En la cafetería, el aire pesaba. Paola, con una sonrisa amarga, soltó la estocada final. No solo se habían intercambiado ante las hermanas: "Alejandro se hizo pasar por Leonardo delante de Sara... nos repasaron a todas".
Sofía intentó negarlo, pero Sara, con la mirada perdida en un punto fijo, recordó la noche del colegio, afirmó que Leonardo estaba con ella “supuestamente”.
- “Leonardo estaba conmigo", sentenció Sofía.
El rompecabezas encajó con un estrépito sordo. Sara confesó que Alejandro le había confesado una vez que se había hecho pasar por Leonardo, pero algo inofensivo, que era la primera y única vez que lo hacía. Ahora, la náusea de no saber a quién habían besado o con quién habían compartido secretos las consumía.
En una calle cercana, los gemelos interceptaron a Nicolás. La arrogancia de Alejandro y la ansiedad de Leonardo chocaron con la nueva seguridad del chico.
Nicolás, sin inmutarse, les dio una lección de madurez. Les explicó su amor platónico por Sara y su rechazo, y luego su amor real por Sofía... y su rechazo. "Ella me dijo que no podía aceptarme porque te ama a ti, Alejandro".
El silencio que siguió fue sepulcral. Los gemelos comprendieron que habían destruido sus relaciones basados en chismes y paranoias, sin siquiera tener la decencia de preguntar.
Paola no se quedó de brazos cruzados. Mientras las hermanas decidían ignorar a los "malditos" gemelos en el colegio, ella comenzó a usar a Nicolás como su pieza de ajedrez.
En la sala de los gemelos, Nicolás ayudaba a Paola con química ante la mirada atónita de Alejandro. Incluso se ofreció a llevar a Fernanda a una boda, ganándose la confianza de la madre. La tensión estalló cuando Alejandro intentó "bromear" con Paola.
Leonardo, carcomido por la culpa, fue a casa de Sara. La escena en la puerta fue desgarradora.
Leonardo se arrodilló. Confesó todo, sin saber que ella ya lo sabía por Paola.
No hubo gritos, solo una pared de madera que simbolizaba la confianza rota. Sara se quedó pegada a la puerta, llorando en silencio; Leonardo se quedó fuera, habiendo perdido su "perfección" para siempre.
Para cerrar el capítulo, Paola ejecutó su jugada maestra. Sabiendo que Alejandro espiaba tras la puerta de su habitación, atrajo a Nicolás y lo besó. Fue un beso calculado, una herramienta de poder.