempre se miran.”
No dormí..
El día después de la tormenta, todo parecía distinto.
El colegio olía a humedad, y los pasillos estaban cubiertos de hojas pegadas al suelo. Cuando entré al aula, Damien ya estaba allí. Me miró por primera vez de verdad. No como se mira a alguien que se cruza por accidente, sino como quien busca algo.
—¿Dormiste anoche? —preguntó.
—¿Cómo sabes…?
—Pareces cansada.
No respondí.
Me limité a abrir el cuaderno azul sobre la mesa. Las páginas estaban húmedas, y la tinta, corrida. Sin embargo, entre las manchas se podía leer una frase nueva:
> “El que mira demasiado profundo termina siendo visto.”
Sentí un nudo en la garganta. Cerré el cuaderno y lo guardé de inmediato.
Esa tarde, Amelia y Damien se quedaron juntos después de clase. Yo, desde la distancia, fingí esperar el bus, pero en realidad los observaba.
Ella reía. Él parecía distraído.
Durante un segundo, sus ojos se cruzaron con los míos. No sé si me vio, o si solo lo imaginé, pero su mirada me atravesó como una promesa que dolía.
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amor nocorrespodido, no digas promesas que no podras cumplir, un hombre enamorado
Editado: 17.01.2026