Andrómeda

Capítulo 39 ✔️

Rodrigo me quita por fin los puntos del estómago y los tubitos pequeños de la nariz, ya estaba deseando que este día llegara y por fin lo hace, soy libre, por fin puedo irme de este hospital, casi un mes después de ingresarme por fin me dan el alta y no puedo estar más feliz, la mejor sensación del mundo es ser libre, libertad por fin, ansiada y divina libertad.

Sé que todavía me queda una larga recuperación, ya no tanto física sino más bien psicológico, es difícil asimilar toda la situación. A veces todavía creo que estoy encerrada en la habitación, y las pesadillas son horribles. Pero con tiempo y ayuda de seguro sano.

Bajo con cuidado de la camilla y Rodrigo me sonríe, le devuelvo la sonrisa y con cuidado ando hasta donde mi prometido y mi hija me esperan, al verme ambos sonríen y yo me siento plena, hice una buena elección al querer quedarme, de haberme ido hubiera echado de menos esto, a ellos, a mi misma siendo feliz, solo podría ver como lloran, avanzan y me olvidan, escogí la mejor de las opciones.

- ¿Vamos a casa?- dice agarrando mi mano.

- Creo que papá primero tiene que pasar por el despacho pero después vamos a casa.- le sonrío.

Jackson me sonríe y me da un pequeño beso que tiene a nuestra hija chillando de la emoción, temo que de mayor sea tan romántica, y lo temo porque a alguien tan pura como ella podrían romperle el corazón y no quiero que nadie rompa el lindo corazón de mi hermosa princesa.

Andrómeda nos agarra una mano a cada uno y salimos del hospital, todavía no estoy al cien por cien pero tras una semana de reposo, más las dos que estuve en coma, me encuentro bastante bien, con algo de fatiga pero bastante bien para haber tenido un accidente de coche y haber sido empalado por una rama de árbol.

- Jackson.- él me mira de inmediato.- ¿Qué ha pasado con la escuela de Andrómeda?

- La inscribí en otra y denuncié a la anterior.- dice con un tono serio pero con una sonrisa.- ¿Hice bien?- pregunta al ver que no contesto nada.

- Me parece perfecto, ellos no debieron dar a nuestra hija a ningún extraño.- digo molesta, todavía no puedo creer que eso pasara, los rumores de que yo era una puta con una bastarda sonaban hasta en las paredes de la escuela, así que no entiendo como pudieron cometer tal error, no creo que en realidad fuera uno.

- No arrugues la frente, todo está resuelto.- dice para tranquilizarme, aunque ambos sabemos que Eliza sigue suelta y no todo está resuelto.

Entramos al coche y escuchamos las historias que Andrómeda crea en su mente, es divertido escucharla tan emocionada por cosas que no pasan y no pasarán en un futuro cercano de eso podemos estar completamente seguros, no por nada sino porque en su mayoría son fantasías sobre reinos lejanos sin descubrir y princesas encantadas a las que un dragón debe rescatar y si, un dragón y no un príncipe porque mi hija no quiere que el humano rescate a la princesa, quiere que sea el gran animal feroz y escupe fuego el que rescate a la bella dama de quien sea la tenga atrapada, a veces es una bruja malvada y otras el propio príncipe, debo reconocer que Andrómeda tiene una imaginación increíble y una inocencia muy típica de su edad.

- Mami.

- Dime princesa.

- Papá ha quitado las cosas de tu habitación.- la miro confusa y me giro para ver a Jackson que aprieta el volante con fuerza.

- Eso era una sorpresa Andrómeda.

- Ups, lo siento papi.- dice con inocencia pero dudo que lo sienta, nuestra hija es muy inteligente lo ha hecho aposta.

- ¿Qué quiere decir nuestra hija Jackson?- pregunto como lo hacen los policías en las películas.

- Eres mi mujer, vas a dormir en mi cama, en mi cuarto, conmigo.- declara al fin.

- ¿Qué te he hecho creer eso?- inquiero con una sonrisa traviesa y una mirada suspicaz, él por el contrario aprieta los labios con fuerza y se mira nervioso.- ¿Quién sabe cuantas mujeres han pasado por esa cama?- él jadea sorprendido.

- Ninguna, las llevaba a hoteles.- levanto la ceja porque sé que Margot estuvo en la casa y él sabe que yo soy consciente de esa información.- Margot venía a mi casa cuando yo no quería ir al trabajo y era mi secretaria desde allí pero jamás la dejé entrar en mi cuarto ni hice nada sexual con ella en la casa, lo juro por nuestra hija.- dice rápido y aterrado por que no lo crea.

- Lo sé Jackson, solo quería ser un poco malvada.- me río y él mira al frente indignado.- Dormiré contigo pero todavía estoy débil así no haremos lo que hicimos para procrear a Andrómeda.

- Ya veremos.- me tienta pero él no sabe que yo soy la reina de la abstinencia, la perseverancia y paciencia, he estado sin sexo más de tres años, un poco más no va a matarme.- Seguro puedo hacerte cambiar de opinión para que juegues un poco conmigo, soy persistente y tengo mucho encanto.

- ¿Mamá no quiere jugar contigo?- sonrío cuando veo el rostro de Jackson colorado, estamos en igualdad de condiciones por primera vez, estaba tan puesta en esta conversación que me había olvidado por completo de la presencia de Andrómeda.

- No pero seguro la convenzo.- debo reconocer que tiene mucha seguridad en si mismo, seguridad que me encantaría tener para amar por completo mi cuerpo al que solo se le suman imperfecciones.

- Seguro.- lo alienta nuestra hija y él ríe como el cabrón que es por lo que yo le doy un golpe leve en el brazo.

Jackson aparca el coche en su reservado y bajamos para entrar al edificio seguidos de mis guardaespaldas y de los suyos, ya no son dos ahora tengo cuatro y él solo uno, esto no es para nada justo y me siento abrumada con tanta gente a mi alrededor pero de nada sirve quejarme porque los dos nuevos no los ha puesto él sino el paranoico de Lukas, dice que no me los quitará hasta encontrar a la rata de Eliza, lo que significa que voy a pasar una buena temporada con estos señores y mi poca paciencia para los adultos, esto va a acabar en tragedia puedo asegurarlo.




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