Amores que atan

Capítulo: 6

Lucas

Tengo ganas de romper cosas, matar gente, dañarlo todo, me siento horrible y la ira aumenta con cada segundo que pasa, miro hacia Alexa y eso solo me hace sentir peor, estoy enojado, muy enojado conmigo mismo, rechacé a mi propia hija, sí, Sophia es mi hija, lleva mi sangre y he tenido que hacer estos análisis para confirmarlo, ¿qué clase de padre soy? ¿Qué clase de persona hace esto? Pensaba que no era mi hija, que Alexa mentía, pero no fue así, ella no me mintió, es mi hija, eso me hace sentir bien, pero el hecho de no creerle a Alexa me hace sentir pésimo, cierro con fuerza mis ojos, luego recuerdo que aunque es mi hija, la mujer que está en esta cama de todas formas me ha sido infiel, eso ella nunca lo ha negado.

—Tienes que despertar —la señalo con mi dedo —maldita sea, debes despertar —añado para luego salir de ahí, ya no quiero dormir, mis pies se mueven solos hasta llegar a la habitación en donde está Sophia, la niñera al verme sale rápido, sabe que me gusta estar solo con ella, yo camino hacia la niña y sin importarme nada la tomo en mis brazos, la abrazo sin importar que despierte y las lágrimas se acumulan en mis ojos

—Mi hija —musito dándole besos en su cabecita —Mía, mi amor —al apartarla un poco veo que se ha despertado, sus ojos están muy abiertos y no llora, solo forma una de esas bellas sonrisas con su boca y también sonrío —eres mi hija —digo mirando sus ojos —eres mía, perdóname por no notarlo, por no sentirlo, eres mi princesa Sophia y ahora papá jamás se alejará de ti —beso su frente y luego sus mejillas —Mía.

Tomo asiento frente a Amelia que sigue cenando sin decir nada, está molesta desde ese día que la tomé del cuello, no aguanta nada, suspiro sin dejar de mirarla, la cual levanta la vista al fin y me mira dejando los cubiertos a un lado. 

—Qué pasa? —cuestiona alzando una ceja —no tienes que cambiar algún pañal o visitar a alguna casi muerta? —sonrío para no enojarme y dispararle ahora mismo

—Solo quiero cenar en paz Amelia

—Lucas llevo más de una semana cenando sola, durmiendo sola, me pediste para eso mudarme contigo? Debería irme entonces —niego lentamente

—He tenido mucho trabajo, no solo he estado con Alexa y esa niña, también he tenido que buscar nuevas rutas porque Rogelio me quitó su apoyo y además he tenido que defender mi territorio porque tenemos demasiados enemigos ahora que quieren verme muerto y destruido

—Puedo presentarte a alguien —sonríe pícara —te ayudará

—¿En qué? 

—Bueno, con eso de las rutas —se acerca más y muerde su labio inferior —el sujeto trabaja por dinero, mueve mercancía por lugares que nadie conoce y nunca pierde ni un solo gramo, es el mejor, pero solo ayuda a quien le agrada —asiento

—¿Cuándo lo conocemos? 

—No tan rápido querido mío —una de sus manos se posa sobre la mía —todo tiene un precio —sonrío sabiendo lo que quiere —si quieres conocerle antes debes complacerme a mí —respiro hondo mirando sus ojos —¿hay trato o no? —asiento viendo el deseo en sus ojos y bueno, soy hombre y llevo días sin sexo así que tampoco será un sacrificio.

Amelia besa mi cuello mientras sus manos comienzan a quitar mi camisa, se toma su tiempo y yo solo disfruto el momento, ambos ya estamos en mi habitación, sus labios buscan los míos y los atrapo sin dar tregua alguna, mi teléfono suena, pero lo ignoro y ella me empuja hacia la cama sentándose a horcajadas sobre mí

—¡Dios! —exclama cuando quita mi camisa, sus manos se pasean por mi abdomen —eres perfecto Lucas

—Lo sé —sonrío al escucharla —quítate la ropa mujer, no puedo esperar más —asiente rápido y se baja de la cama para comenzar a quitarse la ropa, pero chilla cuando la puerta se abre de golpe, me enojo y rápido me pongo de pie y le apunto a ese que se atrevió a entrar de esa forma.

—Al parecer ya quieres morir —mascullo apuntando justo a su cabeza, palidece bajando la mirada

—Señor

—Samuel nadie entra así a mi habitación, estaba

—Alexa —el nombre que sale de sus labios hace bajar mi arma, el deseo se me va de golpe porque puede ser una mala noticia, Sam levanta la mirada y medio sonríe, cosa que me calma —la señora ha despertado —un jadeo escapa de la boca de Amelia, yo, sin embargo, salgo corriendo de la habitación, necesito verla para saber si es verdad, ¿estaré soñando? He soñado esto miles de veces, pero cuando entro a la habitación la veo y sé que no es un sueño, Alexa está sentada en la cama mientras unos doctores la examinan, yo me acerco con cuidado a ella

—Lucas —murmura mirándome algo confundida —¿qué pasó? —aparto al doctor que estaba frente a ella, llevo mis manos a su rostro y sonrío encantado con sus ojos, estoy mudo, las emociones me han atropellado dejándome desconcertado —Lucas

—Mereces un castigo —digo sonriendo —atrapaste una bala que no era tuya Lexi, eres una ladrona

—No me llames así —gruñe y sin pensarlo dos veces pego mis labios a los suyos, me dejo llevar por un loco impulso y jadeo contra sus labios, no me importa lo que ella piense o lo que los demás piensen, simplemente por primera vez me dejo llevar con ella hasta que sus manos en mi pecho me alejan un poco y el beso se rompe, Alexa no solo me mira confundida, también algo avergonzada y me alejo de ella al saber que cometí un error.

—Llevas más de una semana dormida —sus ojos se abren como platos —menudas vacaciones en los malos tiempos, esposa, ¿no que decías que estarías conmigo en las malas? Te dormiste —sonríe un poco

—Mi hija —su sonrisa se borra —Sophia —ella intenta levantarse, pero se marea y la atrapo a tiempo para que no caiga al suelo

—Estás muy débil, quédate en la cama

—Necesito ver a Sophia —asiento

—La buscaré —la dejo sentada y rápido me dirijo a la habitación de Sophia, nuestra hija, abro la puerta, pero no veo a nadie, me acerco a la cuna que está vacía, mi ceño se frunce y camino por la habitación, abro la puerta del baño solo para ver a la niñera ahí, está sin vida en el suelo y entonces entiendo que nada bueno ha pasado.




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