Amores Verdaderos: Te Encontré

CAPÍTULO 9

VARIOS MESES DESPUÉS

DANIEL

El tratamiento de mamá había empezado desde el día que se le había realizado el diagnóstico, en cuanto fue internada realizaron todos los análisis que aun necesitaban y determinaron los tratamientos a aplicar.

El principal: Quimioterapia.

Y hasta momento había sido efectivo ya que se detuvo de cierta manera el incremento de la enfermedad, sin embargo, las consecuencias de este tratamiento eran terribles en mi madre.  Había perdido todo el cabello, sus uñas se encontraban débiles, a veces apenas lograba comer después de someterse al tratamiento y en ocasiones al día siguiente apenas podía ponerse de pie. Había bajado aún más de peso y en su rostro ya no había aquel brillo de una mujer saludable. Se veía apagada. A pesar de todo siempre estaba pendiente de mi hermana y de mí.

[…]

Con algunas dificultades hacía un mes que había iniciado un nuevo semestre académico aun me faltaba cuatro semestres académicos para finalmente culminar mi carrera y graduarme como arquitecto. Si antes me gustaba venir a la universidad ahora me agradaba más ya que Aysel también estudiaba aquí.

El primer día de clases como todos los años, estudiantes de años superiores ayudaban a los nuevos estudiantes a conocer y familiarizarse con todos los ambientes de la universidad, usualmente esta actividad tomaba dos días y esta era la primera vez que participaba ya que solo los estudiantes de sexto semestre en adelante hacían esto.

Por sorteo, este año mi escuela se encargaría de los nuevos estudiantes de administración.

A pesar de lo mucho que conversaba con Aysel no se había ocurrido preguntarle sobre lo que estudiaría. Ese día lo supe.

Me correspondía dirigir al o a la estudiante número 31. Mientras que a Óscar le correspondía el número 50.

Fuimos juntos a buscar a nuestros futuros nuevos(as) amigos(as) ya que usualmente estas actividades ayudaban a crear lazos que incluso podía terminar en grandes amistades.  

El pabellón al cual nos dirigimos se encontraba repleto de estudiantes, nuevos, de la carrera y nosotros, los de otra carrera.  

Durante largo momento preguntamos a varias personas si tenían los números que nos correspondían y para nuestra sorpresa, principalmente para mi sorpresa, Aysel estaba aquí y no se encontraba sola, iba acompañada de otra jovencita y ambas parecían estar buscando a alguien. Rápidamente dirigimos nuestros pasos hacia ellas y para una mayor sorpresa Aysel tenía el número 31 y el 50 lo tenía la jovencita que la acompañaba, quien después supe, se trataba de su mejor amiga.

Lo cierto es que, sí, probablemente cupido ya me había flechado, pero no pensé ni consideré que en algún momento yo había actuado así y al parecer cupido había lanzado una flecha certera en el corazón de mi gran amigo quien actuaba de manera tal que quería darle un golpe.

En el momento en que vio a Grace se quedó mirándola, y al parecer el único flechado fue él ya que Grace no mostró ningún tipo de interés por él o al menos no mostró algún indicio.

Aysel y Grace eran amigas, muy buenas amigas, y dado que los cuatro nos conocíamos de alguna manera, decidimos realizar el recorrido juntos.

Durante media mañana realizamos el recorrido por distintos lugares de la universidad, principalmente, áreas de nuestra escuela, ya que los espacios ubicados en la escuela de Aysel no los conocíamos. Luego de nuestra caminata decidimos dirigirnos hacia la cafetería y descansar un poco.

En definitiva, yo tampoco podía dejar de ver a Aysel, me sentía feliz con ella a mi lado. Ella estaba preciosa con el vestido blanco que llevaba aquel día y hasta hoy podía recordarlo.  

Ese día pasó muy rápido y así fueron los siguientes entre los cuales aprovechamos las clases iniciales para encontrarnos de vez en cuando, principalmente los días que nuestros horarios coincidían.

Hoy había coordinado para verme con Aysel, quería estar un momento con ella y ya la estaba esperando en la cafetería, Óscar ya se había, luego iríamos juntos al trabajo.

Después de unos minutos observé ingresar a Aysel por la puerta, llevaba un vestido celeste, y era imposible que no se viera preciosa, su bonito cabello se encontraba suelto y parte de este se encontraba atado con un lazo que la hacía verse tierna y angelical. Se acercó rápidamente hacia donde me encontraba ya que este era el lugar habitual donde solíamos encontrarnos.

─ Daniel, hola…lo siento demore unos minutos.

─ No te preocupes, me alegra verte.

─ Eres correspondido, me siento así cuando te veo. Feliz. ¿Pedimos algo?

─ Claro. ─ Ambos dejamos nuestras cosas y nos dirigimos hacia la zona de pedidos.  

─ Limonada y galletas para mí. ─ Dice Aysel, y no puedo evitar sonreír debido a que es algo que suele pedir la mayoría de las ocasiones.

─ Lo mismo por favor. ─ Repito y Aysel me sonríe.

─ ¿Tu familia se encuentra bien?

─ Si ellos están bien gracias. Tu mamá y Noelia ¿cómo están?

─ Mamá está reaccionando favorablemente al tratamiento y Lia está asimilando la situación. ─ Respondo con un poco de tristeza, después recuerdo que quería preguntar por una personita. ─ Benjamín, ¿está bien? Me preocupe mucho por lo que le paso hace unos días.




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