Amores Verdaderos: Te Encontré

CAPÍTULO 29

AYSEL

Durante tanto tiempo me había sentido diferente. Siempre había pensado que había algo mal dentro de mí. En este momento sentía una sensación de alivio y a la vez miedo. ¿Podría ser cierto todo lo que creía que imaginaba?

─ Aysel, cariño ¡por fin respondes! ¿estas bien? ─ La voz de Teo denotaba completa preocupación.

─ Estoy bien, no te preocupes. ─ Respondí. ─ Voy a prepararme para ir a la compañía.

─ ¿Segura que estas bien? Ayer no estabas bien.

─ Teo, estoy bien. Necesito ir a la compañía. Podemos almorzar juntos ¿De acuerdo?

─ Está bien, pero no olvides avisarme si te sientes mal. Cuídate besos.

─ Besos para ti también.

Muy pocas veces me había excedido tanto con el alcohol, mi cabeza me lo estaba reprochando con todas sus fuerzas. La próxima vez lo pensaría antes de hacer lo mismo. Me preparé y vestí. A pesar de las pastillas aún había resquicios de malestar.

─ Señorita Aysel, buenos días. El señor Gustavo envió estos documentos, pidió que los revisara urgentemente. ─ Sari corrió hacia mi apenas llegué hacia la compañía.

─ Sari, gracias. Está bien. Por cierto, esa falda se ve fabulosa.

─ Gracias.

Fui hasta mi oficina rápidamente. Se encontraba impecable como todos los días, el personal de limpieza merecía un millón de agradecimientos de mi parte.

─ Sari, por favor, podrías traerme una taza con café, y unos panecillos. ─ Le indiqué por el intercomunicador.

─ De acuerdo, señorita Aysel. Lo mismo de siempre ¿verdad?

─ En esta ocasión no añadas azúcar por favor. Por cierto ¿tienes los documentos de la empresa elegida para el proyecto?

─ Sí.

─ Necesito revisarlos.

─ Se los traigo en un momento.

─ Gracias Sari. ─ Corté la llamada, los minutos parecían horas, necesitaba comunicarme con Daniel ¡ya!

En cuanto Sari ingresó a mi oficina con todo lo necesario, revisé los documentos con los datos de los representantes de la empresa, finalmente hallé los datos de Daniel.

─ Buenas tardes. ─ Respondió una voz. Era Daniel.

─ Daniel…hola, soy Aysel. ¿Podemos hablar?

─ ¿Aysel? Por supuesto.

─ ¿Te parece bien a la hora del almuerzo? Hay una cafetería cerca de la compañía.

─ Bien. Nos vemos. Cuídate.

─ Adiós.

[***]

 

DANIEL

─ ¿Desea pedir algo?

─ Un café por favor.

Habían pasado más de 10 minutos, Aysel aún no llegaba. Durante el tiempo que estuvimos juntos jamás había tardado tanto. ¿Podría encontrarse mal por lo de anoche?

Aún tenía la sensación de pánico en todo el cuerpo, al verla tan vulnerable. Apenas había dormido por el miedo de que algo le hubiese pasado.

─ ¡Daniel! ¡Lo lamento! Apenas y logré finalizar con algunos documentos.

─ ¡Aysel! ¡Siéntate por favor! ¡No te preocupes, no espere mucho! ¿Estas bien? ¡Anoche no te veías nada bien!

─ Al parecer di un buen espectáculo anoche…

─ Por supuesto que no. ─ Después de mucho tiempo volvía a observar las mejillas coloradas de mi Aysel. De mi pequeña. Se veía tan tierna…

─ Daniel, necesito hablar contigo de algo muy importante. Anoche yo…yo recordé algo. No estoy segura si todo es parte de mi imaginación o hay algo real en todo lo que pasa por mi cabeza…Puede sonar algo extraño, pero…desde que te vi…yo…yo sentí que ya te conocía desde antes.

─ Es lo mismo que experimenté yo. Pero también creí que podía ser parte de mi imaginación. Ese día fue especial. Después del accidente yo empecé a recordar muchas cosas de mi niñez, de mi vida con mi padre. Muchas cosas que había olvidado o no había querido recordar.

─ Lo siento por no estar contigo en ese momento. Lo lamento, yo… de verdad lo siento.

─ No hay nada que disculpar, querida Mini.

─ ¿Mini? ─ Aysel me observó con los ojos brillantes. ─ ¿Dan? ¿Eres Dan?

─ Sí, mi pequeña rubia, soy Dan. ¿Me extrañaste?

─ ¡Dan! ¡Aún no puedo creerlo! ¡Tengo tantas preguntas! ¡Necesito saber muchas cosas! Mis recuerdos…realmente no son lo que esperaba.

─ Esta bien, hablemos, pero no en este lugar.

─ Tienes razón. Cerca de aquí hay una playa, podemos hablar allí, usualmente estos meses no suele ser muy visitada debido al mal tiempo.

─ Me parece bastante bien.

El celular de Aysel empezó a sonar.

─ Lo siento. Debo responder…

Aysel se alejó de mí. Cada gesto que hacía solo provocaba que dentro de mí resurgiera todo lo que antes había sentido por ella. Definitivamente nunca sería capaz de olvidarla. Yo la quería…pero…la amaba mucho más.




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