Andalucía en el Alma

CAPÍTULO 13 - Charla entre ellos y el cambio de animo .

Mientras su cuerpo sanaba poco a poco, las heridas del alma se hacían más visibles. Las conversaciones entre León y Romina dejaron de ser rutinarias para volverse profundas, cargadas de un dolor que ella no lograba nombrar del todo. Había estado ahí, día y noche, sin irse ni un minuto: le limpió las heridas, le rezó, le contó las noticias del pueblo, esperó cada respiro... y aun así sentía que lo tenía al lado, pero lejos.

Una tarde, mientras le acomodaba las almohadas, le dijo con la voz rota:

— Estuve aquí todo el tiempo, León. Te cuidé como pude, te esperé... pero siento que tu mente y tu corazón están en cualquier otro lugar, no aquí conmigo. ¿En qué pensás todo el tiempo? ¿Qué te pasa que ya no sos el mismo?

Él bajó la mirada hacia sus manos, todavía llenas de cicatrices y moretones. Sabía que no podía decirle la verdad entera, pero tampoco podía seguir fingiendo que todo seguía igual. La mentira le pesaba más que cualquier culpa.

— El accidente me hizo ver todo de otra forma, Romina —le respondió muy despacio, con una suavidad que dolía más que un grito—. Vi cuán frágil es la vida, y nada se siente igual ya. Estoy cansado, y hay cosas que no sé explicar todavía.

Esa respuesta le abrió los ojos: algo se había roto entre los dos, algo que no se arreglaba solo con cuidados. Desde entonces se instalaron los silencios largos, las miradas que se evitaban, la sensación de que un muro invisible y duro se había levantado en medio de su casa.

Y en mi hogar la distancia también se hacía insoportable. Marcos veía cómo pasaba las horas mirando el teléfono, cómo me alejaba de todo lo que antes nos unía, cómo mi sonrisa ya no llegaba a los ojos. Una noche, cuando las niñas ya dormían, se acercó a mí y me tomó suavemente de los hombros, con una tristeza que me atravesó:

— Valeria, yo te quiero y te respeto más que a nada... pero siento que te estoy perdiendo, y no sé por qué. Decime qué pasa, aunque sea lo más difícil del mundo. No quiero vivir así, sin saber quién está al lado mío.

Sentí que se me partía el pecho en mil pedazos. No podía contarle todo, pero tampoco quería seguir engañándolo como si nada.

— Cambiaron muchas cosas, Marcos —le dije llorando, mirándolo a los ojos—. Yo también cambié. Hay sentimientos que no puedo controlar, que no busqué... y me duele en el alma lastimarte así. No quiero hacerte daño, pero tampoco puedo ser quien era antes.




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