La mañana siguiente a la decisión de Ana de escribir le llegó con una mezcla de emoción y ansiedad. Estaba decidida a liberar las palabras que había guardado tanto tiempo en su corazón. Había sentido un torrente de valentía en el jardín, donde Joaquín había sido su apoyo inquebrantable, y ahora, con la mañana iluminando su mundo, decidió que era el momento de dejar que su verdad fluyera sobre el papel.
Se sentó en su escritorio, mirando el espacio donde todo comenzó, un refugio que había visto su dolor y sus alegrías. Con una hoja en blanco delante de ella, se sintió calmarse en la penumbra de la habitación, sintiendo que el eco de beatriz la guiaba.
—¿Por dónde empiezo? —murmuró, sintiendo una oleada de ansiedad en su estómago.
El sonido del viento al pasar por las ramas la envolvió, y recordó el significado del jardín.
—Esto es un nuevo comienzo —se dijo a sí misma. Fue entonces cuando tomó su bolígrafo, y las palabras comenzaron a fluir como un río desbordado en su mente.
"Querido Javier,"
Escribió en la parte superior de la hoja, sintiendo cómo el sonido de su propio nombre provocaba una mezcla de nostalgia y tristeza. Al seguir con la carta, sus pensamientos comenzaron a organizarse.
"Han pasado muchas cosas desde que nuestras vidas tomaron caminos diferentes, y he hecho un viaje por mis propios sentimientos. Ha sido un proceso largo para encontrar la claridad y el perdón."
A medida que las palabras resonaban en su mente, el recuerdo de los momentos compartidos comenzó a florecer.
"Aprendí mucho de nuestra relación. Hubo días llenos de risas, pero también de dolor. Quiero que sepas que te agradezco por las lecciones aprendidas y los recuerdos que guardo, pero también debo reconocer que esa etapa en mi vida ha terminado."
Ana se detuvo por un momento, sintiendo que su corazón latía con fuerza. Las lágrimas comenzaron a asomarse a sus ojos, y sintió que el alivio empezaba a florecer.
"Lo que me gustaría más es dejar atrás ese dolor, esa promesa que una vez pareció significativa. Y aunque siempre serás parte de mi historia, quiero seguir adelante y vivir completamente el presente."
Con cada frase, sentía que una parte de ella se iba liberando. La angustia comenzó a desvanecerse en comparación con la fuerza que sentía en su relación con Joaquín. Sin embargo, aun necesitaba terminar la carta, un paso final hacia el cierre.
"Espero que encuentres también lo que buscas en la vida. Todos merecemos ser felices, y aunque no podamos recorrer ese camino juntos, te deseo lo mejor."
Ana leyó lo que había escrito.
—Es un buen cierre, un verdadero acto de amor hacia mí misma —susurró, sintiendo la valentía que había comenzado a florecer en su corazón.
En ese momento, Joaquín entró a la habitación, interrumpiendo suavemente sus pensamientos.
—¿Todo bien? —preguntó, notando que Ana estaba distraída pero con una expresión liberada.
Ana levantó la vista.
—Estoy bien. Solo... escribí una carta. Creo que finalmente estoy lista para soltar todo lo que guardaba de Javier —dijo, suavizando su voz para no romper el momento.
Joaquín sonrió, sintiendo que cada paso que daba Ana era un testimonio de su crecimiento.
—Eso es increíble, Ana. Estoy aquí para lo que necesites.
Ella sintió que una nueva oleada de confianza la inundaba.
—Quiero que seas parte de este proceso. Quiero compartirlo contigo antes de darle esta carta a Javier. Como un acto simbólico de dejarlo ir —dijo, sintiéndose más segura.
—Por supuesto, está en mi naturaleza apoyarte en cada paso. Estoy honrado de que lo compartas conmigo —respondió Joaquín, tomando un lugar a su lado.
Ana le mostró la carta, y Joaquín la leyó en voz baja, sintiendo la sinceridad en cada palabra.
—Esto es hermoso, Ana. Te enfrentas a tu pasado con una claridad admirable. —dijo, sintiendo el eco de la valentía que ella emanaba.
—Espero que esto me ayude a cerrar ese ciclo —respondió, sintiendo que el acto tenía un peso significativo.
—Lo hará. Es un símbolo de lo que has aprendido. Estoy aquí contigo, el viaje que has hecho es tan importante como el que queda por venir —afirmó Joaquín.
La conexión se hacía más fuerte con cada palabra que compartían, con cada mirada que se intercambiaban.
Ana, sintiendo la emoción en su pecho, decidió que era el momento adecuado para entregarle la carta a Javier.
—Voy a encontrarnos en el café, y cuando entregué la carta, cerraré este ciclo —dijo, sintiendo que la determinación se elevaba.
Joaquín le dio un pequeño beso en la frente, su apoyo incondicional repentinamente reconfortante.
—Recuerda, sean lo que sean las palabras que se dicen, aquí, en este momento, te quiero con todo mi corazón. Tienes a alguien que te respalda en cada paso —dijo Joaquín, sintiendo la intensidad de su propia conexión.
Ana sonrió, sintiendo una mezcla de gratitud y amor. Sabía que cualquier temor que pudiera surgir sería un recordatorio de que cada nueva historia comienza dejando atrás lo anterior.
Finalmente, Ana tomó su abrigo y se preparó para salir.
Mientras se dirigía hacia el café, sintió que cada paso la acercaba a un nuevo amanecer, a un despliegue de nuevas posibilidades. El aire fresco de Villanueva envolvía su ser, y aunque el camino estaba lleno de desafíos, estaba lista para enfrentar a Javier y abrir su corazón a lo que estaba por venir.
Al llegar al café, sintió que el amor y el coraje estaban de su lado. Era el momento de liberarse del pasado, y mientras el tintineo de las campanillas de la puerta sonaba al entrar, supo que cada latido la acercaba a un nuevo destino.