Anabella se sentía complemente perdida. No se movió de su lugar ni siquiera se sentía segura junto a este hombre, que la transportó a otra ubicación. La incertidumbre del uso de magia de este joven era inquietante. Había aceptado la ayuda de un desconocido. Lo irónico, es que quiso protegerse a sí misma; en cambio, terminó empeorando su seguridad. Víctor, su padre, estaría enojado con ella porque pidió ayuda a un desconocido.
Intento memorizar el lugar, pensó que no podría estar muy lejos de la ciudad. El bosque era demasiado grande y con un gran follaje. En cuanto quisiera escaparse, terminaría más perdida y nadie la encontraría. Volvió a revisar su mano vendada. Quería creer que todo lo ocurrido era un sueño; del cual despertaría pronto. Sentía el dolor en su cuerpo golpeado. Confirmando que nada era un producto de su mente. Esto estaba sucediendo. Los miedos comenzaron a revelar el error que cometió ¡Estaba lejos de casa y perdida! Observó al hombre que no habló desde que ella se presentó como la hija de Elena. Le incomodaba el silencio. No obstante, la situación no era confiable en ningún sentido.
— ¿Quién eres? — preguntó ella. Se cruzó de brazos tratando de ser intimidante. Él no respondió. La muchacha sentía esa misteriosa mirada estudiándola. Luego, el muchacho se movió y ella se tensó.
—Un Mensajero de Nitania—contestó, después volvió a callar.
— ¿Quién eres?
— ¿Qué quieres saber? — preguntó él, apoyó su espalda contra el gran árbol.
—Absolutamente todo, – aseguró con gran decisión — primero, ¿Cómo te llamas?
—Soy Kith Osk.
— ¿Dónde estamos? —prosiguió.
—En Misiones, exactamente. Ellos perderán tu rastro en este lugar—respondió él.
En ese instante, escucharon unos crujidos de hojas. Eran pasos sigilosos que se acercaban por la derecha. Se oyó un gruñido de un animal. Los brillantes ojos del depredador examinaban el camino hacia ellos. Kith advirtió que la chica estaba por correr y gritar a la vez. Se movió rápido, colocándole una mano sobre la boca.
—No te muevas—le susurró Kith.
El puma corrió. Su boca se abrió enseñando sus afilados colmillos. En ese momento, un destello azul golpeó al animal en el hocico y cayó contra el suelo. Sin moverse ni omitir ruido alguno. Anabella quitó la mano del joven de su boca. La magia del hombre era peligrosa. Tenía que tener cuidado de no hacerlo enfadar. Vio al gran felino inmóvil sobre las raíces de un árbol. Kith tiró del brazo de la muchacha que, quería asegurarse que el puma no estuviera muerto. Se liberó con un codazo. Se encaminó al animal. Otra vez, el Mensajero la agarró del cuello de su remera.
— ¡Lo mataste! —lo acusó la muchacha. Se alejó de él— ¡No vuelvas a tocarme!
El acto de presenciar su poder contra el puma activó la alarma de peligro. La magia no era real, por supuesto. Él mencionó que venía de otro mundo, con magia. No tenía otra explicación para el uso de poderes mágicos y el portal mágico.
—Está dormido—dijo el Mensajero con paciencia—. La sangre de tu mano lo atrajo.
— ¡No vas a tocarme!—gritó.
El joven respiró hondo.
—No voy a lastimarte. Tu madre nunca lo perdonaría — dijo con calma —. Dame tu mano. Solo, quiero curarte.
Anabella retrajo su mano contra su cuerpo. Hubo una pausa. No se fiaba de él, aunque haya estado en el momento y lugar adecuado para salvarla del zombi.
— Entiendo que no quieras saber nada de mí. Pero, si no quieres ser una presa fácil en este lugar, déjame curarte.— dijo el Mensajero.
Él tenía razón. La venda estaba tan manchada, que no tardaría en aparecer otro depredador. Extendió su mano y se quitó la venda. Se notaba su piel irritada. Kith deslizó sus largos dedos sobre la suya surgiendo un chispazo azul que cerró la herida con un leve ardor. Anabella levantó su mirada gris al hombre. Se alejó. Se sentó sobre las raíces de un árbol. Kith decidió darle su espacio y se ubicó enfrente.
— Descansa. Yo me quedaré haciendo guardia por si aparece otro animal — dijo Kith sin mirarla.
— Te gusta dar órdenes a los demás, ¿no? — se burló.
— Bueno, si prefieres quedarte despierta más de ocho horas por mí, — respondió él. Se cruzó de brazos y giró su cabeza a ella — no tengo problema. Ayudaría a reponer toda esta magia que usé para protegerte, ¿Cómo dos veces seguidas...? Lo tomaré como agradecimiento.
— ¡Tampoco, te pases de listo conmigo!
Su sueño volvió a aparecer. El desierto y la ciudad abandona. Ella caminaba sin saber qué buscaba. No había ruidos. Un silencio absoluto. Se encontraba sola.
>>Anabella, búscame
Se despertó con el graznido de un pájaro. Vio el sol sobre ella. Se sentó con esfuerzo y quejándose. Miró a su alrededor, donde los colores comenzaban a presentarse. Sentía que todos sus músculos tensos. Mejor dicho, todo su cuerpo estaba hecho puré después de lo ocurrido. Llevaba la túnica de Kith encima, abrigándola de la noche. Él no estaba. Pensó investigar la zona. Se incorporó y metió una mano en los bolsillos de la túnica. Encontró objetos personales de Kith. Curiosamente, fue observando cada uno; un reloj dorado que indicaba las seis de la mañana; una bolsa de tela gruesa que contenía esos polvos mágicos; y, también encontró un mapa.