Andalucía en el Alma

CAPÍTULO 26 — El milagro que se llamaría Natanael

Las semanas pasaron y lo que al principio parecía duda se volvió certeza: una nueva vida crecía dentro de mí, fruto de esos últimos días en que el amor se desbordó sin reservas. No fue un susto, sino una sorpresa que Dios puso en mi camino, un regalo inesperado que llevaría el nombre de Natanael: "Dios ha oído", como una señal de que nada se le escapa al cielo.
Cuidé cada día con paciencia, acompañada de mis niñas, que ya adivinaban que pronto tendrían un hermanito más. Seguí construyendo mi paz junto a mi esposo, caminando cada uno por el rumbo que habíamos elegido. Sabía que León seguía su vida, al lado de quien ahora compartía su día a día, y respeté cada paso que él daba, igual que yo respetaba el mío. No sabía cuándo ni cómo se lo contaría, pero guardé la noticia en el corazón, esperando el momento justo.




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