amor y venganza

puedes oírme..?

Cuando por fin llegué a casa, el cielo estaba anaranjado. Me senté junto a la ventana con el cuaderno abierto sobre las rodillas.

Le hablé, sin escribir:

“Si de verdad puedes oírme… dime qué quieres.”

El viento golpeó los cristales, y juraría que oí un susurro, una voz tenue, casi un pensamiento ajeno:

> “Quiero que veas.”

Los días siguientes fueron una sucesión de silencios incómodos.

Damien se mostraba distante. Amelia, en cambio, cada vez parecía más preocupada por mí.

—No comes, no duermes, no hablas —me dijo una tarde—. A veces creo que algo te asusta.

—No es nada.

—¿Tiene que ver con Damien?

No respondí.

Ella me miró con una mezcla de ternura y lástima.

—Él no es lo que parece, Ximena. Créeme.

Su tono me inquietó. Quise preguntarle qué quería decir, pero ya se había alejado.

Esa noche, mientras estudiaba, el cuaderno se abrió solo con un golpe seco.

El aire se volvió denso, casi irrespirable. En la página central, una frase escrita con tinta negra, aún fresca:




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