amor y venganza

Amelia?

> “Ella también lo mira.”

No había firma, no había explicación.

Cerré el cuaderno, pero el eco de esas palabras siguió latiendo en mi cabeza.

¿“Ella”? ¿Amelia?

¿Era eso lo que me estaba intentando decir?

Por primera vez, sentí miedo. No del cuaderno, sino de lo que podría significar.

Pasaron los días.

Damien comenzó a faltar a clases.

Amelia se veía inquieta, caminaba con el celular en la mano, escribía mensajes que no respondían.

Una tarde la seguí sin saber por qué. Caminó hasta el parque detrás de la escuela. Llevaba una carpeta entre los brazos. Me escondí detrás de un árbol.

Vi cómo se sentaba en un banco, sola, mirando hacia el lago. Abrió la carpeta. Dentro había dibujos: bocetos del rostro de Damien, del mío, y de una figura difusa entre nosotros dos.

Sus manos temblaban.

Entonces levantó la vista y dijo algo que no entendí, pero su voz sonaba dolida, rota.

Me quedé ahí, inmóvil, mientras el viento levantaba las hojas de papel y las arrastraba hacia el agua.

Aquella noche volví a escribir.




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