Anastasia y el mundo de ella

Capítulo 27

     Cuando despierto estoy en una cómoda cama, no es la mía, aun así, consigo sentirme a gusto, aunque es probable que se deba al hecho de que estoy tan cansada que no importa si estoy cómoda o no, sólo importa que puedo descansar.

    —Al fin has despertado —Para mi sorpresa quien suena alegre a mi lado es Eze—, temía que tendría que llevarte a un hospital.

    —¿Qué hago aquí?

    —Le pediste a Tony un lugar para descansar y como estabas desbordando demasiada magia creyó que el mejor lugar para que la controláramos y te curemos es aquí.

    —Gracias —Me cubro hasta el cuello con la manta y acerco mis rodillas al pecho.

    —Ese idiota te hizo esto ¿Verdad?

    Mi labio inferior comienza a temblar, anunciando el inminente llanto, por lo que me pongo de espaldas a Eze y me cubro hasta la cabeza. Tengo que tomar varias bocanadas de aire antes de responder y aun así mi voz suena quebradiza.

    —No.

    Eso es todo lo que consigo decir sin perder totalmente el control, no quiero llorar y menos frente a él.

    —Está bien, tranquila —Frota mi brazo por encima de la manta, arriba y abajo, arriba y abajo, es un gesto realmente tranquilizador—, puedes confiar en mí, no tienes por qué mostrarte fuerte —Se queda unos segundos en silencio y cuando vuelve a hablar su voz suena tan triste como el día que lo conocí—. Al fin y al cabo no soy nadie, toda la descarga que hagas será sólo para desahogarte.

    —¿Por qué le odias tanto?

   Como me he movido tanto y casi no me ha dolido me abrazo a mí misma con más fuerza.

   Siento como si mi corazón fuera de cristal y ahora que está roto con cada latido un pedazo se clava en mi interior, haciendo que cada minuto duela más.

   ¿Se lo imaginan? Un corazón echo completamente de cristal, cuando se rompe miles de pedazos vuelan alrededor, clavándose en donde sea. Aun así, la mayor parte queda unida, sólo que ahora no es una lisa superficie, ahora está llena de puntas. Las que con cada bum bum se clavan en algún lugar de mi pecho, recordándome lo que he perdido.

    Además, las otras esquirlas que están perdidas por algún lugar de mi interior recién las encontraré cuando pase algo que me recuerde lo que jamás tendré.

    Como si no lo supiera ya...

    —Es porque siempre supe que él te lastimaría, que terminarían repitiendo la historia de la flor, sólo que ustedes no crearían una nueva planta porque él en realidad no te ama y su arrepentimiento no hará que la magia fluya.

    No respondo, debo morderme la mano para evitar que mis sollozos se escuchen.

    ¿Tan evidente es que no me ama? ¿Ni siquiera un poco como para que me acepte o al menos como para que no me odie?

    —Lo siento... —Eze nota que ha dicho algo que no debe, aunque en realidad no ha dicho nada mal— No debí decirlo de una forma tan cruel, sólo quería que entiendas mi perspectiva —Deja de acariciar mi hombro—. Ven aquí.

    No lo pienso ni un segundo, me levanto y escondo mi rostro en su pecho, permitiendo que me abrace y acaricia mi cabello.

 

 

    Vuelvo a dormirme, ahora en brazos de alguien a quien hasta hace unos días consideraba el idiota más grande del mundo.

    Cuando despierto es Tony quien está junto a mi cama.

    —Buenos días dormilona.

    —¿Días? —Miro hacia la ventana, el sol apenas ha salido, no soy buena calculando la hora pero supongo que apenas son las siete— ¿Cuánto tiempo llevo durmiendo?

    —No mucho, llegamos aquí como a las tres, despertaste la primera vez a la media hora y ahora son —Mira su reloj— las seis.

    —Con razón aún me siento tan cansada —suspiro y cierro los ojos—, creo que debo volver a casa, mi madrina debe estar histérica.

    —No, tranquila, ya la llamé y le dije que estaba todo bien, además ella te puede seguir por tus emociones.

    —Entonces está en un ataque de pánico... —Mi hermano de fuego sonríe a medias— Dicho sea de paso ¿Tú cómo me encontraste?

   —Sentí cómo volviste a desbordar poder a lo loco y con eso fue fácil localizarte.

    —O sea que cualquiera podía hacerlo.

    —No es momento para que te preocupes por eso, sigue descansando, necesitas mejorarte.

    —No —Me siento con un poco de dificultad—, tengo que ir a clases, por lo que necesito ir a casa a bañarme y vestirme.

    Para mi sorpresa tengo ropa limpia, por desgracia no puedo saber de quién es porque simplemente es una remera azul, lisa, sin nada característico.

    —¿Quién...? —Niego con la cabeza— No, déjalo, no quiero saber quién me cambió la ropa.




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