Resulta que cuando yo todavía vivía en Alemania, se me tenía restringido salir a libertad por el tema de la policía; ya que, por medio del mismo juzgado es que había sido posible que Floy se quedara con mi permiso de cuido. Los policías la visitaban para interrogarla y hablaban conmigo también. Dependiendo de esas entrevistas, cada cierto tiempo renovaban el permiso para Floy, en vez de dárselo a mi abuela materna u algunos de mis familiares en la cuidad de Rosenheim.
A pesar de que los policías no podían encontrar manera de inculparme directamente, le recomendaban a Floy que yo no saliera, para evitar que yo fuera a herir a alguien o que me fuera a hacer daño a mí mismo. ¿Por qué? Porque según testimonio de los vecinos y el equipo de policía yo era “un niño con trastornos mentales y físicos”.
Me acostumbraron a estar encerrado, recibía tutorías de la escuela y visitas del médico directamente en la casa. Sí, obvio que sí; me escapé varias veces.
En una de esas tantas fui a dar a una tienda de música y películas en el centro del pueblo a horas de la tarde, cuando Floy y Dorothy habían salido a comprar para la alacena.
En ese tiempo y hasta hace unos años atrás, las ventas de música ofrecían al cliente el uso de unas singulares consolas reproductoras, similares a una rockola, pero digitales, que le permitían al cliente una vista previa de los discos, libros o películas disponibles en la tienda.
Sonaba un preview de Facelift, de Alice in Chains. Específicamente Man in the box; yo seguía a Layne con un inglés poco decente:
Feel my eyes, can you see them shut?
Jesus Christ, deny your maker
He who tries, will be wasted
Feel my eyes now you've saw them shut
—Él dice “Feed" en vez de “Feel” y “Sew” en vez de “See”
—Bueno, —pronuncié quitándome los audífonos— no soy muy ágil en inglés.
—Pero sí cantando. Se ve que tienes buena voz.
Uno de los tipos de la tienda se me había acercado y estaba arrecostado encima de la máquina.
—¿Cómo te llamas? —pronunció otro tipo en el mostrador— necesito un cantante para una banda que quiero…
—Ignóralo, esa banda es una porquería. Yo soy Conrad.
—Maldita sea Conrad, no era tan mala idea al principio —exclamó indignado para luego dirigirme de nuevo la palabra— yo soy baterista.
—Ese es Bavol, y sí, su banda es una porquería.
—Yo soy Roth. Roth Kay.
—¿Roth? Que nombre tan raro.
Salió un tercer chico más joven que los otros dos, con unas cajas de DVD en los brazos.
—La banda se llama Bubones tóxicos y cantamos—
—¿Bubones tóxicos...? —repetí para mí mismo.
—Oigan, llevo como 10 minutos llamándolos porque está caja se está desarmando y se van a salir los…—pronunció el más joven molesto.
—Ellos dicen que tocan Death Metal, pero suenan fatal —concluyó Conrad.
Bavol se salió del mostrador y se nos acercó a mí y a Conrad, al otro chico se le desfondo la caja que traía en los brazos y todos los DVD se le fueron al piso en cuestión de segundos.
—La banda tiene potencial, solo falta explotarlo con los talentos correctos —discutía Bavol.
—Lo único que hace falta es que se callen y dejen de tocar —continuaba Conrad.
—¡Oigan! ¿No están viendo que se me fue toda la porquería al suelo y los dos…!?
Me acerqué al tipo que estaba sólo y recogí algunos DVD por él mientras Conrad y Bavol continuaban discutiendo.
—Pero Roth, ¿Roth verdad? ¿tú tocas algún instrumento o estás interesado? Yo te puedo enseñar, y la banda siempre va a estar disponible si a ti te interesa.
—Cállate Bavol, mejor ven y me ayudas, tengo que dejar esto listo antes de cerrar.
—¿Yo por qué? Eso le toca a Conrad. Yo sólo tengo que cerrar caja hoy.
—No, la caja la cierro yo. Ayúdale a Bruno. —dictó Conrad en tono alto.
Bavol suspiró y se nos acercó a mí y al que ahora podía llamar Bruno. Conrad se fue a la caja.
Conrad era un tipo alto y delgado, de piel blanca con muchos lunares y cabeza rapada. Ojos color celeste; era un Skinhead que guardaba un bate bajo el mostrador por si algún neo-imbécil se atrevía a entrar a la tienda.
Bavol tenía el pelo más largo entre los tres y lo usaba desarreglado, era rubio y lacio de ojos grises. Andaba puesta una camiseta de Bathory y tenía varios brazaletes en ambos brazos.
Bruno, por último, era el más joven a simple vista y también el más pequeño entre los tres; tenía el pelo por encima de los hombros y era ondulado y café oscuro, ojos color miel.
—¿De qué hablaban cuando estaba en la bodega? ¿te gusta algún disco? Tenemos promociones hasta el viernes.
—Bruno, es que él se puso a cantar una canción de Alice. Sonaba muy bien; le estaba ofreciendo un lugar en mi banda.
—Eso no me explica nada, pero, está bien.
—¿A qué hora cierran? Pensé que había llegado temprano.
—Salimos a las 3:30, los tres tenemos el mismo horario —contestó Conrad— Pero, si no te has decidido te guardamos el disco, y vienes por él mañana.
—Oh, entiendo. Pensé que iban a cerrar más tarde, ¿no hay nadie en la noche?
—No todavía, y sinceramente no creo que muy pronto.
Bavol rio en silencio.
—Bueno Roth, hasta mañana si es que vuelves a venir. Un gusto. —Conrad recogió sus cosas y se fue.
—Bruno, ¿ocupas ayuda con el inventario de esos DVD? —preguntó Bavol.
—No, solo necesito acomodarlos, ya están en lista.
—Perfecto, ¡hasta mañana entonces! Y mucho gusto Roth, piensa en lo que te ofrecí. Mañana te traigo un demo para que nos escuches.
—Oye, pero…
Bavol se fue también y quedó Bruno solo.
—Bueno, estaba pensando que tal vez sí me pueden guardar Facelift. No hay problema, ¿verdad? Yo vengo mañana si puedo —le dije a Bruno.
—Oye, no te vayas, ¿no quieres ver alguna otra cosa mientras yo termino de acomodar los DVD? Tenemos promociones en libros también y en vinilos. Hay casetes en liquidación y nos llegaron unos Discman nuevos.