Anatomía de una Novela

La copción de una Novela

Nota

Por las dudas, lo diré: si por casualidad algún conocedor de las ciencias naturales (médico, biólogo u otra cosa similar) llega a leer lo que diré a continuación y nota algún error o algún detalle extraño, ténganme piedad. Esto de analizar la literatura como un sistema biológico es una simple analogía. Me dedico a la narración y a los sistemas informáticos, claramente la medicina no es mi campo…

Ahora bien, si nos proponemos estudiar cualquier cosa: ya sea un cuerpo humano, una máquina o, en nuestro caso, una producción narrativa; lo más normal sería empezar cuando nuestro sistema apenas ha comenzado a existir. Debemos centrarnos en ese preciso instante en que nuestro objeto de estudio pasa de no ser absolutamente nada a dar sus primeros pasos de su proceso evolutivo: el momento de la concepción.

En el capítulo anterior me puse un poco filosófico al hablar del “alma” de nuestra novela. Pues hoy me pongo mis lentes de científico loco y les contaré sobre como “nace” una buena historia.

Durante estos capítulos analizaremos todas las etapas: desde su concepción (la generación de ideas, escenas y primeros pasos), repasando cada una de las etapas de fase embrionaria (definición del tono, selección de narrador y las primeras promesa), hasta el día final del parto (cuando nuestra historia ya está lista para salir de nuestra cabeza y comenzar a crecer).

Así que preparen sus apuntes, y bienvenidos un día más a: Anatomía de una Novela

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Papá y Mamá

Si no han ido a la escuela desde que Aristóteles caminaba por los campos, pues les tengo una mala noticia: su teoría de la generación espontánea es falsa. Todo en este mundo nace de algo que existía con anterioridad. Desde los humanos, quienes necesitamos de nuestros ancestros para existir, hasta nuestras propias ideas.

Quizá te haya pasado, que un día estás sentado observando una mancha en el techo y de la nada das con la idea perfecta para una novela. Una idea brillante, con una trama espectacular y personajes de lo más interesantes. Tal vez sientas que esto vino de la nada, y que nunca has visto algo que se le parezca. Parece una historia cien por ciento original. Sin embargo, las cosas originales no existen. Todo las cosas se han creado a partir de algo anterior. Puede ser que no sepas de dónde haya salido esa inspiración, pero tu cerebro tuvo que sacarla de algún lado. Y conocer de dónde salen nuestras ideas, nos da una gran ventaja.

En el caso de los humanos es muy simple saber de dónde vienen. Todo niño tuvo un padre y una madre que le precedieron. Sin embargo, en el caso de las novelas, el asunto se vuelve un poco más complicado. Una novela puede tener muchos padres y muchas madres, incluso puede que ni siquiera conozcamos a la mayoría de ellos.

Los seres humanos aprendemos de nuestro entorno: aprendemos de lo que tocamos, de lo que vemos, de lo que oímos, de lo que leemos, de las personas con las que compartimos, de lo que vivimos día con día. Todas esas experiencias son las que moldean nuestra forma de pensar, nuestro proceso creativo y todo cuanto hacemos. Por lo cual, es normal suponer que esas ideas que se nos ocurren son una mezcla de todas las experiencias que hemos tenido. A fin de cuentas, las producciones narrativas nacen de las vivencias de los autores.

“Sí, claro. Muy bonita la teoría, ¿pero para qué me sirve a mí saberlo?” Me dirán.

Pues nos sirve para entender dos puntos clave:

En primer lugar, nuestro trabajo nacerá de aquellas cosas de las cuales nos rodeamos. Supongamos, por ejemplo, a una persona que ama las películas y las series de terror, cada día al llegar a su casa pone en la televisión algún programa de miedo. Entonces, sería completamente normal y lógico que si esta persona escribiera una novela lo hiciera de este mismo género. E incluso si no lo hiciera y, por el contrario, eligiera escribir una historia de amor, no hay duda de que esta se vería afectada por sus gustos y probablemente terminara tratándose de un romance con tintes de terror.

Tal vez esto les suene un poco exagerado, pero a mí me pasó personalmente. Yo soy una persona que ama las historias de fantasía. La magia y lo sobrenatural me han atraído desde que soy un niño. Soy fanático de autores como Sanderson, R.R. Martin, Ruffus, Stephen King, etc. Por eso, cuando me comprometí a escribir La Caída de Nisrán, una novela enteramente política, no pude evitar meter tintes de fantasía en la historia. De hecho, si tan solo leen el prólogo, lo último que pensarán es que se trata de una historia política.

Con esto no quiero decir que solo podemos escribir aquellas cosas las cuales solemos leer o ver. Pero sí que entendamos que estas cosas tendrán una gran influencia en nuestro estilo. De hecho, si ustedes son muy aficionados a un género en particular, los invito a tratar de escribir algo de un estilo completamente distinto; pues cuando los autores intentan cosas a las cuales no están acostumbrados suele dar como resultado obras muy originales.

En segundo lugar, nos sirve para entender que podemos nutrir nuestras producciones con materiales externos. Este punto es bastante sencillo: si todo lo que nos rodea influirá en nuestros escritos, ¿por qué no aprovecharlo? Supongamos que queremos escribir un thriller, pero no conocemos mucho ese género. Entonces lo que deberíamos hacer es “bañarnos” en él. Es decir, consumir tanto contenido de este estilo como sea posible. Ver películas, series, cortos, o leer cuentos, novelas y microrrelatos que sean de ese estilo para que nos ayuden a la hora de escribir nuestras propias historias.




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