Anastasia y el mundo de ella

Capítulo 41

           Hace lo que le pido pero nota que estoy cambiando de tema radicalmente, internamente ruego que lo deje pasar.

    —¿No caíste por él?

    Al parecer mis ruegos no han sido escuchados.

    —No —Esa pregunta no me sorprende, creo que en una comunidad de brujas es de esperarse—, caí por un cazador y la verdad ahora no me gustaría hablar de eso.

    —Oh, Dios, te entiendo yo jamás he caído, pero me moriría si lo hago por un cazador, dicen que es la sensación más hermosa y mágica que sentirás en la vida ¿Tú crees eso?

    —No sentí nada, sólo cansancio.

    Ella se detiene en seco, casi se le caen los platos de lo brusca que es al hacerlo, luego de estabilizarlos se gira y me mira sorprendida.

    —¿Cómo sabes entonces que caíste por él?

    Me encojo de hombros.

    —No lo sé, tal vez porque ya estaba enamorada de él antes de obtener mis poderes y sigo estándolo ahora.

    —No creo que hayas caído —Se gira y sigue caminando—, no sería justo, no puedes expresar tus sentimientos porque es un cazador y arriba ni siquiera sentiste la magia de haber caído.

    Ella niega y suspira, mientras yo siento que me hundo en mi maraña de sentimientos.

    Llevamos los platos a una gran carpa que está cerca del río, allí entro parada sin ningún problema, en su interior hay mesas plegables, las cuales están cubiertas de vajilla, también hay ollas y algunos otros utensilios de cocina.

    —¿Cómo consiguen los alimentos?

    —No podemos plantar porque nunca estamos tanto tiempo en un mismo lugar, a veces cazamos, pero no mucho porque no queremos arruinar el ecosistema y tampoco hay mucha variedad. Por lo que generalmente robamos en las grandes cadenas de supermercado, vivimos a base de arroz, fideos o cualquier producto que no se eche a perder rápidamente.

    —Pero el guiso de hoy tenía carne y verduras.

    —Porque ayer algunos fueron a la ciudad por provisiones, cuando lo hacen traen carne y verduras, también dulces para los niños, especialmente porque ellos no se ponen tan felices con la carne.

    —Es de entender, ellos no saltarán de alegría por tener que comer como se debe.

    —Sí y lo hacemos en las grandes cadenas porque no sufrirán las pérdidas, no tanto al menos, entre tanto que ganan, que pierdan un poquito no hace daño.

    Afirmo y evito hacerle comentarios, no importa lo que piense, hace años que hacen esto, estoy segura de que si hubiera otra forma ya lo habrían resuelto.

    —Para el combustible nos ayudan a conseguirlo algunas brujas, generalmente son aquelarres que alguna vez fueron ayudadas por la caravana.

    —Están bien organizados.

    —Sí, todos hacemos algo siempre, incluso los niños, ellos consiguen las ramitas para encender la fogata.

    El resto de la tarde pasamos paseando por el bosque, charlando de bobadas de la vida, nada en particular, sólo para pasar el tiempo.

    Cuando comienza a atardecer ella se marcha a hacer no sé qué y me deja junto a mí carpa, allí dentro se encuentra Keith, está recostado mirando al techo.

    —Hola —Sonrío al verlo y me recuesto en mi saco.

    —Hola ¿Lo pasaste bien?

    —Sí ¿Tú qué hiciste en todo este rato?

    —Ponerme al día con mi Abu y planificando cómo ayudarles con el combustible, la semana que viene se marchan y dependen de que les traiga combustible para poder irse.

    —¿Puedo ayudarte?

    —No, tú eres bruja, debes quedarte, yo iré con los otros hombres y traeremos el combustible, el miércoles las chicas irán a buscar víveres y luego iremos a llenar los tanques nuevamente.

    —De acuerdo, si necesitan ayuda, avísame.

    —Claro.

    Sonrío y cierro los ojos para descansar un segundo, vuelvo a abrirlos unos segundos después cuando siento que Keith toma mi mano, los vuelvo a cerrar nuevamente mientras la acaricia.

    Nos quedamos así un par de horas, hasta que se siente el delicioso aroma de la comida entrando por la abertura.

    En ese momento Keith deja de dibujar figuras en mi mano y se pone en pie.

    —¿Vienes? —Ahora extiende su mano hacia mí, la tomo y me levanto.

    Al salir rodea mis hombros con su brazo y me estrecha contra él, en un principio me siento incómoda, luego de unos segundos se lo agradezco porque me está cubriendo del frio y a la vez me da calor.

    Cuando la comida está pronta hacen sonar una campana, muy pocas personas se acercan, la mayoría ya están sentadas alrededor de alguna de las pequeñas fogatas que armaron. Con esa señal las chicas a las que les toca servir la comida se levantan y van por los platos, cuando vienen sirven y reparten.




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