Andalucía en el Alma

CAPÍTULO 23 — El eco de la despedida

Esa tarde, después de dejar escrita la carta, sentí como si me hubiera quitado una piedra enorme del pecho, aunque el alma todavía me dolía. No esperé respuesta, ni busqué señales: solo dejé que el viento de Andalucía se llevara mis palabras, sabiendo que llegarían a su corazón cuando Dios quisiera.
Pasaron las semanas. Cada uno siguió su rumbo: yo me dediqué por entero a mis hijas, a recomponer mi hogar y a escribir todo lo que no se dijo. León siguió su camino, guardando silencio, construyendo su propia paz. A veces, al cruzar una calle o ver una moto igual a la suya, se me llenaban los ojos, pero ya no con angustia: con gratitud. Sabía que el silencio entre nosotros no era vacío, sino respeto.
Y mientras el tiempo corría, sin saberlo, la vida ya tenía preparado un regalo que cambiaría todo nuevamente.




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