—Ahora que lo pienso, Joseph, yo sí tenía un amigo cercano; es sólo que no lo veo hace ya bastantes años.
Yo había hablado con Floy varias veces respecto a diferentes sueños, sensaciones y experiencias que había tenido. Le dije, por ejemplo, que había visto a un hombre muy alto en mi cuarto un día de esos. Que no era una sombra porque su figura estaba muy definida, pero qué, por alguna razón, su presencia no me asustaba.
Parece que en cierta forma la Señora Floy sabía más de estas cosas de lo que yo creía.
—¿Has intentado hablar con ese hombre?, podría ser tu ángel de la guarda.
—¿Un ángel de la guarda puede tener cornamenta?
—¿Por qué no? Tú dijiste que no le tenías miedo.
—No lo sé. ¿Y por qué mi ángel de la guarda?
—Tal vez… Te estaba protegiendo de algo a lo que sí le hubieras temido.
Pensé inmediatamente en lo de la bodega en la tienda, pero, me quedé callado.
—¿Han venido a visitarte tus amigos estos días? No me molestaría que los dejaras entrar siempre y cuando se queden en la sala o el jardín y no vayan a tocar el equipo de trabajo de Fred.
—No lo sé, ¿qué podrían venir a hacer aquí adentro?
—Supongo que hablar contigo, como siempre lo hacen, ¿no?
Siempre confíe en Floy, no termino de entender por qué le mentía.
Un día la encontré hablando con la oficial Schulz, una de los varios policías que llegaban a interrogarnos a veces, me quedé quieto cerca de las escaleras para escuchar todo lo que le narraba.
—Desde que la conozco había sido una mujer abusiva. Yo estaba en el mismo club de lectura que ella, y a veces nos reuníamos en la casa de alguno de los miembros en vez de la biblioteca.
» Ese día había tocado la casa de ella. Estábamos haciendo la lectura de Corazón Delator y se escuchó mucho ruido de arriba, creo que Roth estaba viendo una película en el televisor y algo se cayó y se rompió, supongo.
» Alice subió las gradas, muy molesta, y con un paso que hacía vibrar el techo del primer piso, se escuchaba desde la sala gritándole a Roth.
“¿¡Qué estás haciendo infeliz!? ¿acaso no ves que estoy ocupada? ¿no puedes dejar de romper cosas un segundo, maldito imbécil?”
» Se escucharon unos golpes en seco, nosotras nos veíamos las unas a las otras en completo silencio.
“Estaba viendo una película, pero, el …”
“No, no me interesa. Sal de mí maldito cuarto y cierra el hocico”.
» Él le pidió perdón y le preguntó si podía salir al jardín. Ella le dijo que sí. ¿Por qué razón tenía que pedirle permiso para salir al condenado jardín de su propia casa?
» Alice volvió, se sentó y nos pidió que retomáramos la lectura. Roth tomó algo en la cocina y se lo iba a llevar, Alice volvió a gritarle desde el sillón para que lo devolviera. Yo quise actuar de inmediato, cuando Roth estaba por salir de la casa y pasó a nuestro lado lo tomé del brazo.
“Roth, hice una bandeja de sándwiches para el club, pero, sobraron algunos, ¿quieres?”
» Roth inmediatamente vuelve a ver a Alice, como esperando alguna respuesta de ella, pero yo le insisto.
“Roth, mírame, te estoy hablando a ti. ¿Quieres un par?”
» Roth asintió. Le puse los sándwiches en la mano y salió casi corriendo. Alice me tenía la mirada clavada y no estaba contenta.
» Siempre me pareció interesante que Alice y Roth tuvieran los mismos ojos, aunque se veían diferentes, porque la mirada de Alice estaba llena de odio y de ira. La de Roth, de tristeza.»
Floy estaba limpiándose las lágrimas, la oficial tomaba notas sin perderla de vista.
—Él es un niño triste, y yo estoy haciendo todo lo posible para que eso cambie; es difícil, pienso que él debe sentirse solo todo el tiempo.
No me gustaba ver a Floy llorar, sentía que ya era demasiada carga para ella, como para, además, tener que hacerla sentir culpable de algo que evidentemente no tendría el poder de controlar.
Aquello que me habló tenía razón, y había escupido ácido en una de mis heridas más profundas. Yo siempre me siento solo, me siento como una carga y no como un apoyo.
Ni siquiera aquella figura en mi cuarto me hacía llenar el vacío de compañía, pero, como Floy me lo mencionó, intenté hablar.
—Entonces —pronuncié entre la densa oscuridad del cuarto— era un silbido para sí y dos para no... Aunque creo que sí estoy en lo correcto, tú eras el que me hablaba y no el que silbaba, ¿cierto?
No hubo respuesta.
—¿No me vas a responder?
Me quedé inmóvil unos diez minutos y finalmente perdí la paciencia; me recosté de lado contra la pared e intenté dormir, pero, inmediatamente como hablándome al oído con una voz gutural y severa, pronunció:
—Yo no silbo.
Me levanté de golpe y me senté en la cama.
—¿Qué dijiste? Repítelo por favor.
Hubo otro silencio profundo.
—Si no fuiste tú el que silbó, ¿quién es?
» ¿Puedo saber tu nombre? —insistí.
Comencé a sentirme muy cansado, como cuando uno tiene tanto sueño que los párpados se caen sin poder controlarlo, no escuché ninguna otra respuesta hasta que me quedé dormido.
Tuve un sueño ese día. Desperté en la sala de una casa. Una casa pequeña y sin muebles, además de un espejo en una pared y una fotografía mía. La imagen pertenecía a una serie de fotografías que mis padres habían tomado cuando Josef aún estaba vivo; me sorprendió ver esa fotografía, pues estaba casi seguro de que Alice me había recortado de casi todas las que había en la casa, y esos recortes se habían desechado.
Al fondo de este cuarto se veía un buque, ese buque me dirigía a un pasillo con una puerta. Había otro acceso a un lado de la sala, ese daba a la cocina y lavandería. La puerta principal estaba con llave, la iluminación era roja, un tono muy profundo como los cuartos de revelado de fotografía.
Como la puerta principal estaba con llave, caminé hasta la puerta del pasillo. Giré la manilla.
—No vas a tocar esa puerta. Quita la mano de ahí.