Amores complicados

El dueño

Capítulo 4

 

 

La cena fue bastante amena, todos se trataban como familia de manera amable, yo me encontraba disfrutando el postre que había preparado Rubí, y justo a mi lado se encontraba Noah a quien le lancé una mirada furtiva notando que estaba bastante interesado en lo que yo estaba haciendo, así que me atreví a verlo de frente mostrando una sonrisa seductora.

 

—¿Y bien? Seguirás mirándome sin decir nada —interpelé en un tono bajo, para que únicamente me escuchara él, su rostro formó una mueca demostrando que estaba apenado.

 

—Oh, no, lo siento, yo no quise incomodarla —quiso excusarse y negué. 

 

—Sabes, no gusta el silencio, me hace traer malos recuerdos —manifesté pensando en Vladímir, quien amaba estar callado y yo constantemente, debía hablar como una cotorra para que el ambiente no se tornara sombrío. 

 

—Está bien, y aprovechando que estamos hablando en este momento, sabe, quisiera volver a proponerte esa salida, no sé si esté propagándome, pero creo que en este punto de casualidades inesperadas, no sería malo poder conocerla mejor —propuso en un tono suave. Yo pensé unos segundos haciendo una mueca de lado.

 

No estaba del todo convencida sobre aceptar esa salida, pero llegué a la misma conclusión que Noah, en definitiva, había una fuerza mayor intentando hacernos coincidir. 

 

—Ok, aceptaré —contesté finalmente y sonrió iluminando su rostro al hacerlo. 

 

Realmente Noah tenía algo que yo no sabía como descifrar, poseía un encanto natural que me agradaba, obviamente era bastante guapo, eso no lo podía negar, no obstante ese atractivo lo compensaba su actitud chispeante de amabilidad e interés notable por hacerme sentir cómoda. Yo no era de las mujeres que ponía en una balanza a los sujetos para diferenciarlos, sin embargo, estaba más que claro ante mis ojos quien me convenía más, además de que yo terminé con Vladímir y me fui de Nueva York para no verlo jamás, quizás podía intentar olvidarlo de esa manera.

 

Yo tenía presente que no estaba bien hacerlo, pero quizás por eso la vida me presentó a Noah, yo no podía considerar que conocerlo fue una simple casualidad, debido a como surgieron las cosas, sin embargo, tampoco quería apresurarme para no lastimar a nadie. 

 

Las horas avanzaron y los invitados se marcharon, el último en irse fue Noah, quien cuando estaba despidiéndose de mis tías, y se disponía a salir por la puerta, recibió un azote del viento que lo sacudió con violencia, Rubí y Cintia corrieron alarmadas para ayudarlo y de la nada se desató una tormenta de nieve, avancé rápido a reforzar las ventanas mientras las tías cerraban la puerta, volvieron para sentarse en los sofás de la sala y nos quedamos en silencio por segundos cortos. 

 

—Vaya, esto es muy raro, no pronosticaron tormentas de nieve —intervino la tía Cintia, yo estaba un poco renuente a la situación, algo me decía que Noah terminaría pasando la noche en casa de mis tías. 

 

—Sí, pero bueno, la madre naturaleza es así —completó Rubí poniéndose de pie, luego soltó un bostezo y se tapó la boca con la mano—. Me iré a la cama, mañana debo ir al supermercado por provisiones, Cintia prepara el sofá más grande para Noah, tendrá que pasar la noche aquí —comentó y ella se levantó también para buscar las cosas.

 

《 Rayos, ¿qué quieres de mí. Vida? Prácticamente, me estás metiendo por los ojos a Noah 》

 

Pensé molesta. 

 

Él me observó y al parecer pudo notar mi disgusto, porque de inmediato mencionó la idea de marcharse. 

 

—Puedo esperar que la tormenta pase, no quiero incomodarla —indicó. Yo moví la cabeza de manera negativa, dando a comprender que nadie iría a ningún lado. 

 

—Noah, solo duerme en el sofá, tampoco es para tanto —solté como brusquedad y me levanté yendo a la habitación que mis tías me habían preparado. 

 

Cuando cerré la puerta sentí un enorme peso abandonar mis hombros, era aquella presión ejercida por la situación de Noah, la cual no me permitía pensar bien las cosas, yo había llegado a Edimburgo para alejarme de Vladímir, no venía por más problemas amorosos. Justo entonces se aparecía ese sujeto tan encantador para cambiar mis planes. 

 

Me dejé caer en la cama boca abajo, y mi teléfono sonó. Estiré la mano para alcanzarlo y al ver la pantalla noté que se trataba de Bere. 

 

—Clara, por fin contestas —dijo un poco alterada. 

 

—Perdón, fue un largo viaje y apenas llegué a casa de mis tías, ellas tenían organizada una cena con algunos amigos y terminó hace minutos —expliqué para que no se pusiera paranoica. 

 

—Me alegra que hayas llegado bien, pero tengo malas noticias, Vladímir leyó tu carta y está furioso, me preguntó a donde fuiste y le dije que no sabía nada, Max me ha preguntado mil veces intentando sacar información, pero he mantenido la boca cerrada como prometí, sin embargo, creo que Vladímir puede persuadir a tus padres para que les digan a donde fuiste —señaló preocupada.

Ella tenía razón, ese idiota no se iba a quedar de brazos cruzados e intentaría buscarme.

 

Yo no pensé en esos detalles, pero ya el daño estaba hecho y aunque quisiera no podría encontrarme. ¿O sí?

 

—Solo sigue con el plan, no digas nada, llamaré a mamá —concluí para despedirme.

 

—Ok, cuídate, voy a mantenerte informada si surge algo —añadió. 

 

Golpeé mi cabeza con la almohada poniéndola encima del rostro para ahogar el estrés, de solo pensar que ese cretino fuera a Edimburgo y no solo eso, sino que llegara a casa de mis tías, sería una catástrofe terrible. 

 

—Ash, te odio grandísimo cretino —lo insulté aunque no me estuviera escuchando. 

 

Ya no le quedaba de otra que esperar tener suerte, y contando con la mía los pronósticos eran nefastos. 




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