Andalucía en el Alma

CAPÍTULO 24 — Una noticia que lo cambia todo

Unas semanas después, las dudas se volvieron certeza. No era solo cansancio, ni sueño: algo nuevo crecía dentro de mí, un latido pequeño, inesperado, fruto de esos últimos días en que el amor se desbordó sin medidas.
Me senté en la orilla del mar, el mismo que nos vio reír y llorar, y lo acepté con el corazón en la mano. No era un error, ni una carga: era una señal, un pedacito de lo que vivimos, que Dios ponía en mi camino para enseñarme aún más. Pensé en León, en cómo reaccionaría, en si el destino nos daría tiempo para decírselo. Pero también entendí que primero debía sanar yo, y dejar que las cosas sucedieran en su momento justo.
Ese pequeño latido no me llenó de miedo: me llenó de fuerzas. Sabía que no estaba sola, que Dios cuidaba de nosotros dos.




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