Amores Verdaderos: Te Encontré

CAPÍTULO 30

AYSEL

─ Papá, llegaré pronto a casa.

─ ¿Ya saliste del aeropuerto hija? Debiste avisarme antes.

─ No te preocupes papá. Llegaré segura a casa. ¿Benjamín está contigo? ─ Pregunté ansiosa de encontrarme con mi hermano.

─ No está en casa. Salió con sus amigos.

─ Entonces no está Alejandro ¿verdad?

─ No hija. Salió junto a tu hermano.

─ ¿M…a…má está en casa? ─ Pregunté sin estar segura de como debía dirigirme a ella.

─ Sí hija, ambos estamos en casa.

─ Llegaré pronto papá. Te amo.

Hace algunos meses que había sido la última vez que había visitado esta ciudad y siempre había creído que esta era la única donde había vivido.

Suspiré.

Muchos pensamientos alteraban mi paz. Continué caminando, mientras me concentraba profundamente en todas las preguntas que tenía. Quería saber todo, necesitaba saber la verdad. Toda la verdad.

Antes de llegar, busqué el contacto de mi hermano y le escribí, Benjamín me respondió rápidamente.

 

“Te tengo una gran sorpresa”

“¿Cuál es?”

“Tienes que adivinarla. Jaja. ¿Estás en casa?”

“No, salí con unos amigos”

“¿Estas con Ale?”

“Sí”

“Diviértete”

“Gracias hermana, cuídate. Te dejo, seguramente ahora estas trabajando.”

 

Observé por la ventana del auto algunas decoraciones que indicaban la proximidad de una festividad. Sonreí por los recuerdos de todas las cosas que hacía junto a mi hermano, lo extrañaba mucho y quería poder darle un gran abrazo apenas llegará a casa. Sin embargo, el no estaría.

Cuanto más cerca estaba, más nerviosa me encontraba. Un ligero temblor recorrió mi cuerpo, podía sentir el rápido latido de mi corazón. Sentía que algo no estaba bien, deseché todos estos pensamientos, evidentemente todo estaba relacionado con lo que iba a hablar con papá. Era eso lo que me ponía nerviosa.

Apenas llegué a casa, bajé apresuradamente del auto. En la puerta principal me encontré con Lucero y Sandy, las saludé efusivamente, las había extrañado tanto, y la alegría de verlas había borrado momentáneamente el motivo de mi visita.

─ Mi pequeña, estás aquí. ¡Te extrañamos muchísimo! ─ Habló Lucero mientras me daba un gran abrazo. ─ Hacía tiempo que no venías a vernos. Benjamín también te esperaba, pero, hoy no está en casa.

─ ¡Estoy tan feliz de verte Aysel! ─ Sandy sonreía, mientras preguntaba todo lo que había hecho Aysel.

─ ¡Estoy tan feliz como ustedes! ¿Como estuvieron las cosas aquí? No pudimos hablar mucho. ¿Cómo están? ¿Benjamín está bien? ─ Apenas pude contener toda la ráfaga de preguntas que tenía.

Las tres continuamos el recorrido hasta llegar a la puerta de ingreso, el jardín se mantenía como siempre. Las flores aromatizaban todo el ambiente, papá salió de la puerta y corrió para abrazarme, ambos estábamos contentos de vernos después de mucho tiempo. Papá se veía tan saludable como siempre, aunque observé un pequeño atisbo de preocupación en su rostro.

─ ¡Mi Aysel! ¡Mi hija querida! ¡Te extrañé! ¿Has estado alimentándote bien verdad? ¿No vino Teo contigo? ¿Pelearon? ¿Cuál era tu urgencia?

─ ¡Papá son muchas preguntas! ─ Sonreí. ─ Estoy bien, no te preocupes ¿mamá está aquí?

─ No, hija. Acaba de salir.

─ Necesito que hablemos papá.

[***]

Me encontraba en la oficina de papá. Ya le había relatado todo lo que había descubierto, desde aquellos sueños que había tenido de niña, hasta el recuerdo de la casa, mi visita a aquella y las fotos.

Papá me observaba estupefacto, su rostro palidecía a momentos y repentinamente rompió a llorar. Durante unos minutos me limité a consolarlo esperando una respuesta. Papá llegó a calmarse, mientras observaba calmadamente cada una de las fotos, intuía de alguna manera lo que había pasado, únicamente esperaba la confirmación de papá.

Él se mantuvo callado durante largos minutos entre los cuales sonreía o ponía una mirada llena de nostalgia con cada una de las fotos.

─ Creí que jamás volvería a ver esto. ─ Dijo papá. ─ Han pasado muchos años. Creo que de tanto recordarlo había empezado a olvidarlo.

─ Papá ¿qué pasó? ¿ella es mi…? ─ Dudé en continuar.

─ Han pasado muchas cosas hija. Conocer todo puede ser difícil, no tomé la mejor decisión, pero, nunca encontré la valentía para poder hablar del pasado…

─ Papá, yo…yo…quiero saber lo que pasó. Todo lo que está en mi cabeza me tiene muy confundida, necesito aclararlo todo.

─ ¿Estas segura hija? ─ Papá me observaba con mucha tristeza.




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