El amor de Dios es el único que no falla. No importa cuántas veces caigamos, ese amor siempre está ahí, inquebrantable. Amar a los demás, entonces, se convierte en un reflejo de cómo hemos aprendido a amar desde la fe: con compasión, sin condiciones y sin juicios. A veces, el amor humano puede desmoronarse, pero el amor divino permanece. En los momentos de duda y dolor, la fe nos recuerda que el amor es eterno, y que, al final, el amor que hemos dado y recibido desde el corazón de nuestra espiritualidad, es lo que nos sostiene.
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reflexiones sobre el amor, reflexiones de vida y amor, experiencia de amor
Editado: 23.01.2026