Ese mismo día cuando ya estaba en casa y Floy había llegado, me acerqué para hablarle y contarle que había hecho unos amigos. Me miró asustada y me preguntó dónde; le dije que los había visto pasar frente a la casa un par de veces, y que se me habían acercado a hablar.
No entiendo por qué siempre he sido tan innecesariamente mentiroso; ella siempre confiaba en mí, y sé que, aunque le hubiera dicho la verdad no se hubiera molestado. Para ser francos, ella también creía que era una crueldad que yo no pudiera salir como si estuviera en arresto domiciliario.
Volví al día siguiente por el disco, cerrando la puerta de mi cuarto para que Dorothy no la abriera si llegaba de la escuela, y para que Floy no se diera cuenta si llegaba del trabajo.
Me encontré a los tres chicos nuevos conversando cabeza a cabeza en el mostrador de la tienda.
—¡Ey Roth! Viniste temprano hoy —saludó Bavol.
—Quería asegurarme de llegar con tiempo. Voy a llevarme Facelift.
—Buena elección. Son 5 marcos —respondió Conrad mientras se levantaba para ir por el CD.
—Roth, ¿pudiste pensar en lo de la banda? —preguntó Bavol.
—Eh sí, pero, creo que no puedo ahora. Perdón —respondí distraído sacando el dinero de mi bolsa.
—Yo te dije que no se iba a unir a esa banda. No tiene tan mal gusto —concluyó Conrad entregándome el CD en la mano.
Bavol torció la vista.
—Bueno, igual le traje el demo. ¡Porque ni siquiera nos ha escuchado como para que diga que no le gustó! —le gritó a Conrad.
—Gracias Bavol. Voy a escucharlo en la casa.
Bavol asintió con una sonrisa, agregando otro cd a la bolsa que Bruno me regaló para la compra.
—Bueno Roth, entonces dime ¿qué otras cosas te gustan aparte del grunge? —preguntó Conrad.
Estuvimos un rato hablando de cosas en general, la gente llegaba y se iba.
Llegó una pareja con un par de niños a la tienda preguntando por unos VHS, cuando vieron que yo estaba ahí con los chicos, la madre agarró a los niños de los brazos y se apartaron. Le dijo a su esposo en una voz baja pero audible: “Creí que se lo habían llevado a un internado o algo”.
—¿No se llevan los VHS entonces? Hay promociones hasta el viernes —insistió Bruno.
—¿Estaban hablando de ti, Roth? —preguntó Conrad cuando salieron de la tienda.
Asentí.
—Y… ¿Se puede saber a qué vino eso? Conrad y yo podemos ir a patearles el carro si quieres. Y Bruno también. Los tres.
—Déjenlo así, no es nada. Es que mi familia no se llevaba bien con los vecinos.
—Ah bueno, okey…
—Oigan, se me olvidó contarles algo. Le mencioné a Roth lo de la bodega y él dice que nos puede ayudar —interrumpió Bruno.
—¿Es en serio Roth?
—Bueno, no puedo garantizar nada, pero, podría intentar. ¿Tienen una cámara que no esté sellada que pueda utilizar para tomar fotografías?
Conrad me llevó a la bodega y me entregó una de las cámaras de rollo que tenían en oferta.
La bodega no era tan grande realmente, sólo estaba muy vacía por toda la liquidación que llevaban haciendo esos días.
—Toda tuya.
Los tres se quedaron detrás mío a ver qué hacía yo. Localicé el interruptor de la luz.
—¿Cuántas fotos tiene el rollo?
—El que le puse es de 60.
—Ayúdenme a apagar y encender la luz. Yo les aviso. Conrad, cuéntame qué fue lo que pasó.
—¿Bruno no te contó todo?
—No importa, repíteme todo lo que recuerdes. Ayúdame con la luz y quédense uno de los otros dos en el mostrador por si viene alguien.
Con todos en sus respectivas posiciones, comencé a tomar fotografías.
—Bueno, Blaz había conseguido un tablero de Ouija de entre las pertenencias de los dueños anteriores y dijo que quería probarlo. Discutimos mucho tiempo sobre el lugar en el que lo podíamos usar.
» Yo nunca había creído en nada, pero, Blaz y Dagna eran supersticiosos; no queríamos ir a ninguna de las 3 casas, así que quedamos de jugar en la tienda cuando el turno terminara. Ellos dos trabajaban en este horario, yo entraba dos horas antes de que ellos se fueran. Cerraba la tienda a las nueve.
Conrad apagaba y encendía la luz lentamente mientras yo tomaba fotos al azar por la bodega, él hablaba con voz agitada.
—Al principio no había nada, no hubo nunca nada hasta días después. La plancha nunca se movió ¡En serio!; pero, un día llamaron a Blaz desde la bodega…Roth, ¡eso no es un ser humano!
» Tiene una voz que suena fingida, y no suena normal, suena… suena como cuando un loro imita la voz de alguien. Ellos pronuncian las palabras bien porque imitan el sonido, pero no suenan como una persona por más que lo intenten.
La voz de Conrad se empezó a quebrar, yo cerré el lente de la cámara un momento.
—Blaz nos dijo que teníamos que hablar con eso y decirle que se fuera y despedirnos con el tablero, ¿cómo nos íbamos a despedir de algo que nunca nos había saludado?
Hacía frío en la bodega, el aire acondicionado estaba apagado.
—Él se encerraba en la bodega y hablaba y le pedía que se fuera, que no queríamos interactuar con él; se oían silbidos, silbaba canciones cuando él hablaba. Cómo burlándose, ignorándolo. Los loros hacen eso, ¿verdad Roth?
—Muchas aves lo hacen; los cuervos, los sinsajos, los minás y algunos otros.
—¿Silbar?
—No sólo silbar, también imitar a la gente. ¿Qué canciones silbaba?
—No sé, a veces era un silbido muy largo y muy agudo, casi como un chirrido; también canciones que sonaban en la tienda cuando poníamos música en los parlantes.
—¿Todavía tienen el tablero?
—Sí. Creo que está en el armario.
Conrad quitó la mano del interruptor para señalarme el armario. Lo abrí y la luz comenzó a tintinear.
—...Roth…
—¿Qué?
—...Ahí está… sal de la bodega, por favor... ¡¡¡Sal ya!!! —gritó frenético.
Di dos pasos hacia adelante y la puerta se cerró en mi cara.
Tenía la tabla en la mano.
—Entonces, te gusta silbar, ¿verdad? Yo a veces canto.