_"Una vida miserable"
ERICK JONES:
16 de septiembre.
Sentía como si un cuervo me observase desde las ramas de un árbol muerto, la luz de la luna a penas me permitía ver más allá de mi silueta y un río carmesí causado por la sangre, hacía resaltar más la nieve bajo mis pies.Gritos de llantos; ahogados, desgarradores, suplicantes, eran los únicos sonidos que se escuchaban, resonando por la inmensa penumbra en la que me sumergía.
Conocía incluso con los ojos cerrados cada rincón de aquel lugar, tan grande como tan vacío, lleno de pasillos sombríos que hacían eco a unos pasos que sembraban temor; que anunciaban la muerte acercándose.
Sin embargo,un llanto se acentuó diferente, uno que reconocía perfectamente. El ave sombría alzó sus alas al escuchar aquel sonido y emprendió un vuelo a lo desconocido. Al parecer, le asustaba escuchar a mi madre llorar.
No distinguía absolutamente nada a mi alrededor, sin embargo la buscaba con la vista como un niño desesperado al no saber de donde provenía su voz.Mis manos a los costados se hicieron puños que atrapaban la nieve ante la impotencia,dándome la indiferente sensación de que la frialdad recorría por completo mi organismo; congelando mis huesos, arterias y músculos.
Sin embargo, debajo de esa percepción sentía algo más cálido, como un fluido que ensuciaba el interior de las palmas. Detallé cuidadosamente mis manos, sin temor a que fuese lo que imaginaba: sangre. No solo las manos, las vestiduras y la nieve también estaban teñidas de carmesí.
Los sonidos de dolor no cesaban, comenzaban a estresarme, intentaba gritar «mamá» pero de mi boca no salía ningún sonido, como si existiera un nudo en la garganta que me enmudecía. Mis pupilas se ampliaban como adaptación a la oscuridad en la que estaba envuelto y todo mi cuerpo se calmó cuando percibí las caricias de unas manos en mis mejillas.
El tacto cálido de aquellas manos temblorosas y lastimadas conmovió cada fibra de mi cuerpo que se había congelado, no sólo con el frío, también con el vívido recuerdo de la mirada inmutable de mi padre al observar el ser inhumano que había creado.
_¿Los monstruos como tú nacen o son creados?
Su voz llegó a mis oídos como una brisa suave, en cambio, el impacto de las palabras que pronunció fue como una agresiva tormenta en mi pecho, como un golpe seco que paraliza, ante mis pupilas incrédulas estaba aconteciendo la forma más cruel de soledad: ser desconocido por la persona que mejor debería conocerte.Mi propia madre había presenciado mi destrucción y aún así no pudo hacer nada para detenerla.
Le dediqué una última mirada cargada de profunda melancolía que hacía relucir mis pupilas con tanta fuerza como una estrella moribunda que estaba perdiendo su brillo, para siempre.Si me llamaba así,entonces era porque no había salvación,estaba muerto por dentro.
Reaccioné instantáneamente,
encontrándome con una habitación oscura y la brisa de la madrugada filtrándose por la ventana. Me senté en el borde de la cama en una posición pensativa,sintiendo como las gota sudor frío recorría mi piel y un vaivén agitado se acentuaba en el pecho.Acostumbraba tener pesadillas todas las noches desde que tenía uso de razón, sin embargo, estas aumentaron desde el incidente con Ciro Lancaster.
Observé a mi alrededor, notando que el otro lado de la cama estaba desorganizado, como si alguien más hubiese dormido allí la noche anterior. Suspiré con frustración al imaginar quien pudo haber estado allí y me encaminé a la cocina con pasos lentos.
_Te envío poemas de mi puño y letra, te envío canciones de 4:40- escuché a Julián cantar desde la cocina mientras bajaba las escaleras-
_Buenos días Erick,los demás se han ido temprano-saludó el médico desde la barra,con diversión-
Detallé el panorama desastroso en el que se encontraba mi casa,basura por cualquier rincón: globos, botellas y latas de cervezas vacías, además de otras porquerías.
_Días, porque buenas las ganas de lanzarlos a ustedes dos fuera de mi casa junto a toda esta basura-respondí, alterado-
_Alguien no se levantó de buen humor hoy, ¿Quieres un cafecito? -se burló el rubio, ofreciéndome una raza de café-
_¿Acaso es posible que Erick esté en algún momento de buen humor?-le siguió Arthur-
_Dejen de tocarme las pelotas desde tan temprano-protesté dándole un sorbo al café,saboreando tan exquisita droga-
_Tengo que confesar algo-expresó Julián con el delantal puesto y un sartén en la mano-
_Creo saber por donde viene esto-añadió Arthur, con una pequeña sonrisa-
_Venga, suéltalo ya.
_Estoy tan enamorado de Lina a tal punto de querer casarme-confesó-
_¿Y ahora te das cuenta? Yo siempre lo supe-afirmó Arthur con felicidad-
_Hermano, ¿Estás consciente de que casarte sería como perder tu libertad?-alcé mi ceja, mirándole con una mueca de total confusión, este no era el Julián que conocía-
_Entonces que me den cadena perpetua-respondió como si fuese lo más obvio del mundo, mirándome con una gran sonrisa dibujada en su rostro-
_Definitivamente ya lo perdimos por completo-Arthur comenzó a reír en lo que Julián nos servía los pancakes-
_¿Y tú qué, médico? He notado ciertas miradas entre tú y Violeta- Julián le atacó y el susodicho pareció ahogarse con el café, el comentario lo agarró desprevenido-
_Existe la posibilidad de que haya interés mutuo-confesó tímidamente-
_¿En serio? No lo habíamos notado-respondí burlesco-
_Los hombres somos muy evidentes cuando algo nos gusta, ¿verdad Erick?-Julián defendió al médico,sin entender a que hacía alusión-
_Verdaderamente no sé a que te refieres-me acomodé los lentes, sacando un cigarro de la cajetilla-
_Lo podemos resumir de esta manera: es muy evidente que estás sintiendo algo por cierta astrónoma-alegó Arthur, removiendo su café con tranquilidad-