Andalucía en el Alma

SEGUNDA PARTE: LO QUE EL TIEMPO TRAJO CAPÍTULO 23 — El peso de la ausencia

Los meses pasaron, pero no como páginas que se pasan de golpe: cada día pesaba, cada recuerdo asomaba en los rincones. Valeria seguía con sus niñas, pero la casa se sentía demasiado silenciosa, demasiado llena de lo que no estaba. Por las noches, al acostarse, a veces agarraba el teléfono con la mano temblando… y lo volvía a dejar sin tocar.
Una tarde se encontró con Marcos, y por primera vez hablaron sin gritos, sin rencor, solo con el cansancio en la voz:
— Sé que te duele —le dijo él, mirando al suelo—. Pero yo también perdí algo ese día: a mi amigo, y a la mujer que creía conocer.
— Yo no quise romper nada —respondió ella con lágrimas en los ojos—. Solo quise dejar de fingir que estaba viva.
— Y León… él también sufre —dijo él bajito—. Pero el miedo le ganó. No supo elegir sin que le temblaran las piernas.
Del otro lado, León también pasaba sus batallas. En su casa, los silencios con Romina eran más fuertes que cualquier palabra:
— ¿La extrañas, verdad? —le preguntó ella una noche, con voz tranquila pero herida—. No hace falta que mientas más.
— No sé quién soy sin pensar en ella —admitió él, rompiéndose—. Pero no sé cómo irme, ni cómo quedarme. Me siento atrapado entre dos vidas, y no sé cuál es la mía.
Se evitaban en las reuniones comunes, pero bastaba un cruce de miradas para ver que ambos llevaban la misma marca en el alma: el dolor de lo que pudo ser y no fue.




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