Amores Robados

Capitulo 15

El patio del colegio Santa Clara respiraba un aire de alivio tras los exámenes finales. Sofía se sentía triunfadora, habiendo enfrentado las hojas de papel con una calma que antes no tenía. Pero esa paz se rompió cuando Leonardo apareció en el horizonte.

  • ¿Es que tú no entiendes? No queremos hablar con ninguno de ustedes —espetó Sofía, con una agresividad que nació de su decepción. Sara, siempre tratando de mantener el equilibrio, intentó calmarla, pero Sofía fue tajante: "Yo no quiero ser amiga de tipos como este".

Cuando Sofía se marchó, Leonardo se quedó solo con Sara, esperando una rendición que no llegó.

  1. los vamos a perdonar nunca —sentenció Sara—. El hecho de que haya decidido hablarte no quiere decir que te he perdonado.

Leonardo comprendió en ese momento que la "Sara diplomática" era mucho más difícil de recuperar que la "Sara enamorada".

En la cafetería, Alejandro intentó su última jugada. Se acercó con la confianza de siempre, llamándola "chiquita", pero se encontró con una mujer que ya no reconocía su autoridad emocional.

  • Ya no soy tu chiquita —le frenó en seco.

Alejandro, desesperado, apeló al amor que ambos sentían, pero Sofía le dio una lección de realidad: "Te equivocas, uno de los dos no está queriendo". La bomba estalló cuando ella le restregó en la cara que sabía todo: el engaño con Paola, el uso de Leonardo como peón y su propia suplantación ante Sara.

  • ¿Cómo pretendes que olvide todo y vuelva contigo como si nada? Me has decepcionado grandemente. Sofía se alejó, dejando a Alejandro en el centro de la cafetería, solo con su arrepentimiento tardío y el peso de una farsa que le costó lo único que realmente le importaba.

Mientras los gemelos se hundían en sus propios errores, Nicolás demostraba que era, en toda esta historia, quien estaba aprendiendo una valiosa lección y que la estaba aprovechando al máximo. Alcanzó a Paola en el pasillo y, notando su incomodidad, la invitó a la cafetería para aclarar "el beso".

Nicolás, con una nobleza infinita, le quitó el peso de la culpa a Paola:

  • Sé que no sientes nada por mí, no sé qué te impulsó a besarme, pero estoy seguro que no fue por amor.

Paola, desarmada por la honestidad de Nicolás, se hundió en una silla. Ya no era la prima seductora y manipuladora; era una chica rota buscando una salida.

  • Necesito que me ayudes... tengo que sacarme a alguien del corazón.
  • Aquí estoy yo —respondió Nicolás, tomándole las manos.

En ese momento, Nicolás se convirtió en el "ancla" de Paola, ofreciéndole una amistad sincera que ella nunca había tenido, lejos de los juegos de poder de sus primos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.