Anabella Luccini y la Espada de la justicia 2.0

2

Era el décimo día. Anabella estaba lista para viajar a Nitania. No dudaba en ningún momento en defender este mundo mágico. Además, los secretos de Elena la llevaron a conocer a Kith. No estaba arrepentida. Estaba agradecida y bendecida. El destino estaba marcado.

El padre la llamó desde el final de las escaleras. Anabella miró la hora. Eran las nueve de la noche. Mañana temprano vendrían por ella. Por ahora, compartiría una última cena con él. Viviría en Nitania, donde la alojaría su abuela.

Bajó a la cocina con la valija y la espada, dejándolas en el salón. Víctor había preparado unos trozos de bondiola a la criolla con una ensalada de papa y tomate. Se sentaron a la mesa para comer.

—¿En qué pensás?—Le preguntó Víctor.

—Tengo un destino, papá. Algunas personas lo mencionaron.—Le respondió con cierta inquietud en descubrirlo. Cortó otro pedazo de carne—. Mamá planeó demasiadas cosas cuando se exilió. Quizás descubrió algo.

—No lo sabes, Anabella. No te adelantes a lo que todavía no llega.

—Pero mamá tuvo una última Visión, sabía algo de lo que se aproximaba.—insistió. Víctor suspiro dejando los cubiertos sobre su plato. —Ya empiezo a preguntarme, ¿qué fue lo que le preocupó tanto desde esa última Visión? Eso podría explicar por qué escondió la flecha del Silencio, dándole indicaciones a Rosa. Hizo lo mismo conmigo.

—Anabella, por favor.

—Quiero saber.

Víctor sabía qué su hija no iba a parar. Buscaba respuestas. Bebió todo el vino de su copa. Se acomodó en la silla, echándose hacia atrás y recordó el año que conoció a Elena Trivok.

—Fue una reunión con unos amigos. Elena y Rosa Palmar era muy unidas, casi hermanas. Siempre marcaron que fueron huérfanas de alguna provincia. Nadie quiso hacer más preguntas. No era tan importante. Yo estaba ahí, aburrido y escuchando las tonterías de los chicos. Estabamos un poco borrachos. Me di cuenta cuando empezaron a cantar temas de Sandro. Elena se acercó a mí y empezamos a hablar. Teníamos una química irrompible.—Hizo una pausa, mirando a su hija—.Ella me contó que estaba embarazada. Vivía con Rosa en un departamento pequeño. Eran amigas desde el orfanato. También, me dijo que era una niña lo que estaba esperando ¡Me tocó el corazón! Además me resultaba una mujer muy hermosa.

Tuvimos citas, nos fuimos de viaje en varias oportunidades en el interior del país. Yo empecé a tener una responsabilidad y el placer de pedirle matrimonio a Elena. Cuando naciste, nosotros habíamos comprado esta casa, con mucho esfuerzo y ayuda de tus abuelos. Esa es la historia.

—¿Y, qué paso con Rosa?

—Como dije vivían juntas. Crecieron en el mismo orfanato, aunque nunca dieron el nombre. Alquilaron un pequeño departamento en Caballito. Consiguieron un trabajo en una fábrica de plásticos.

—Podría ser que mamá y Rosa eran dos exiliadas de Nitania. Tal vez, dos Mensajeras.—reflexionó.

—Es una buena observación, hija. Rosa podría haber sido la conexión y el apoyo durante todos estos años de tu madre, cumpliendo sus objetivos pendientes en Nitania.

Intentaba perdonar a Elena por ocultarles acerca de Nitania Especialmente, el riesgo de huir al final de una guerra, casi quebrando la línea que dividía los dos mundos. Si Elena se quedaba; todo sería revelado.

Anabella recordó la Visión. Era una fina línea de tono morado en medio del océano y el cielo. Justo, en el horizonte donde ambos se tocaban. Esa quebradura entre medio de ellas, parecía haber sido provocada hace unos años atrás. Ella se encontraba parada sobre el borde un precipicio, detrás de ella, escuchaba susurros. No descubría si eran energías enemigas o personas que intentaban advertirle algo que estaba por ocurrir.

Anabella miró sobre el hombro de su padre. Vio una pequeña estela de luz. Era un Espíritu solar flotando sobre la espada que estaba en el sillón de la casa. Anabella se quedó observándola. Lo que sea que pasaba, ella debía estar ahí.




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