Andrómeda

Capitulo 6 ✔️

Termino de revisar algunos documentos de política exterior que me ha pedido la embajada francesa, porque son mis jefes. Somos un grupo de cuatro embajadores, dos nativos franceses y dos americanos, un grupo pequeño pero eficiente que comprueba las relaciones entre nuestras países, ya sea con papeles, documentos o conferencias en inglés o en francés.

Cuando empecé a trabajar para el gobierno quise ser del grupo de embajadores alemanes, había estudiado por más años el idioma pero no fue lo que pensé y solo hacía una sustitución, pero me sirvió para que mi anterior jefe me recomendará para ser del grupo de embajadores franceses y ahora tengo mi plaza fija, no tengo problemas financieros ya que este es un trabajo muy bien pagado y para rematar me encanta. La única pega es que debo viajar una vez al mes, mínimo, es algo que debes hacer,lo hacemos los cuatro para diversos eventos o reuniones convocadas por el gobierno francés.

El año pasado en el mes de junio tuve que viajar tres veces a Francia por lo que opté por quedarme allí hasta agosto y claro que me lleve a Andrómeda aunque a penas tenía un año de edad, debo decir que mi hija se robo el corazón de mis compañeros esos meses que pasos allí, todos la adoraban pero cómo no adorar a mi niña.

- Ana.- me llama una de las chicas francesas y mi jefa, Paullete.- Mandame el informe sobre esas noticias que has leído hoy.- es mi jefa.

- ¿En francés o en inglés?

- ¿En ambos idiomas?- me sonríe.

- Claro, así tu practicas el mío y yo el vuestro.- ella ensancha su sonrisa.

- Exactamente.- termina de recoger las cosas.- Nos vemos el lunes, trae a Andrómeda.- me pide con una mueca tierna en su boca.

- Tiene escuela.- le digo mientras río.- Intentaré traerla algún día de la semana, te lo prometo.

Yo también termino de recoger mis cosas, siempre tengo la sensación de que llevo más de lo que necesito.

Le mando un mensaje a la madre de Cloe para que recuerde que hoy Andrómeda se va con ella para jugar con su hija, me alegra que tener una amiga mamá de una amiga de mi hija, mis “amigas”, si es que así se les pueden llamar, me dejaron tirada cuando supieron de mi inesperado embarazo con un hombre desconocido, y se de una fuente fiable que fueron ellas las que expandieron el rumor de que mi pequeña princesa era hija de un pobretón, que de haberlo sido así tampoco era algo de lo que avergonzarse pero en los círculos por los que me muevo es alto pecado, puro clasismo.

Subo al coche suspirando, mi padre y mi madre querían hablar hoy con urgencia conmigo, según ellos es una reunión que cambiara mi vida, como no vayan a decirme que han conseguido que mi abuelo me eche de casa, no sé que es lo que pueda hacerles tanta ilusión.

Mentiría al decir que no estoy nerviosa porque nunca sé que puedo esperar de que mis padres estén especialmente felices y de que no hayan discutido ni una sola vez conmigo esta semana, incluso mi hermano Brandon parece fascinado por la actitud calmada de nuestros padres, no es que tengamos la mejor relación pero tampoco la peor y le gusta estar con Andrómeda, además, no pregunta por la identidad de su padre lo que me tranquiliza.

Después de veinte minutos dentro del coche dándole vueltas a que es eso que puede tener tan emocionados a mis padres, me resigno, enciendo el coche y voy despacio a mi casa, tan despacio que un par de personas me pitan para que acelere, y lo hago porque odio cuando me ralentizan a mi.

Paro en un semáforo cercano a mi casa y vuelvo a tomar mucho aire hasta llenar por completo la capacidad de mis pulmones, luego lo expulso y me pongo en marcha al ver la luz verde que me permite el paso sin atropellar a ningún peatón.

Al llegar a casa todavía faltan diez minutos para la hora que mis padres establecieron para decirme eso que tanto los emociona así que subo las escaleras para saludar a mi abuelo pero al entrar a su cuarto no está.

- El señor Francis está con sus padres, su hermano y unas personas reunidas en el despacho de su padre.- me informa Caleb.- La están esperando.- termina.

- Gracias Caleb.

- De nada señorita.

Bajo porque la habitación de mi abuelo está en la tercera planta mientras que el despacho de papá está en la segunda. Me duelen los pies de los tacones y agradezco que hoy me he dejado el pelo suelto y no lo llevo en un moño apretado como suelo llevar, sino también me dolería la cabeza por llevarlo tan estirado.

Toco la puerta porque aunque estén esperándome es de mala educación no llamar antes, pueden estar hablando de algo que no quieren que yo sepa y no me gusta absoluto oír como me critican o ver malas caras por haber entrado en el momento equivocado.

La voz de mi padre me da el pase y como si fuera a cámara lenta voy abriendo la puerta.

A los primeros que veo son a mis padres, luego veo a mi abuelo y a mi hermano que evitan mis ojos, veo a un señor de la edad de mi padre o algo mayor y reparo en la presencia de una chica menuda y castaña con los ojos del mismo color miel de mi hija y entonces me topo con él.

Lo hago enserio, sus ojos no brillan como ese día, no parece que se haya tirado llorando dos horas, ni tampoco está borracho y yo menos todavía, creí que su presencia no me afectaría, no cuando lo había visto infinidad de veces por la televisión, estaba acostumbrada a verlo de lejos pero no estaba preparada para encararlo de nuevo.

Intento que no se note mi consternación por verlo, él puede quitármela, él puede saber la verdad de lo que pasó esa noche, jamás iba a volver a verlo, no puedo creer que esté delante de mi.

Vuelvo a mirar a mis padres mientras que siento como me va faltando el aire poco a poco, no puedo creer que esto en verdad esté pasando, no a mi, no es nada justo.

Vuelvo de nuevo mi mirada hacía él y veo como sus ojos se abren de forma desmesurada, peor que encontrármelo es que me recuerde, en mi interior todavía albergaba la posibilidad de que él estuviera tan borracho que no fuera capaz de recordarme, pero viendo su reacción esa opción queda directamente descartada.




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