Enamorarse es una experiencia que podemos describir como una droga, una dosis de felicidad y perfección que desactiva por completo la razón. De repente, todo lo que antes parecía claro y evidente se vuelve confuso. La mente se apaga, el corazón toma el control y nos cegamos ante las señales que están frente a nuestros ojos pues estamos demasiado perdidos en la emoción para verlas. La pasión y el deseo nos envuelven tanto que las advertencias que nos da la razón se desvanecen. Hacemos de todo y todo por amor, por demostrar lo mucho que la otra persona nos importa, cosas que en otras circunstancias quizás nunca habríamos hecho, de ahi, el decir que uno enamorado es tonto, pues a veces damos y nos entrgamos plenamente a personas que no saben como amar o como gestionar algo tan hermoso, intenso y bueno, pues quizas nunca tuvieron una relacion sana o simplemente no saben como asimilar, aceptar y corresponder a todo ese paquete que uno entrega cuando esta verdaderamente enamorado, pero tambien hay muchos peligros que corremos en este estado.
El peligro de la ceguera emocional: Lo peor no es enamorarse, sino enamorarse de una persona que no sabe amar. Cuando caemos en una relación con alguien que no tiene la capacidad de amar de manera saludable, nos encontramos atrapados en un ciclo de dolor. Las palabras vacías, las promesas incumplidas, las acciones que hieren en lugar de sanar, todo esto se convierte en un patrón destructivo que el corazón ignora, mientras la mente lucha por abrir nuestros ojos. Nos dejamos envolver por un amor que no sabe amar, que no sabe cuidar, respetar y proteger los sentimientos del otro.
La responsabilidad afectiva en el amor: El verdadero peligro radica en la falta de responsabilidad afectiva. Amar no es solo dar sin recibir; es también ser consciente de lo que nuestras acciones y palabras pueden provocar en la otra persona. La responsabilidad afectiva implica ser claro con lo que sentimos, ser honestos con nuestras intenciones y comprender que el amor debe ser compartido. Es importante saber comunicarnos con quienes amamos, que sepan lo que nos gusta, lo que nos hace feliz, lo que nos lastima y es también nuestra responsabilidad preguntar por lo mismo, pues si amamos de verdad, debemos hacerlo con responsabilidad, cuidando a la otra persona tanto como nos cuidamos a nosotros mismos. Es fácil perder de vista que el otro también es vulnerable, que el otro también tiene emociones y que el amor no debe ser egoísta ni dañino.
Un amor consciente y responsable: El reto, entonces, es aprender a amar de una manera diferente, a amar con conciencia. Es vital que nuestra forma de amar sea saludable, que nuestras palabras y nuestros actos estén alineados con lo que realmente sentimos y lo que realmente queremos. No podemos esperar que alguien nos ame de manera responsable si nosotros mismos no somos capaces de hacerlo con nosotros mismos y con los demás. El amor no debe ser un juego de egoísmos ni de engaños. Debe ser un espacio en el que ambas partes puedan crecer, aprender, sanar, llenarse de felicidad y cuidarse mutuamente.
#1714 en Otros
#56 en No ficción
#336 en Relatos cortos
reflexiones sobre el amor, reflexiones de vida y amor, experiencia de amor
Editado: 23.01.2026