Amores Verdaderos: Te Encontré

CAPÍTULO 2

Me levanté lentamente de la cama, hoy era sábado y saldría con mis amigas. Me aseé rápidamente y me dirigí al comedor, en el pasillo me encontré con mi hermanito.

─ Buenos días pequeñín.

─ Buenos días hermanita. ─ Responde alegre. Benjamín ama los sábados ya que tiene clases de música y natación.  

─ ¿Ya estas listo? – pregunto, mientras él me muestra su mochila lista.

En cuanto llegamos al comedor observamos el delicioso desayuno y también vemos a papá, él nos pregunta sobre lo que hicimos durante la semana y después se retira con Benjamín.

Opto por ir la cocina, allí me encuentro con Lucero, mi nana, bueno la nana de mi hermano y mi nana. 

─ ¿Cómo amaneciste dulzura? ─ Me pregunta dulcemente mi nana, sonrió ante eso.

─ ¡Feliz! ─ contesto. ─ ¡Feliz como una perdiz!

─ Te veo muy contenta, debiste extrañar a tus amigas.

─ Un poco, bueno si ─ respondo, claro que extrañé a mis amigas, aunque ese no es el motivo de mi alegría, hoy tuve un precioso sueño.

─ ¿Qué pasa por esa cabecita?

─ Nada

─ ¿Nada?, eso me suena a mmm… ¿Qué pasa? ¿No me contarás?

─ No pasa nada. ─ Respondo y Lucero vuelve a observarme. ─ Bueno si…pasa que tuve un sueño muy bonito.

─ ¿Qué soñaste? ─ Me pregunta muy interesada.

─ Soñé con una bonita rosa y… también con la persona que me dio la rosa, bueno no con la persona, pero si con unos ojos, los ojos de la persona que me dio la rosa.

─ ¿Lo conoces? – me pregunta arrugando la nariz e intuyo que de ella aprendí a hacerlo. Niego lentamente, mientras me sostengo sobre la mesa y pienso. Definitivamente no lo conozco. ─ Sabes pequeña, una vez me contaron que…

─ Lucero, por favor necesito que me ayudes, sube a mi habitación. ─ Indica la voz de mamá a través de una radio.

─ Si señora. ─ Responde Lucero y se levanta para ir con mi mamá. ─ Nos vemos más tarde dulzura.

[…]

Rápidamente se pasó la tarde, elegí un vestido hasta las rodillas de color blanco con un bonito cinturón y sandalias bajas.

Mientras Sandy me peinaba y maquillaba nos dedicábamos a hablar de todas las cosas que se nos ocurrieran.

─ ¿Extrañaste a tus amigas Aysel?

─ Si, bastante.

─ También extraño a mis amigas. Pero ahora estas lista para empezar una vida nueva con nuevos amigos.

─ Algo así, sin embargo, extrañaré a mis amigas.

─ ¿Vivirás en la universidad?

─ No, sabes que no puedo dejar a Benjamín.

─ Lo sé, pero si un día te vas, cuidaría mucho de él, sabes que es como un hermano para mí.

─ Lo sé Sandy y gracias por eso.

─ ¡Ya estas lista! ─ Exclamo Sandy emocionada.  

─ ¡Gracias Sandy! ¡Me encanta! ¡Eres muy buena! ─ Respondo mientras observo mi reflejo. Sandy realmente hacía un buen trabajo, tenía 20 años y desde hace poco trabajaba en casa, aunque la conocía desde que tenía cinco o seis años, era la hija de una amiga de Lucero, desde que nos conocimos fuimos muy unidas.

Me coloqué los regalos de papá y juntas salimos de mi habitación, Sandy me llevaría a la reunión, aún nos quedaba una hora para llegar.

Antes de salir quise despedirme de Benjamín.

─ Hola pequeño, ¿Cómo fue tu día?

─ ¡Hermanita! Hoy te ves preciosa.

─ Gracias pequeñín, creo que ya debo irme.

─ Está bien, mañana saldremos ¿verdad?

─ ¡Claro que sí!, descansa.

Después de media hora llegamos al restaurant, uno de los más concurridos, ingreso junto a Sandy y el mesero nos lleva a la mesa que reservó papá.

 

─ ¡No te comas todo!

─ ¿Por qué? ¡Están deliciosos y trajiste todo para mí!

─ ¡No! ¡Deja de comer!

 

─ ¡Aysel! ─ Logró escuchar por fin el grito de mi mejor amiga, Grace.

─ ¡Grace! ¿cómo estás? ─ me levanto para darle un abrazo.

─ Bastante bien. Aún más ahora que te veo. Te extrañe demasiado, no tenía con quien hacer travesuras.

─ Yo también te extrañe ¿cómo te fue en tu viaje?

─ ¡Feliz cumpleaños 18! ─ Dice sonoramente y vuelve a abrazarme.

Nos dedicamos a hablar de muchas cosas hasta que llegan todas mis amigas y pedimos algo de comer. Después Grace me indica que ya se va, apenas hace unas horas había llegado de un corto crucero y ya debía irse otra vez. Grace amaba viajar y estaba aprovechando al máximo las vacaciones antes de iniciar la universidad.  

─ Cuídate Aysel, dale un beso de mi parte a Benjamín, y no olvides darle esta caracola, estuvo muy insistente.




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