La conocí sin buscarla. Fue como esos archivos que aparecen de la nada, y de pronto te das cuenta de que no sabías que los necesitabas. Al principio solo hablábamos, compartíamos tonterías, memes, anécdotas, chismes... pero poco a poco se fue formando algo más. Ella empezó a conocer partes de mí que nadie más conocía, y yo, sin darme cuenta, estaba construyendo un espacio dentro de mí solo para ella.
Hubo miradas que decían más que mil mensajes o mil palabras, silencios que nos hacían sentir cómodos, momentos donde su risa era todo lo que quería escuchar. Y luego, un día, se lo dije. Le dije que la quería. Que veía un futuro juntos. Que quería hacer las cosas bien. Que no era una ilusión, era certeza. Y por un tiempo, lo creyó también.
Vivimos lo que pudimos. Lo que nos dejaron. Lo que la vida nos permitió. Y aunque no todo fue perfecto, hubo instantes que sí lo fueron... y eso basta para que duela después.
Pero como todo lo real, lo difícil, lo bonito… también tuvo su final. Ella siguió otro camino. Tal vez encontró a alguien más, tal vez solo necesitaba reencontrarse consigo misma. Me dejó con palabras sin terminar, con planes congelados, con recuerdos que a veces me abrazan y a veces me apuñalan.
Pasaron los días... y a veces aún la pienso. En el semáforo. En una canción. En el olor del café. En el silencio de una noche larga, en las páginas de un libro que ella me recomendó. Y si algún día, estando ya con alguien más, me preguntan por esa caja llena de cartas, por esa playlist privada, por esos escritos que llevan su nombre escondido, no voy a mentir.
Diré:
“Fue alguien que me marcó. No porque fue perfecta, sino porque fue real. Porque me hizo creer en el amor cuando todo era incierto y mi corazón se encontraba bloqueado, negando la posibilidad de volver a amar. Y aunque ya no esté, me ayudó a ser quien soy. Me ayudó a crecer y mejorar en todos los aspectos de mi vida. No la amo ya, o al menos no en un aspecto romántico, pero la quiero, aprecio, estimo mucho, respeto y recuerdo con cariño. Y no me arrepiento de haberla amado.”
Y así, sin odio, sin rencor, sin mentirme... aprendí a seguir. A construir nuevas memorias, nuevos “te quiero”, nuevas historias, buscando encontrar y recibir, por fin, ese “Te amo”.
#1714 en Otros
#56 en No ficción
#336 en Relatos cortos
reflexiones sobre el amor, reflexiones de vida y amor, experiencia de amor
Editado: 23.01.2026