Anabella Luccini y la Espada de la justicia 2.0

20

Estaba en el bosque Migor, quedaban marcas del enfrentamiento en el lugar. Algunos árboles habían arrancados y dañados durante la batalla. La espada de la Justicia seguía clavada sobre el piso. Nadie pudo sacarla, esperando que Anabella viniera por ella. Se acercó al arma. Tocó la empuñadura, la espada la reconoció y aflojó su fuerza para que ella pueda tomarla. La envainó. Al otro lado de su cinto, tenía una bolsa con polvos dimensionales. Miró a su alrededor. Sintió nostalgia. Este sitio merecía un cambio. Dejar ir su pasado. Volvió a desenvainar la espada de la Justicia, tocando con la punta el suelo. Una energía celestial inundo los alrededores, otorgándole los colores de la naturaleza. Anabella observó el proceso de vitalidad y magia.

El suelo empezó a temblar, creció césped poco a poco en todos lados. Los árboles fueron sanando, volviendo a tener el aspecto original. Sus ramas se restauraron, produciendo hojas y frutos como duraznos, manzanas y limones. Lentamente todo tomó una nueva vida. El lugar volvió a tener una segunda oportunidad.

Se abrió un portal y era Raguel. Se acercó. Se dieron un abrazo. El ángel observó la magia en el bosque Migor.

—Haz hecho un gran trabajo, Anabella. Estamos realmente agradecidos de tus servicios.—Dijo el ángel.

—Es mi trabajo, ¿verdad?

—Sí. Estoy tan orgulloso.

—Gracias, Raguel.

Se sentaron sobre una roca, observando el río Migor fluyendo con agua cristalina y limpia bajando hacia el Valle Holos.

Sin embargo, un nuevo problema se acercaba. Algo que no podía detener; los peligros del portal dimensional.

—Raguel.

—Ambos mundos serán expuestos.

—Ya lo sé. Estamos intentando todo lo posible para que ello no ocurra.

—¿Cómo?

—No digas nada. Ni llames la atención, ¿de acuerdo?

Se despidieron y viajaron en diferentes portales dimensionales. Ella regresó a su departamento en Valle Verde.

Los vecinos se ocupaban de sus tareas. Los niños disfrutaban su tiempo libre, corriendo por las calles, jugando a la pelota. Esa tranquilidad iba a desaparecer en cualquier momento. Escuchó una voz masculina. Era Lucas. Se dirigía hacia ella. Lo espero, cerró el portal deslizando la mano por la derecha del marco.

—Hola.

—Lucas, ¿qué haces acá?

—Solo vine a hablar.

—¿Desde cuándo te importo?—Se cruzó de brazos y levantó la mirada anteponiéndose a su hermano.

—Puedo ser una persona amable cuando tengo ganas, no soy el pillo que conoces.

El departamento estaba justo arriba de una librería y cafetería, donde podías escoger alguno mientras tomabas un café o té en los cómodos sillones de cuero sintético. Subieron las escaleras. Abrió la puerta de la residencia.

—Bueno, al grano para no agobiarte, Mensajera.

Dio un resoplido de resignación, giró hacia él le pidió que se siente, en tanto preparó el agua para tomar unos mates con su hermano. Se dirigió a la cocina. Era pequeña, solo cabían dos personas. Las mesadas de granito negro, un lavabo de cobre y los elementos de cocina ordenados. Preparó la pava al fuego, cargándola con suficiente agua. Solo unos minutos. Regresó con el set de mate y el termo de agua caliente.

—¿De qué quieres hablarme?—Le preguntó Anabella. Colocó la yerba en el mate.

—Necesito que me ayudes. No puedo hacerlo yo solo.

—¿Desde cuándo me pides ayuda? Presiento que no es nada bueno.

—La verdad que no, hermana. No eres la única que tiene problemas en Nitania.

—Bueno, Lucas, ¿qué pasa?

Él se sacó una cadena de plata donde colgaba una llave. Era la misma que vio en la Visión de la línea de los mundos.

—¿Qué haces con eso?

—Soy parte de un grupo de Conservadores de Nitania. Y, me dieron el cargo de guardián del portal dimensional, —respondió. Extendió el collar a ella— no puedo hacerlo. Tú has demostrado ser más poderosa. Lamento haberte causado problemas en el principio.

Anabella alzó una ceja. Estaba confundida. Su hermano le estaba pasándole una tarea muy importante, que él mismo estaba renunciando y buscó a la persona adecuada para cumplir con esa responsabilidad. Ella se negó, rechazando la Llave de Dimensiones. Lucas insistió, prometiéndole darle respuestas sobre Nitania y estar más cerca de ella, evitando tener que pelearse. Su hermano la admiraba, la envidiaba pero la comprensión que Anabella podría frenar la crisis entre los dos mundos.

—Eres el destino de Nitania, Ana.

Tomó la llave. Tenía el metal muy frío, sintiendo que traspasaba a su mano. Otro tipo de comunicación de los elementos de Nitania, perteneciente a la Orden de Mensajeros. Y, no solo era una llave. Era la Llave de la Creación, perdida desde la primera civilización de ángeles. Lo sabía por la Prueba de los Elegidos.

—Lucas…—dijo levantando la cabeza. Él no estaba allí. Se fue.

Anabella maldijo, se incorporó rápido. Miró a su alrededor. Lo buscó por la casa, llamándolo. Su hermano desapareció. Miró a llave en su mano.

—Ahora, vamos de nuevo…




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