Antes de nacer
Si al igual que yo, ustedes aman escribir, entonces sabrán muy bien que los textos no aparecen de la nada. Las letras no caen del cielo hasta tu computadora, ni mucho menos. Por más que nos gustaría, esas historias que nos imaginamos no salen automáticamente de nuestras cabezas y se traspasan al papel.
Es una pena, lo sé. Pero son las reglas del mundo en el que vivimos, y nos toca aceptarlas. Si queremos escribir un libro, un blog, una tesis o lo que fuera, tendremos que sentarnos tras la computadora y comenzar a teclear.
Sin embargo, nuevamente la cosa no es tan fácil. Nadie pone los dedos sobre el teclado y comienza a escribir por arte de magia, presionando teclas una tras otra sin dudar (o al menos a mí no me pasa).
No, para realizar una buena producción literaria hay muchas cosas que debemos pensar de antemano. Ahora que ya tenemos la idea para escribir, debemos planear y definir ciertos aspectos mucho antes de que nuestra novela nazca.
Y eso es en lo que nos enfocaremos durante estos capítulos, en ese período de desarrollo previo. En los primeros órganos vitales, que debemos definir mucho antes de comenzar a trabajar en nuestro proyecto.
Particularmente, en este capítulo nos centraremos en una parte indispensable en toda novela o escrito: el estilo.
Así que, sin más, les doy la bienvenida a Anatomía de una novela.
Hoy veremos: El período de gestación.

[Imagen en Magnific]
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El estilo de una Novela
La mayoría de los novatos, una vez que se nos ha ocurrido una idea que queremos escribir, tenemos la tendencia a dedicar inmediatamente todo nuestro tiempo al worldbuilding (cosa de la cual hablaremos más adelante) y solemos pasar un poco por alto algunos detalles que son igual o incluso más importantes. Al menos yo, solía comenzar a dibujar mapas, trazar líneas de tiempo y hacer cartillas de los personajes, tan pronto como las ideas caían en mi mente. Y, no es que esto esté mal, de hecho, en próximos capítulos veremos por qué es recomendable hacerlo y cuáles son las mejores estrategias para ello. Sin embargo, al concentrarnos tanto en estas cosas (las cuales son claramente muy divertidas), solemos olvidarnos casi completamente de otras decisiones que debemos tomar antes de comenzar a escribir.
Estas decisiones, son lo que respecta al estilo que utilizaremos en la novela.
La mayoría de los escritores no suele prestarle atención a esto del estilo, pues en mayor o menor medida podría decirse que puedes lanzarte a escribir sin pensar demasiado en ello. Pero también, has de saber que la mayoría de los errores que cometen los escritores novatos suelen darse en este punto. Por lo general, son tropiezos pequeños, pero cometerlos bajan significativamente la calidad de nuestro texto.
Por ello es importante que le prestemos atención, y seamos conscientes de qué estilo elegiremos para nuestra historia y cómo pulirlo y mantenerlo.
Dentro de lo que llamamos estilo de una novela tendremos varios aspectos para analizar, como: el tono, el ritmo, el narrador y los tiempos.
A continuación, nos centraremos en cada uno de ellos.

[Imagen en Magnific]
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El tono y género
Al igual que me pasó a mí, si recién están comenzando en este mundillo de la escritura es probable que no se hayan puesto a pensar mucho en esto del tono de su novela. Quizá incluso alguno se pregunte a qué rayos me refiero con esto.
Tal vez algunos, (esto también suele pasar bastante a menudo) definan inmediatamente el género de su novela, y jamás se pongan a pensar en qué tono utilizarán. Lo cual, a mi parecer, es un error.
Para explicarlo, primero que nada, les diré la diferencia entre ambos conceptos:
El género: es básicamente esa clasificación que le damos a nuestra historia. Es una convención comercial y estructural, para definir de qué tipo es nuestro texto.
Definir el género de nuestra novela no está mal. Después de todo, nos ayudará a saber dónde ubicar nuestra historia y a organizar nuestras ideas conforme a ese estilo. También les dirá a nuestros lectores qué esperar de ella, y nos ayudará a encontrar a aficionados a ese género en particular.
Sin embargo, desde mi punto de vista, definir el género al principio puede “recortar la creatividad”. Quiero decir, si desde el inicio nos proponemos algo como: “quiero escribir una novela romántica”, cerrándonos a las ideas de este género en particular; corremos el riesgo de encasillar nuestra mente a pensar en historias solo de este tipo. Sería difícil que, si te decides a escribir un romance, se te ocurrieran ideas dignas de una peli de terror. Es algo así como concentrar completamente tu atención en un solo tema, cuando hay un mundo por escribir. Básicamente, terminas encasillándote y quitando un poco la posibilidad de crear cosas locas y originales.