Anabella Luccini y la flecha del silencio 1.0

8

El sol iluminaba todo Nitania, las primeras horas de la mañana, siempre se trataban de las más productivas para los ciudadanos que se levantaban a abrir sus tiendas; los niños y adolescentes se preparaban para sus clases. Los Mensajeros habían regresado a los Volcanos a su territorio. En tanto los guardias se encargaban de los suministros del viaje, colocando las sillas y mochilas sobre los caballos, Anabella observó todo a su alrededor, ubicada a un lado del camino. El príncipe Mercury se acercó a ella. Lo miró, forzando una sonrisa. No importa cuántas veces quisieras burlarte del destino; este vuelve de diferentes maneras. Anabella era el legado de su madre, comprendía la visión.

—Grishland es una ciudad humilde. Toda una comunidad — dijo Gregorio Mercury.

— De acuerdo. — dijo Anabella con indiferencia.

—Ten cuidado con tus gestos y respuestas. No ofendas, no es necesario. Todos estamos apoyándote, ¿bien?

—Lo tendré en cuenta.

Kith y Riggs se acercaron hacia la muchacha junto a los caballos. Todo estaba listo. El príncipe estrechó las manos de los hombres, luego se despidió de Anabella. No obstante la visión le dio una razón para no marcharse sin concretar nada. Le debía esto a Elena. Asique, no estaba en circunstancias de renunciar. Kith le entregó las riendas de su caballo de pelaje castaño y las crines de un tono más claro. Ella se subió. Kith encabezaría el camino. Su caballo tenía un aspecto fantasmal. No era un animal normal. Se trataba de una criatura de piel escamada, en tonos azules y plateados que los rayos de sol reflejaban le daban unos efectos de tornasol. El trote del animal era un poco más rápido que un caballo común. Su rostro era más alargado, de ojos hundidos y blancos. Riggs iría detrás de ella. Las grandes puertas del reino se abrieron de par en par, dejándolos salir. Avanzaron por el estrecho camino, donde altos álamos añosos, rodeaban el camino.

El caballo de Anabella relinchaba a cada tanto. No obedecía, parecía que algo lo inquietaba. El guardia se burló con una risa. La joven giró su cabeza hacia Riggs, lo fulminó con la mirada. El muchacho la alcanzó.

— ¡Hasta a un caballo no le caes bien! — se mofó.

—Por esta razón, esperaba que Zaria nos acompañara. Tiene cerebro, al menos.

—Seguramente, entendió que una Estirada puede arruinarle el juicio.

— ¡Ustedes dos! — llamó Kith, deteniéndose a unos pocos metros de ellos — ¡Dejen de comportarse como niños!

—Yo no pensaba venir con ustedes. Especialmente con ella — respondió Riggs.

—Has venido por una orden del príncipe, no lo defraudes — le cortó el Mensajero —. Ahora, ayuda a Anabella con su caballo, ¿bien?

Riggs le indicó a la joven como sostener las cuerdas. Tenía que recorrer medio kilómetro para salir del reino de Valles Holos. Formaron una línea recta; primero estaba Kith, que conocía la ruta más segura. Luego Anabella que se perdía cada tanto con los relinchos de su yegua y por último, Riggs. La joven notó que el caballo de Kith sabía dónde dirigirse sin ayuda de su dueño. Descubrió una fina nube violácea en los pasos del peculiar animal.

— ¿Qué tipo de caballo es ese? — le preguntó a Riggs.

—Es un caballo de niebla — respondió, hundiéndose de hombros — Vienen del infierno. Supongo que es lo único que Kith pudo recuperar de su vida allí abajo.

— ¿Te echan del infierno por elegir un estilo de vida, que no sea torturar a los rebeldes o alimentar a las bestias?

—Teóricamente así es — correspondió Riggs —. No todos tenemos las mismas oportunidades, Estirada. Si quieres conocer más, puedes preguntarle a Kith. No soy tu enciclopedia.

— No tienes que ser tan amargado.

Anabella dirigió la mirada hacia el Mensajero, que estaba calmado montando. La yegua de ella trotaba sin darle una indicación a eso. Intentó frenarla, tensando las cuerdas. Pero, el animal seguía corriendo hasta llegar junto a Kith, quien actuó rápido, estirando su brazo y la detuvo.

— Perdón.

—No tires con fuerza, se asusta. Y confía en ella — le dijo. Anabella asintió.

—¿Cómo se llama tu...caballo de niebla?

—Felius.

Llegaron a una bifurcación, había un poste con dos letreros; a la izquierda, indicaba el sendero hacia la ciudad de Axia, y por el otro lado, estaba la ruta hacia Grishland. Kith dio un tirón a su caballo, empezó a trotar más rápido. Riggs pasó por delante de Anabella, a toda velocidad. Ella tiró de las riendas, logrando que su yegua obedeciera, finalmente.




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