Amores Verdaderos: Te Encontré

CAPÍTULO 8

DIEZ DÍAS DESPUÉS

DANIEL

Nuevamente me encontraba en este lugar. Sentado en este hospital en el mismo lugar que hace 10 días atrás. Mamá estaba conmigo y se veía bastante mal, su semblante estaba pálido, sus ojos con sombras debajo sin aquel brillo que los caracterizaba, había bajado mucho de peso, e incluso Noelia había mencionado que algunas ocasiones mamá no podía dormir.

Además, ayer mamá había despertado con fiebre. Hicimos de todo para disminuir su temperatura y solo hasta hoy habíamos logrado reducir algunos grados. A pesar de ello mamá continuaba diciéndonos que estaba bien.

 

Rebeca Durand ingrese por favor.

 

Escuchamos en el altavoz.

Una enfermera se acerca a nosotros y ambos nos levantamos y la seguimos hasta encontrarnos con el médico, quién nos recibe y después de un parco saludo nos sentamos.  La enfermera amablemente nos pide que nos sentemos, del folder que lleva en sus manos le entrega al médico un sobre y se sitúa junto a él.

El médico abre rápidamente el sobre, lo lee dos veces y levanta la mirada hacia mamá. No dice nada y la impaciencia va recorriendo mi cuerpo. Empiezo a morderme los labios mientras espero.

[…]

Probablemente a estas alturas debía encontrarme preparado para lo que iba a escuchar.

Pero jamás podemos estar preparados para estas cosas.

Nunca se puede estar listo para esto.

 

Quería no creer que mamá estaba enferma. A pesar de que el médico nos otorgó los resultados aún tenía la esperanza de que todo fuera falso

Fueron tres palabras que terminaron por provocarme un dolor en la cabeza y aún podía escuchar la voz del médico, repitiendo y repitiendo una y otra vez el diagnóstico, mientras la enfermera decía que era necesario internar a mamá de manera urgente.

 

Leucemia mieloide aguda.

 

Y aún seguía resonando en mi cabeza.

¿En qué momento paso?

Debí haber notado algo en mamá, debí haberlo hecho y no lo hice.

No fui lo suficiente atento.

No fui lo suficientemente observador.

Ahora mamá está internada en una de las habitaciones. El pasillo donde estoy se encuentra algo vacío, lo único que observo es la rápida caminata de médicos y enfermeras.

Aún siento el miedo que me estremece mientras pienso.

En mi madre.

En Noelia.

 

La vida era demasiado injusta.

Fue suficiente perder a mi padre.

Lo soporté.

No recriminé nada en esa ocasión porque quizá él fue quién buscó eso. Quizá él lo quiso así.

Y lo perdoné, el haberme dejado, el habernos abandonado.

Y Noelia…ella sufrió tanto o más que yo, no merecía pasar por esto,

Y mi madre…el soporte de nuestra familia.

Sin ella terminaría derrumbado.

No podría continuar sin ella.

No podría.

 

Luego de permanecer algunas horas, una de las enfermeras me indica que mamá deberá quedarse tres días, principalmente debido a la fiebre. Si darme cuenta había empezado a caminar y había llegado hasta uno de los parques del hospital. Se encontraba vacío y yo me sentía derrotado.

Sentía los rayos del sol sobre mi cabeza, con la misma intensidad que siempre, nada había cambiado, veía a la gente caminar fuera del hospital, algunos tomados de la mano, otros apurados para llegar a casa o al trabajo.

Nada había cambiado, pero mi vida si estaba cambiando.

Sin querer una lágrima rebelde escapaba de mis ojos.

Solo podía pensar en mamá…

[…]

Llegamos juntos del hospital y ahora regresaba a casa solo, sin mamá.

Necesitaban evaluar el caso de mamá de la mejor manera posible. Era algo tarde así que fui rápidamente a casa, pensando en Noelia, y lo que debería decirle, no quería mentirle, pero tampoco quería hacer de cuenta que nada estaba pasando, Noelia era muy perspicaz, pronto se daría cuenta.

Luego de tomar el transporte, llegué a casa. Se sentía silenciosa, vacía. Me asusté y rápidamente ingresé, Noelia estaba acostada en uno de los sillones de la sala. Totalmente dormida. Cuando me acerqué pude notar que había estado llorando.

Acaricié su cabecita mientras susurraba su nombre, pronto Noelia abrió sus lindos ojitos, los cuales se encontraban rojos y algo hinchados, se incorporó rápidamente mientras me preguntaba por mamá.

Me quedé en silencio un momento, el cual fue suficiente para que Noelia sospechara.




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